El Primer Congreso Federal de Oficinas de Bienestar Laboral reunió a referentes de la Justicia nacional, federal y provincial para debatir estrategias de prevención, liderazgo, diagnóstico e intervención. El encuentro, que se llevó a cabo en dos jornadas en modalidad presencial en la AMFJN y en modalidad virtual, puso el foco en un cambio de paradigma: pasar de respuestas individuales y reactivas a políticas integrales que fortalezcan los equipos, mejoren los ambientes de trabajo y, como consecuencia, la calidad del servicio de justicia.
El bienestar de quienes integran los poderes judiciales como condición para mejorar el funcionamiento de las instituciones y la respuesta a la ciudadanía fue el eje del Primer Congreso Federal de Oficinas de Bienestar Laboral, un espacio de intercambio de experiencias, herramientas y buenas prácticas entre distintas jurisdicciones del país.
En la apertura, Andrés Basso, presidente de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional (AMFJN), destacó la necesidad de construir una mirada verdaderamente federal sobre el cuidado de quienes trabajan en la Justicia. “Cuidar a quienes integran el Poder Judicial también es una forma de cuidar el servicio de administración de justicia”, afirmó.

Basso remarcó que el bienestar laboral forma parte de un camino institucional que la asociación desarrolla desde hace años mediante acciones de prevención, asistencia y capacitación. Entre los avances destacó el Protocolo de Prevención y Abordaje de la Violencia y el Acoso en el Ámbito Laboral y la conformación de un cuerpo de orientadores confidenciales capacitados para brindar escucha y acompañamiento.
También puso en valor el papel estratégico de las Oficinas de Bienestar, por su capacidad para detectar necesidades, producir información, acompañar procesos e impulsar intervenciones. En ese sentido, consideró que el intercambio federal permite identificar experiencias exitosas y trasladarlas, con las adaptaciones necesarias, a otras jurisdicciones.
“Gestionar personas también es hacer justicia”
La presidenta de la Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia de las Provincias Argentinas y Ciudad Autónoma de Buenos Aires (JUFEJUS) Emilia Valle planteó que el bienestar laboral dejó de ser únicamente una cuestión de gestión para convertirse en una responsabilidad institucional.

“No hay instituciones fuertes sin personas cuidadas. No hay liderazgo de calidad si no hay escucha activa”, sostuvo. Bajo el lema “Conocer para comprender, intervenir para transformar”, señaló que las organizaciones necesitan reconocer sus fortalezas y debilidades, comprender las múltiples causas de los problemas y, fundamentalmente, transformar los diagnósticos en acciones.
Valle destacó los avances registrados en distintas jurisdicciones mediante oficinas especializadas, protocolos y espacios de escucha, y sintetizó la importancia de esta política con una definición: “Gestionar personas también es hacer justicia”.
Por su parte, Florencia Burdeos, secretaria académica de la Escuela de Capacitación Judicial de la AMFJN, llamó a extender las Oficinas de Bienestar a aquellas jurisdicciones que todavía no cuentan con estos espacios. Destacó herramientas destinadas a medir el clima laboral, detectar niveles de conflictividad e intervenir antes de que las tensiones escalen.

También remarcó la necesidad de formar en habilidades blandas, liderazgo y comunicación, y señaló que la construcción de espacios seguros, respetuosos y libres de violencia repercute directamente sobre el servicio de justicia. “Todos podemos ser protagonistas del cambio para transformar las instituciones desde adentro”, afirmó.
Diversidad y perspectiva federal
La directora de REFLEJAR, María del Carmen Battaini, puso el foco en las particularidades de cada jurisdicción. “Las provincias argentinas remamos diferente en función de las necesidades y de las realidades locales”, señaló.

Desde esa perspectiva, advirtió que protocolos y guías resultan indispensables, pero no pueden aplicarse mecánicamente sin contemplar los diferentes contextos. También enfatizó la responsabilidad de quienes ocupan lugares de conducción y alertó sobre formas menos visibles de maltrato, como la subestimación, las exigencias desmedidas o la naturalización de jornadas excesivas.
Battaini planteó además una pregunta central frente a la carga emocional de determinadas funciones judiciales: quién cuida a quienes tienen la responsabilidad de cuidar y acompañar a otros. En ese marco, reivindicó la capacitación y el intercambio federal como instrumentos de transformación institucional.
Del conflicto a la construcción de bienestar
Bettina Koch profundizó sobre el rol estratégico de las Oficinas de Bienestar y propuso ampliar una función históricamente asociada a la intervención frente a situaciones de violencia y acoso. Su desafío, explicó, consiste también en desarrollar capacidades dentro de las organizaciones para que los propios equipos puedan construir y sostener ambientes saludables.

Para definir esa tarea utilizó la metáfora del faro: las oficinas no conducen la organización ni pueden evitar todas las “tormentas”, pero sí brindar orientación. “El rol de las oficinas de bienestar laboral es mantener encendida esa luz”, expresó.
Koch sostuvo que detrás de un conflicto suelen coexistir problemas de comunicación, estilos de liderazgo, sobrecarga, frustraciones, miedos o prácticas naturalizadas. Por eso, las situaciones individuales representan muchas veces apenas “la punta del iceberg”.
En este esquema, las Oficinas de Bienestar deben actuar como facilitadoras y combinar entrevistas, encuestas, talleres y grupos focales para transformar datos en conocimiento y luego en intervenciones. También destacó especialmente el liderazgo: quienes conducen no solo distribuyen tareas, sino que generan contextos de trabajo.
“La prevención empieza antes: empieza en la cultura y en lo cotidiano”, afirmó. Escuchar, reconocer, dialogar y construir confianza son, desde esta perspectiva, componentes esenciales de cualquier política preventiva. “La oficina no tiene que ser solamente un lugar físico. La oficina camina, la oficina es acción”, concluyó.
De la respuesta individual a una mirada sistémica
La licenciada Loreley Franco avanzó sobre esta perspectiva al proponer un modelo integral capaz de superar las respuestas exclusivamente individuales y comprender los problemas laborales desde una dimensión colectiva y organizacional.

Franco explicó que detrás del malestar de una persona pueden existir factores vinculados con la sobrecarga, la organización de las tareas, el liderazgo, la comunicación o la falta de reconocimiento. Por eso, planteó que las Oficinas de Bienestar pueden convertirse en puentes que faciliten la circulación de la palabra, especialmente en estructuras fuertemente jerarquizadas.
Entre los principales factores psicosociales presentes en el ámbito judicial mencionó las altas exigencias cuantitativas, la carga emocional, la calidad del liderazgo, la autonomía, la participación en las decisiones, la denominada “doble presencia” entre trabajo y tareas de cuidado y el reconocimiento. Como contrapartida, identificó factores protectores como el sentido de la tarea, el apoyo entre compañeros, la claridad de roles, la previsibilidad y una conducción que habilite la comunicación.
Franco propuso avanzar hacia una perspectiva salutogénica, que además de identificar riesgos permita reconocer y potenciar los recursos que favorecen el bienestar. Para ello planteó intervenciones en tres niveles: institucional, sobre equipos y prácticas cotidianas, e individual.
También presentó herramientas como el cuestionario CoPsoQ-ISTAS21 y la cartografía social laboral, aunque advirtió que cualquier diagnóstico debe estar acompañado por acciones posteriores: medir los problemas sin ofrecer respuestas puede erosionar la confianza de los trabajadores.
Como síntesis, sostuvo que pasar de una lógica reactiva e individualizante a una perspectiva preventiva supone “una decisión ética y política” y requiere participación, escucha y compromiso colectivo.
Herramientas para prevenir y transformar


El programa profundizó estos conceptos con exposiciones destinadas al diagnóstico del bienestar laboral, la metodología y confidencialidad, el abordaje de conflictos, malestares y violencias institucionales y la gestión temprana de tensiones y conversaciones difíciles, a cargo de Sol Veca, Florencia Brandoni y Patricia Aréchaga, respectivamente. También se generó un espacio para que las Oficinas de Bienestar de los poderes judiciales provinciales intercambiaran sus experiencias.
La segunda jornada se concentró en el fortalecimiento de equipos, liderazgos y buenas prácticas, con estrategias de intervención grupal y herramientas institucionales para promover ambientes saludables. Participaron, entre otros referentes, Viviana Koch y Bibiana Valorzi, titular de la Oficina de Bienestar de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Asimismo, se abordó la figura de la orientadora confidencial como instrumento de prevención, escucha y acompañamiento.
A lo largo del encuentro quedó planteada una concepción transversal: el bienestar laboral no se limita a intervenir cuando aparece un conflicto. Implica conocer las organizaciones, prevenir riesgos, fortalecer liderazgos y vínculos, escuchar a quienes las integran y transformar prácticas cotidianas.
El desafío es que el cuidado deje de ser una respuesta excepcional frente al malestar y se convierta en parte de la cultura institucional. Porque mejorar las condiciones en las que trabajan quienes administran justicia también significa fortalecer la Justicia que recibe la ciudadanía.
