El ex ministro Florencio Randazzo, quien asumió tras la “Tragedia de Once”, dijo deconocer cómo se manejaba el área de transportes antes de su llegada y justificó los subsidios como una “decisión política” para favorecer a los sectores más desprotegidos. Aseguró que los gremios “también fueron parte del problema”.
Florencio Randazzo, ex ministro de Transportes de Cristina Kirchner, llegó a la cartera tras la muerte de 52 personas el 22 de febrero de 2012 en la estación de Once, cuando el choque de una formación del ferrocarril Sarmiento dejó al descubierto gravísimas falencias en el mantenimiento, pese a los subsidios que recibían las concesionarias, que terminaron con las condenas de sus predecesores en el área, Juan Pablo Schiavi, Ricardo Jaime y también el Julio de Vido, quien fue el jefe de ambos.
Randazzo sumó Transporte al ministerio del Interior que ya ejercía y se desempeñó como funcionario entre 2007 y 2015, después de lo cual se distanció de Cristina Kirchner cuando ella se inclinó por respaldar a Daniel Scioli como candidato a Presidente y no a su ex funcionario.
El testigo negó ante los jueces Enrique Méndez Signori, Germán Castelli y Fernando Canero haber recibido pedidos “indebidos” de dinero por parte de algún concesionario y también rechazó que se le hubiese indicado favorecer a alguna compañía en particular. Aseguró haber tenido una “relación directa” con la presidente Cristina Kirchner, por quien se sintió “siempre respaldado” y a quien responde hoy políticamente.
En cambio, dijo desconocer cómo se desempeñaba el área antes de su llegada y resaltó que llevó adelante controles como la tarjeta SUBE, “que nos permitía conocer la cantidad de pasajeros que usaban el servicio”, el GPS y otros mecanismos tendientes a garantizar que el dinero destinado a subsidios llegara al lugar correcto. En ese sentido, deploró que el gobierno de Cambiemos hubiera desmontado una página en la que “nosotros subíamos toda la información de lo que se le entregaba a cada línea ferroviaria”.
Randazzo aseguró que, por su experiencia, puede decir que “el deterioro de los ferrocarriles venía de mucho antes” que el año 2012, cuando se produjo la “tragedia de Once” y que sería “injusto” atribuírsela a los funcionarios que estaban en el cargo en ese momento, un deterioro que “tal vez no sea políticamente decirlo” pero incluía a la dirigencia gremial.
Los subsidios a las tarifas
El testigo se mostró crítico con respecto al valor de los boletos de tren y subterráneo. Consultado sobre el tema, respondió que “era una decisión política para favorecer a los más vulnerables, pero a mi juicio las tarifas eran demasiado bajas” y destacó que entonces “y también ahora” la inserción de los subsidios en el costo final de los pasajes es muy alta.
Evocó que cuando se terminó la convertibilidad, las tarifas se congelaron entre 2002 y 2008, con lo que se pasó de un sueldo de ferroviario equivalente a 900 boletos en los ’90, a un sueldo que era equiparable a 6000 boletos, y en 2014, a 12000. Y redondeó: “No hay mucho misterio, si se congela la tarifa, el subsidio sube; todos los países del mundo subsidian el transporte, no sólo la Argentina”.
Al término de la declaración de Randazzo, comenzó la del ingeniero Jorge Sacchi, quien se desempeñó durante su vida activa en la empresa Ferrovías, quien aseguró que “los subsidios son imprescindibles porque la tarifa nunca alcanzó para sostener el ferrocarril”.
