El sargento retirado que entregó al periodista Diego Cabot los cuadernos escritos por el chofer Oscar Centeno, Oscar Bacigalupo, se definió políticamente ante una pregunta del defensor Enrique Arce, abogado del empresario Mario Rovella.
El letrado consultó al testigo acerca de si tenía cercanía o animosidad con respecto a alguna de las personas enjuiciadas en la causa y respondió: “Todo lo que tenga olor a peronismo me cae como la patada de un burro, pero no de ahora, desde que era joven”.
Interrogado por Enrique Arce acerca de sus dichos en una nota periodística en la que advertía que “el problema no son estos de ahora sino que van a volver si no los paramos”, el testigo refirió que no recordaba exactamente esa entrevista, pero que si estaba filmada, seguramente lo había dicho.
“No. Se me presentó una vez en la vida la posibilidad de accionar contra esa gente”, respondió el testigo cuando la fiscal Fabiana León le preguntó si su rechazo por “determinada postura política” le había impedido decir la verdad cuando fue a declarar ante el juez Claudio Bonadio.
Oscar Bacigalupo volvió a hacer gala de su impaciencia ante las preguntas, al responderle a la defensora Laura Fechino que estaban manteniendo “un diálogo de sordos”. La defensora de Hernán Gómez, ex asesor del Ministerio de Planificación Federal, preguntó insistentemente acerca de si el testigo había preguntado alguna vez al periodista Diego Cabot o al fiscal federal Carlos Stornelli cómo estaba avanzando la causa, por qué era necesario que declarara ante el juez Bonadio y recibió lo que ella consideró “evasivas”.
Fechino pidió que el testigo se retirara para plantearle al presidente del tribunal, Enrique Méndez Signori, que se lo exhortara “a hacer memoria porque sólo contesta que no recuerda, o da respuestas inaceptables”. La abogada reseñó: “Es increíble que si entregó los cuadernos para salvar a la Patria, como dijo, haya pasado meses sin preguntarle a Cabot qué estaba haciendo con las anotaciones, o que haya venido a declarar en el auto de Stornelli sin preguntarle por qué su palabra era importante”.
Pidió la palabra Aníbal Ibarra, defensor del secretario de Néstor Kirchner, Julio Álvarez y manifestó: “Que el testigo ya haya respondido algunas preguntas no debería impedir que se le formularan de nuevo. Ha contestado tres o cuatro veces cosas distintas ante las mismas preguntas, entonces para nosotros es muy importante insistir para saber si esta declaración es veraz”.
Ante preguntas de Ricardo Gil Lavedra, defensor del empresario Armando Loson, Bacigalupo se mostró molesto al ser consultado sobre si su hijo, de quien ya había ratificado que trabaja en la empresa Pampa Energía, tenía relación directa con el titular de la empresa, Marcelo Mindlin.
“Mi hijo no tiene nada que ver con todo esto, ya dije que trabaja ahí pero no puedo saber qué vínculo laboral puede tener con el dueño de la compañía”, subrayó de mal modo Bacigalupo. La pregunta de Gil Lavedra no es inocente: en una causa paralela, la 1031, el testigo está acusado de manipular los cuadernos y de tachar el nombre de Mindlin para sustituirlo por Loson.
Uno de los momentos risueños de la audiencia se produjo cuando el abogado Zenón Ceballos quiso saber de qué hablaron Bacigalupo y el fiscal federal Stornelli en casa del primero antes de ir a declarar el 31 de julio de 2018 ante el juez Bonadío, sospechando que le anticiparon las preguntas que le harían. La respuesta del testigo no se hizo esperar: “El fiscal es un gran admirador de Carlos Gardel, igual que yo, así que estuvimos hablando de eso”.
El tribunal integrado por Enrique Méndez Signori, Germán Castelli y Fernando Canero, investiga una presunta asociación ilícita liderada por Cristina Kirchner y anteriormente por su esposo, en la cual funcionarios públicos habrían cobrado sobornos entre 2003 y 2015 para favorecer a empresarios en la concesión de obras públicas.
