El periodista Diego Cabot declaró como testigo que recibió ocho cuadernos de manos de un allegado a Oscar Centeno y que, a medida que avanzaba en la investigación, se afianzaba su convicción sobre la veracidad de su contenido. Tras responder a la querella, continúa ahora con las preguntas de las defensas de los imputados.
Diego Cabot, el periodista que puso en marcha la causa Cuadernos, declara ante el Tribunal Oral Criminal Federal 7 como testigo en el juicio oral que tiene entre sus principales acusados a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner por una presunta trama de corrupción de empresarios y funcionarios.
Interrogado por la fiscal Fabiana León, Cabot reconstruyó con precisión el origen de la investigación: cómo llegaron los cuadernos a sus manos, qué hizo con ellos, por qué decidió no publicarlos de inmediato y en qué circunstancias terminó haciendo la denuncia ante la fiscalía de Carlos Stornelli. La declaración continúa con las preguntas de las defensas de los imputados.
En enero de 2018 Cabot era editor de Economía en La Nación cuando un vecino del barrio de Belgrano, Jorge Bacigaluppo, al que conocía porque era lector de sus libros y sus columnas, le entregó en su domicilio una caja cerrada con cinta de embalar donde había ocho cuadernos, algunas facturas y varios DVDs.
Bacigaluppo le explicó que la caja pertenecía a un amigo suyo, Oscar Centeno, ex chofer del Ministerio de Planificación Federal, que la había dejado en su poder porque temía un allanamiento en su casa a raíz de que su ex mujer, Hilda Horowitz, se había presentado a declarar en la causa “Gas licuado”, donde se juzgaba entre otros a Julio De Vido y Roberto Baratta, señalando que él había sido su empleado.
Centeno había trasladado durante años a funcionarios como Roberto Baratta -mano derecha del entonces ministro Julio De Vido- y en esos cuadernos anotaba cada viaje con un nivel de detalle inusual: días, horarios, domicilios de origen y destino, itinerario, kilometraje, tiempo de espera.

Durante semanas, Cabot trabajó en soledad con el material, pero luego convocó a dos periodistas para armar una base de datos en Excel con absolutamente todo el contenido de los cuadernos, que cubrían el período 2005-2015; cotejaron las anotaciones con los registros de visitas a la Residencia de Olivos que tiene la ONG Poder Ciudadano y comprobaron que los movimientos registrados por Centeno eran consistentes con los datos públicos disponibles. “Nos fuimos convenciendo de que esas anotaciones eran lo que había pasado”, declaró.
En marzo de 2018, Bacigaluppo le avisó que Centeno quería recuperar los originales. El testigo escribió ese momento como un shock “porque aún quedaba mucho trabajo por hacer”, por eso antes de devolverlos los fotografió a las cinco de la mañana en la redacción del diario La Nación para que nadie lo viera y luego devolvió todo en la misma caja original para que no se advirtiera que habían salido de la custodia de Bacigaluppo.
La decisión de ir a la Justicia en lugar de publicar respondió a un cálculo deliberado: “Si publico ahora, la prueba puede sufrir, ya no tenía los cuadernos y por eso resolví que lo investigara la Justicia”, explicó ante una pregunta de la fiscal Fabiana León.
Cabot se reunió con Carlos Stornelli en un bar del barrio de Núñez, le mostró la información que tenía y el fiscal le sugirió que radicara una denuncia formal ¿Por qué eligió a ese funcionario? Porque lo conocía y también porque era el fiscal del caso por compra de gas licuado, que ya tenía estado público, donde aparecían los mismos personajes que constaban en los cuadernos de Centeno.
Relató que entregó las copias, las fotos y los videos en un pendrive y pidió reserva de identidad. “Les tenía más miedo a los empresarios que a los políticos”, dijo. “Sabía que los políticos me iban a descalificar, iban a decir que todo era falso, son las reglas de juego, pero no podía anticipar cómo iban a reaccionar los empresarios porque a ellos nunca se los denuncia”, agregó.
En octubre de 2019, ya con la causa en pleno desarrollo, alguien -Cabot dijo no saber quién- le entregó en una bolsa seis de los ocho cuadernos originales que retuvo en su poder menos de un día, para terminar dejándolos “en el escritorio del fiscal Stornelli”.
El juicio oral, que se desarrolla ante los jueces Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli, continúa con las preguntas de los defensores de los imputados.
