Mientras unos 1.400 internos fueron trasladados a Marcos Paz, un grupo permanece en el histórico penal porteño a la espera de la visita de León XIV. Cómo fueron seleccionados, qué condiciones debieron cumplir y qué reclaman los familiares de las víctimas de delitos.
La cárcel de Devoto está prácticamente vacía. Sus pasillos, que durante casi un siglo fueron escenario de historias de encierro, conflictos, reclamos y también de intentos de reinserción social, atraviesan sus últimos días de actividad. Sin embargo, 74 internos permanecen alojados en uno de sus pabellones por una razón excepcional: la posibilidad de recibir la bendición del papa León XIV antes de que el establecimiento cierre definitivamente sus puertas.
La decisión introduce un capítulo singular en el proceso de desocupación del histórico penal porteño. Mientras aproximadamente 1.400 personas privadas de la libertad ya fueron trasladadas al Complejo Penitenciario Federal de Marcos Paz, el grupo restante espera una definición sobre la visita pastoral del pontífice, prevista para el miércoles 11 de noviembre.
Pero ¿por qué ellos y no otros? ¿Quién decidió cuáles serían los 74 presos que permanecerían en Devoto para recibir al Papa?
Cómo fueron seleccionados los 74 internos
De acuerdo con la información difundida sobre el procedimiento, la selección no habría respondido a un sorteo ni a una decisión unilateral de las autoridades penitenciarias, sino a una evaluación conjunta en la que intervinieron el Servicio Penitenciario Federal (SPF) y representantes de la Pastoral Carcelaria, con participación atribuida a la Procuración Penitenciaria de la Nación.
El primer criterio estuvo relacionado con la conducta de los detenidos. Se priorizaron aquellos que contaban con buenas calificaciones dentro del régimen penitenciario, sin sanciones disciplinarias recientes ni antecedentes de conflictos graves de convivencia.
También se contempló la situación de quienes se encontraban en etapas avanzadas del régimen de progresividad de la pena, es decir, internos que habían demostrado una adaptación favorable a las normas de convivencia y a los programas de tratamiento penitenciario.
El segundo factor fue la participación en actividades educativas y laborales dentro de la cárcel.
Entre los perfiles considerados se encuentran estudiantes del Centro Universitario Devoto (CUD), donde la Universidad de Buenos Aires desarrollaba actividades académicas destinadas a personas privadas de la libertad, y trabajadores de cooperativas textiles y talleres de capacitación en oficios.
La intención fue privilegiar a quienes habían asumido compromisos concretos con su formación y con herramientas orientadas a facilitar su futura reinserción social.
Finalmente, se incorporó un criterio humanitario vinculado con el arraigo familiar y las consecuencias que tendrá el traslado a Marcos Paz.
Para muchos detenidos, abandonar Devoto supone alejarse de sus familias, especialmente de aquellas que viven en la ciudad de Buenos Aires o en el primer cordón del conurbano bonaerense. El cambio de establecimiento implica mayores distancias, tiempos de viaje y costos de transporte que podrían dificultar el sostenimiento de los vínculos familiares.
En ese contexto, la posibilidad de recibir personalmente la bendición del pontífice fue concebida como una instancia de acompañamiento espiritual antes de afrontar una nueva etapa del cumplimiento de sus condenas o detenciones.
El último pabellón de una cárcel centenaria
Los 74 internos permanecen alojados en el Pabellón 2 del Módulo 1, el sector que continúa operativo mientras el resto de las instalaciones fue evacuado.
El traslado de la población penitenciaria se desarrolló mediante un importante operativo de seguridad coordinado por el Ministerio de Seguridad y el SPF, con intervención de fuerzas federales.
Según la información oficial consignada, se utilizaron convoyes de vehículos penitenciarios, móviles de escolta, brigadas antidisturbios y apoyo aéreo. Además, se implementaron mecanismos de identificación individual mediante códigos QR y sistemas de seguimiento satelital para los transportes.
Las autoridades informaron que el operativo se completó sin fugas, amotinamientos ni episodios graves de violencia.
El destino de los internos es el Complejo Penitenciario Federal VII de Marcos Paz, donde continuarán alojados una vez concluida la etapa final del proceso.
Una visita pastoral sin protagonismo político
La presencia de León XIV en Devoto tendría un carácter estrictamente pastoral.
Según la información disponible, la visita fue proyectada como un encuentro breve, de aproximadamente 20 a 30 minutos, durante el cual el pontífice podría conversar con los internos, impartir una bendición y mantener contacto con el personal penitenciario y religioso.
La organización contempla que no haya discursos políticos ni actos protocolares protagonizados por funcionarios nacionales o porteños.
En los preparativos intervienen autoridades eclesiásticas vinculadas con la Pastoral Carcelaria, entre ellas el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y el capellán del establecimiento, Matías De Martini.
Para la Iglesia, la presencia del Papa en una unidad penitenciaria representa una expresión de cercanía con las personas privadas de la libertad y una reivindicación de la dignidad humana, independientemente de los delitos cometidos.
El reclamo de las víctimas: que el Papa también las escuche
La decisión de reservar un encuentro con los internos también abrió otro debate, relacionado con el lugar que ocupan las víctimas de los delitos y sus familias.
Organizaciones que reúnen a familiares de personas asesinadas y víctimas de hechos violentos solicitaron a las autoridades eclesiásticas y gubernamentales ser incluidas en la agenda del pontífice durante su paso por la Argentina.
El planteo no supone necesariamente un rechazo a que el Papa visite una cárcel o brinde acompañamiento espiritual a quienes cumplen una condena.
Lo que reclaman es que la mirada pastoral también alcance a quienes sufrieron las consecuencias de los delitos y a las familias que todavía conviven con el dolor de una pérdida irreparable.
El pedido introduce una dimensión particularmente sensible: la necesidad de que los gestos de cercanía hacia las personas privadas de la libertad no sean interpretados como una ausencia de reconocimiento hacia las víctimas.
Se trata de dos realidades diferentes, pero atravesadas por una misma discusión sobre el sentido de la justicia, la reparación, la responsabilidad y la posibilidad de reconstruir proyectos de vida.
Los traslados y la intervención de la Justicia
El proceso de vaciamiento de Devoto también tuvo derivaciones judiciales.
La rapidez con la que se ejecutaron los traslados motivó presentaciones de hábeas corpus colectivos vinculadas con las condiciones de reubicación y las garantías de las personas privadas de la libertad.
La Procuración Penitenciaria de la Nación intervino en el seguimiento de la situación y se plantearon cuestionamientos sobre la necesidad de garantizar que los movimientos de internos no afectaran el derecho de defensa ni el contacto con sus familiares.
En ese marco, una resolución de la Cámara Federal estableció que los traslados posteriores deberán ser comunicados con al menos 72 horas de anticipación a las defensas y a los juzgados de ejecución correspondientes.
También se dispuso el control de las condiciones materiales de alojamiento en las instalaciones de Marcos Paz, con intervención de los organismos encargados de supervisar el cumplimiento de los derechos de las personas detenidas.
La cuestión no es menor. Aunque la administración penitenciaria tiene facultades para organizar la distribución de la población carcelaria, esas decisiones deben respetar las garantías judiciales y las condiciones de detención establecidas por la legislación vigente.
El cierre de Devoto, entre la historia y la última bendición
La clausura de la cárcel de Devoto representa mucho más que una reorganización de plazas penitenciarias.
Durante décadas, el establecimiento fue uno de los símbolos más reconocibles del sistema carcelario argentino. Su ubicación en plena Ciudad de Buenos Aires, sus condiciones edilicias y los reiterados debates sobre la situación de los detenidos lo convirtieron en un escenario permanente de controversias políticas, judiciales y sociales.
El acuerdo entre el Gobierno nacional y la administración porteña contempla la relocalización de los internos y una posterior transformación del predio.
Pero antes de que se complete ese proceso, queda pendiente la situación de los últimos 74 detenidos.
Si finalmente se concreta la visita de León XIV, serán protagonistas de una escena inédita: recibir al máximo representante de la Iglesia católica en una cárcel que está a punto de dejar de funcionar.
Después llegará el traslado a Marcos Paz, el cierre de los últimos pabellones y el final de una etapa de casi cien años.
Para los 74 internos, la eventual visita del Papa será un acontecimiento excepcional. Para Devoto, podría convertirse en la última imagen de su historia como establecimiento penitenciario.
