Sueños Compartidos: “Cuando no coimeás ni pagás sobreprecios, la plata sobra”, dijo Sergio Schoklender

El ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo amplió su declaración indagatoria en el juicio por “Sueños compartidos”, defendió su gestión, fustigó a los planes convencionales de vivienda y negó acusaciones formuladas por algunos testigos a lo largo de las audiencias.

Irónico, mordaz y seguro de sí mismo como en cada intervención que tuvo en este juicio donde se lo acusa por presunta malversación de caudales públicos, Sergio Schoklender rechazó las críticas y reivindicó el proyecto de “Sueños compartidos” como “la única obra pública intachable, donde nunca se desvió un centavo y se respetó la lealtad y el sacrificio de los que trabajaron, en un país donde la obra pública significa peajes, coimas y redeterminación de precios”.

Burlonamente respondió a las acusaciones por las embarcaciones y propiedades encontradas a su nombre, presuntamente como resultado de su gestión en la Fundación. “Tengo lanchas y barcos desde 1996, las cambiaba todos los años porque me gusta navegar, me gusta nadar y bucear; tuve muchas empresas, un estudio jurídico importante y, en realidad, mis recursos se fueron en picada con ‘Sueños Compartidos’ porque puse una fortuna en fondos propios”, aseguró.

Schoklender definió a la obra pública como “enormes cajas de corrupción” de grandes empresas, o proyectos de menor envergadura “que se llevaban adelante con organizaciones sociales ‘generalmente truchas, tipo Movimiento Evita’ que recibían fondos incalculables no para resolver problemas sino para contener a la gente; los proyectos de mejoramiento barrial, que nadie comprobaba si se habían usado para cortar el pasto, pintar el cordón, o poner una parada de colectivos en un pueblo”.

Lamentó que algunos testigos hubieran negado la existencia de obras “que están acá, en Capital, que se ven desde la General Paz, tengo las fotos, los videos” o que se hubiese puesto en duda la idoneidad de los profesionales de la Fundación para encarar obras complejas.

En ese punto, Schoklender se permitió ser mordaz: “Cometí el error de querer trabajar en la villa 15 con profesionales comprometidos políticamente y descubrí que a los militantes de izquierda no les gusta trabajar, así que contratamos a ingenieros y aruitectos sin ver qué votaban, a los mejores”.

Defendiéndose de otra testigo que criticó su trabajo en el Chaco, recordó que fue “solito” al barrio donde se iba a construir un complejo de viviendas. “Me rodearon con machetes los matones de Emerenciano Sena que no quería que la gente estuviera bancarizada como nosotros exigíamos, expliqué que estábamos girando el dinero desde Buenos Aires, pero me insultaron, la gente no se animó a enfrentarse con Sena y entonces, a pedido de Capitanich, reasignamos la obra a otro lugar, pero yo denuncié a Sena, a su mujer y a ese grupito por reducción a servidumbre”, sostuvo.

También intentó refutar la acusación por los costos elevados del método de construcción con paneles: “Es muy rápido, es muy eficiente, tiene ventajas estructurales, pero no es barata”.

Aún así, señaló: “Como éramos los mayores compradores de todo, peleábamos los precios con los proveedores, peleábamos los plazos, pero nunca le pagamos un peso de retorno a nadie; en las dos décadas más nefastas de la historia, ‘Sueños Compartidos’ era el proyecto más honesto del país”, aseguró.

A Miriam Aquino, una cooperativista de la villa 15, también lo señaló por desvío de fondos, la calificó como emergente de “una lucha de ellos por quedarse con la representación de sus compañeros y conseguir privilegios entre pobres, eso es lo que les enseñaron a hacer”.

Los contadores de Boudou

Schoklender se lamentó de lo que consideró la destrucción de sueños, proyectos e ideas de enorme contenido social: “Yo tengo el cuero duro, pero acá hay 6500 familias que se quedaron sin trabajo, gente que fue acusada penalmente. Era una oportunidad para todos ellos”.

“¿Y todo para qué?, para que se lo quedaran cuatro vivos, como siempre. Si revisan el fideicomiso van a ver que lo organizaron los contadores de (Amado) Boudou y Hebe firmó”, resumió Schoklender al relatar cómo terminó el programa de viviendas amparado en la Fundación Madres de plaza de Mayo.

“¿Cómo me va? Mal”

Así respondió el ex apoderado de la Fundación al fiscal Diego Velasco, quien quiso saber cómo se decidía quién se quedaba con cada vivienda. “Nosotros nunca las adjudicamos, sí pedíamos un listado con los beneficarios para que no aparecieran al final los amigos del municipio o cuatro matones a quedarse con las casas de la gente, o a venderlas”, dijo.

Consultado sobre cómo los contrataban, explicó que alguien que conocía a algún militante de la Fundación señalaba un problema: “Yo me acercaba, explicaba al intendente o al gobernador nuestro modo de trabajo, lo que habíamos hecho y si encajábamos en alguno de los miles de planes de vivienda que tenían, empezábamos a trabajar”.

Los excedentes de “Sueños Compartidos” eran la principal fuente de ingresos de Madres de Plaza de Mayo, según Shoklender. También mencionó la fábrica de paneles que usaban en la construcción, las donaciones del exterior, los festivales de la militancia y la venta de publicaciones. “Si en la obra pública no coimeás y no pagás sobreprecios, la plata sobra”, remató.

Por último, el fiscal quiso saber si recibían subsidios de la Nación, o de alguna provincia. El ex apoderado respondió negativamente y luego se corrigió: “Me impusieron un subsidio de Aníbal Fernández destinado a la Universidad de las Madres para que el abogado Eduardo Barcesat, que era el autor de la idea, crease un centro de investigación dedicado a iniciar denuncias contra gente del PRO”.

“Ah, de Chávez tuvimos aportes también, sí, de Huguito”, recordó melancólicamente. Y agregó: “Aunque alguno se perdió por el camino”.

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