Cúneo Libarona: “Tengo tres nortes: la Argentina, la Justicia y Javier Milei”

Antes de participar de la jura de Juan Bautista Mahiques como nuevo Ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona recibió a Quorum y realizó un balance de su gestión. En la entrevista defiende las reformas impulsadas y le baja el precio a la supuesta interna entre Karina Milei y Santiago Caputo. También habla del costo personal de la función pública, de las deudas pendientes del sistema judicial, de su vínculo con Sebastián Amerio y del recambio que, asegura, era necesario para continuar las transformaciones.

Horas antes de asistir a la jura de Juan Bautista Mahiques como nuevo Ministro de Justicia de la Nación, Mariano Cúneo Libarona recibió a Quorum en su casa para una charla extensa y sin filtros. A lo largo de la conversación volvió sobre una frase que había repetido durante su gestión: que el cargo le había exigido “dejar la vida”.

Con tono reflexivo, repasó los momentos más intensos de su paso por el Gobierno de Javier Milei, habló del desgaste físico y personal que implicó la función pública y defendió el rumbo de las reformas impulsadas. También se refirió al cambio de conducción en el ministerio, relativizó las supuestas internas en el oficialismo y dejó una definición que resume su mirada política: “Tengo tres nortes: la Argentina, la Justicia y Javier Milei”.

En varias oportunidades charlamos sobre el balance de su gestión y dijo que había “dejado la vida” como Ministro de Justicia. ¿Qué tan difícil es ejercer la función pública?

Tenés dos formas de tomártelo. Una es hacerlo de manera pausada, con experiencia, equipos consolidados, delegando. Y otra, que es más mi estilo, es tratar de estar en todo. Yo formo equipos, pero escribo yo, leo yo, reviso todo lo que puedo. Hay cosas que no entiendo y pregunto, y hay otras que directamente no entiendo. Pero trato de estar encima de cada tema. Trabajar con seriedad en el Estado es muy difícil. Te genera tensión, responsabilidad. Yo me levantaba a las cuatro o cinco de la mañana, trabajaba fines de semana, suspendí muchísimas actividades personales. Cada vez fui dejando más cosas de lado. Además, hay una diferencia grande con el ejercicio privado. En la abogacía vos hacés tu trabajo, pero el problema es del cliente. En el Estado, cuando hay un conflicto y no se resuelve, el problema es tuyo. Esa carga es permanente. Traté de solucionar todo lo que pude y hasta donde llegué. Quedan muchas cosas pendientes que estamos trabajando con Juan Bautista (Mahiques) y con Santiago (Viola). Ellos tienen que dar pasos firmes para concluirlas.

¿Ese ritmo de trabajo repercutió en su salud?

Sí. Yo adelgacé 14 kilos de movida. Pero por trabajo. Ahora en abril me voy a hacer un chequeo general. Para que tengas una idea: tenía que ir al dentista y no tenía tiempo. Estuve meses tomando pastillas para el dolor porque no podía ir. Psicológicamente también es fuerte. La responsabilidad es muy grande. La rodilla no me daba más hasta que me operé en noviembre. Después de la operación volví a ser un ser humano que podía caminar. Sí, incidió en mi salud. Viste esas fotos que circulan de cuando alguien entra a un cargo y cuando sale, que parece diez años más viejo. Yo ya venía con los años encima, pero esto también pasa factura. Igual hay cosas que uno puede resignar. Yo resigno salud, resigno plata. Lo que no puedo resignar más es tiempo de vida y de afectos. Abandoné a mi novia, a mi nieto, a mis hijos, a mis amigos. Dejé de hacer cosas que me gustan, como dar clases o escribir artículos. Tengo uno pendiente sobre derecho al recurso que quiero terminar. La tesis también la tenía abandonada. Ahora la retomé un poco mientras estudiaba en Alemania. Para mí lo más importante es el tiempo: tiempo para lo que uno quiere, para los afectos, para los amigos. Tengo amigos del colegio, del rugby, del fútbol, de tribunales. Donde fui en la vida hice amigos. Mi gran patrimonio son los afectos. No me interesa la plata ni los bienes materiales. Me interesa la familia y los vínculos. Mi mamá vive varios meses en Punta del Este y no podía verla. A mis hermanos tampoco. Todo eso te hace pensar. La expectativa de vida hoy ronda los 83 años. Yo tengo 65. Entonces siento que los próximos años quiero dedicarlos a lo que me hace bien. Dormir siete u ocho horas, por ejemplo. No dormir es espantoso. Yo a las siete u ocho de la noche estaba agotado. Me perdía comidas, casamientos, reuniones. Ese fue uno de los factores decisivos para insistirle a Javier y a Karina que quería dar un paso al costado. Hace poco la propuesta era “quedate, quedate, quedate”. Y yo realmente decidí decirle a Javier lo que te estoy contando: mi necesidad de tomarme un tiempo y también la necesidad de que entre una persona nueva, por el bien de la Justicia y de la Argentina. Alguien con fuerza, con energía, con la garra que yo tenía en diciembre de 2023 cuando entré a la cancha con un gran equipo. Tiene que entrar una persona como la que se designó, con toda la energía para seguir el camino. Yo creo que eso es lo mejor para la Justicia. Hay muchas cosas por definir: los jueces, la transferencia de competencias, el final de la implementación del sistema acusatorio, y también las leyes que yo presenté. El Código Penal, por ejemplo. La semana pasada presenté una reforma de la Justicia Penal Económica, la oralidad civil y comercial y la ley de sociedades. Todo eso hay que empujarlo. Yo empujé mucho y me costó muchísimo, pero logramos sacar cosas importantes: la ley de juicio en ausencia, la ley de menores y, junto con Patricia, la ley de reiterancia. Hicimos muchísimo. Me siento muy orgulloso. He recibido llamados de ministros de la Corte, de integrantes de la Cámara de Casación, de muchos jueces del interior. Recorrí el país con 44 viajes para avanzar con la implementación del sistema. Y en todos esos lugares recibí cariño. Yo me quiero ir por la puerta grande, con dignidad, con cariño y sin causas judiciales. Creo que es el momento oportuno.

¿Ya tiene en claro qué va a hacer?

No sé todavía qué voy a hacer exactamente. Ahora me voy a Estados Unidos, tengo una propuesta laboral que podría ser part-time y la voy a analizar. En marzo quiero dedicarme a estar con mi novia y ver a mi gente. En abril voy a ir a los médicos, al dentista, y también quiero ver cómo está mi estudio, que la verdad no sé en qué situación quedó después de todo este tiempo, y tratar de rearmarlo. Después tengo un proyecto que todavía está muy en ciernes. Me gustaría irme seis meses a trabajar y vivir en Nueva York, donde tengo clientes y algunas alternativas. Me gustaría alquilar un departamento, hacer gimnasia, terminar mi tesis, escribir, caminar, pensar. Ese es mi esquema ahora: tener tiempo. Tiempo para mí, tiempo para mi novia. Tengo muchas deudas de tiempo y de afecto. Mi hijo mayor, que lo quiero mucho, me llama y me dice: “Papá, salgamos a tomar un café”. Y yo le respondía: “No, estoy terminando un escrito”. No es razonable. Yo me tomo las cosas muy en serio. No sé cuántos años viviré, pero durante estos dos años y medio dedicados al Estado yo prácticamente morí para mi vida personal. Igual me siento bien. Los logros son lo que me hacen bien. Caminar por la calle y recibir el cariño de la gente también. Y lo más importante es que mis hermanos, mis hijos, mis sobrinos, mi mamá, Camila y mis amigos saben que yo dejé la vida y lo hice por la patria. No hice la colimba, me tocó hacer esta. Y le tengo un cariño entrañable a Javier Milei. En mi vida conocí a mucha gente, fui abogado de presidentes, asesoré a dirigentes de todo tipo. Pero yo a Javier lo admiro, y no admiro a mucha gente. Le tengo un enorme respeto por su convicción, su fuerza y su motivación. Me saco el sombrero. Creo que Juan Bautista y Santiago Viola van a sumar mucho. Tienen un gran equipo. Yo los voy a ayudar en todo lo que pueda. Incluso les dejé informes muy detallados con los temas más delicados que hay que resolver, carpetas con resúmenes, ideas y el listado de jueces que habíamos impulsado. Creo que los dos tienen todas las condiciones para lucirse.

Durante su gestión se habló muchas veces de una posible renuncia. Incluso el año pasado llegó a presentarla… 

Sí, la presenté. Y recibí un llamado de Javier desde Estados Unidos. Me dijo: “Mariano, vos sos de mi máxima confianza. Te están operando”. La verdad es que con ese tema me hicieron mucho daño. Pero Javier siempre me sostuvo. También el Gabinete. Tengo excelente relación con todos: Patricia Bullrich, Luis Petri, Sandra Pettovello, Federico Sturzenegger. Es curioso: de los diez que empezamos -contando a Nicolás Posse- quedábamos tres: Sandra, Toto y yo. Muchos se fueron mal. Yo me fui bien, por la puerta grande, con un abrazo y el compromiso de seguir colaborando.

¿Cuándo empezó a mencionarse el nombre de Juan Bautista para sucederlo?

A mí me llegó como alternativa hace más de un mes. Me consultaron qué opinaba. Yo lo conocía porque había sido su abogado. Teníamos una relación cordial, profesional. No éramos amigos, pero sí había respeto. Cuando me preguntaron dije: me parece una excelente elección. Lo mismo con Santiago. Los dos tienen las condiciones para continuar lo que se empezó. Hoy hablamos todos los días por teléfono por temas de trabajo. Creo que va a haber continuidad.

¿Cuándo se enteró que se iba a formalizar el cambio?

No, no… esto ya lo teníamos. Se venía programando.

Porque la partida de Sebastián Amerio de la Comisión de Administración y Financiera fue rara… 

Lo de Amerio quedó raro pero es un tema de él. En realidad esto iba a ser más adelante, pero yo pedí adelantarlo. Hay algo que me ha sorprendido mucho, y es cómo trascienden las cosas al periodismo. Me acuerdo de haber tenido una reunión con Manuel Adorni los primeros días de febrero y al día siguiente ya estaba en los diarios. Todo trasciende. Entonces para mí era importante adelantar la decisión para no quemar nombres ni estirar una situación que ya estaba encaminada. Además, no era razonable demorarlo. La persona ya estaba preparada, todos los informes estaban entregados, habíamos hablado mucho de todos los temas. Me faltan precisar algunas cosas con Santiago, pero eso lo puedo hacer entre hoy y mañana. No tenía sentido seguir prolongando la situación cuando empezaban a aparecer nombres y más nombres. Eso no estaba bueno para nadie, y sobre todo para los posibles candidatos. 

¿Fue malo el vínculo con Amerio?

No, para nada. A Sebas yo lo quiero mucho. Lo que pasó es que en los últimos tiempos tomó un camino en el que ya no pudimos hablar como hablábamos antes. No logramos encontrarnos en las ideas como lo hacíamos antes. Tal vez esa situación generó que él quedara desinformado de algunas cosas, pese a que yo lo mantenía más o menos al tanto de lo que iba pasando.

¿Existe esa interna de si sos de Santiago Caputo o de Karina Milei?

En mi caso yo soy de Javier Milei. Tengo tres nortes: la Argentina, la Justicia y Javier Milei. No me siento comprometido con ningún otro espacio. Javier me dio libertad absoluta. Esas internas de “soy de uno” o “soy de otro” pertenecen a la Casa de Gobierno. Yo estoy en otro ámbito completamente distinto. Yo pienso en la Argentina. Además, yo no soy político. No me interesa la política en ese sentido ni tener un espacio propio. No estoy en la rosca. A mí me llaman, me consultan y yo doy mi opinión. Pero no me interesa la rosca política. A mí me interesa trabajar. Si yo me hubiera metido en la rosca política, probablemente no habría podido hacer el trabajo que hice. Sebastián, por ejemplo, tenía mucho trabajo en ese terreno: el Consejo de la Magistratura, el enlace con Casa Rosada, los temas políticos más sensibles. Muchos de esos temas los hablábamos y los decidíamos juntos. Era muchísimo el trabajo que él tenía. 

¿Y ahora cómo queda esa situación?

La verdad es que todavía no pude hablar mucho del tema. No me dio la vida. Desde ayer a la mañana fue un torbellino. Anoche terminé tardísimo y hoy también voy a terminar muy tarde. Por eso ahora quiero tomarme un tiempo. Irme unos días a Miami, reunirme con algunas personas y también dedicarme a leer. Me voy a llevar una pila de cosas que me gusta estudiar: terminar el artículo que tengo pendiente, revisar fallos, y además tengo que escribir el prólogo para un libro sobre menores que hicieron dos autores muy destacados. A mí me gusta mucho leer y estudiar. Vivo recortando artículos para después analizarlos con calma. Tengo de todo: desde textos sobre la Segunda Guerra Mundial hasta análisis sobre lo que está pasando hoy entre Irán y Estados Unidos. Tengo montones de temas para leer.

Mirando hacia atrás, ¿qué momentos le dieron más satisfacción?

Te cuento cuándo lloré. Lloré el día que se aprobó la Ley de Juicio en Ausencia. También lloré el 17 de septiembre de 2024, cuando Argentina fue aprobada en el GAFI. Yo había trabajado muchísimo ese tema. Cuando la presidenta del organismo dijo “Argentina is approved”, hubo un aplauso enorme. Salí al jardín y no paré de llorar. Fue un logro histórico. También me emocionó mucho la aprobación de la ley de menores. Ese proyecto lo trabajamos seis días seguidos en Semana Santa con el doctor González, encerrados estudiando antecedentes, convenciones internacionales, proyectos previos. Cuando vi que el 90% del texto final coincidía con lo que habíamos elaborado, sentí una enorme satisfacción. 

¿Cómo fue trabajar con Patricia Bullrich? ¿Hubo una buena sinergia?

Extraordinario. Te hago oír el mensaje que me mandó Patricia ayer, conmovedor. Después te lo hago escuchar, de verdad: conmovedor. Patricia es brava pero nos llevamos muy bien. Yo le di todo el apoyo jurídico y ella me dio todo el apoyo político. Te doy un ejemplo: el Código Penal. A mí me llevó un año y pico y estaba trancado. Y yo me paré en Patricia y le dije: “Patricia, esto es muy importante”. Y ella me dijo: “Esto es clave para la campaña: dale el enfoque político”. A mí no me interesa subirme a un escenario ni figurar como autor. A mí me interesa que salga. Y Patricia es un motor, es una máquina. Nos llevamos muy bien y pensamos igual en cuanto al sistema jurídico y de seguridad que queremos para la Argentina. Y te aclaro algo: Alejandra Monteoliva es fantástica y creo que va a seguir el mismo camino. Nos llevamos bárbaro. Ella me ha escrito. Yo soy un tipo que la gente vio en la tele cuando tenía 30 años, con casos resonantes, entonces me conocen. Y de repente me ven ahora y ven que soy una persona normal, que trata de ayudar. Y yo tuve una relación brillante, excelente, con Luis Petri -me invitó a ir a su casa-; con Patricia; con Sandra Pettovello, a quien adoro; con Sturzenegger, trabajamos codo a codo. Él me decía: “Te voy a extrañar, todo lo que me ayudás jurídicamente”. A la gente nueva también le tengo mucho cariño. Yo al Gabinete le tengo un afecto tremendo. 

¿Cómo ve hoy al sistema judicial?

Creo que está en crisis. Está mal. Las causas son lentas. Estoy aterrado. Hoy leo la causa Sueños Compartidos: 14 años de antigüedad y pidieron la extinción. Ayer leía otra causa: 20 años de duración. El proceso lento no es justicia. Y no tener vacantes es atacar las garantías constitucionales. Entonces creo que se tienen que dar pasos importantes como los que hemos dado: la ley de juicio en ausencia, te insisto; la ley de imputabilidad, donde cambié un régimen de 46 años, betusto, irreal para los fines sociales; protegimos a la víctima. Y se tienen que dar pasos importantes en dos planos: procesal y penal. El Código merece reformas. Yo llamé a una comisión para mirarlo: ya pasaron 11 años. Hay que incorporar métodos de investigación modernos. Hay cosas que quedaron superadas: el arrepentido, por ejemplo. Hoy lo moderno son los teléfonos, las computadoras, las cámaras. Eso hay que actualizarlo. El sistema recursivo es malo en el Código Procesal Federal: hay que modernizarlo. Los plazos, en algunos casos, son muy exiguos: hay que prever excepciones. Y en materia de menores, lo importante no es si se habla de 13 o 14: lo importante es que funcione con institutos serios. Educación, colegio, oficio, deporte, tratamiento de adicciones, controles familiares, psicólogos, cultura… todo lo que yo puse en la ley y de lo que casi no se habla. Lo importante es que se haga. Entonces, si vos le das a los jueces herramientas legales -ordenamiento procesal, sistema acusatorio, Código Penal, ley de menores- y además los dotás de estructura, cambia el escenario. Yo hice cincuenta y pico de salas de audiencias con equipos de grabación de última generación, que te duran cien años. Compré más de quinientas computadoras y equipos para defensores y fiscales. UFED para los fiscales. Tecnología. Arreglar salas, oficinas judiciales. Hicimos una revolución estructural que no se hizo en los últimos 30 años. La Justicia está abandonada. Si vos me decís: le das a los jueces Código Procesal, Código Penal, ley de minoridad, ley de juicio en ausencia, estructura, recursos, más empleados y, a la vez, resolvés vacantes… tienen todo para trabajar con independencia y libertad. Yo respeté muchísimo la independencia judicial; ese es un gran logro mío. Yo nunca fui a pedirle a nadie nada en ningún asunto. Me cruzo con jueces como Sebastián Casanello o el fiscal Franco Picardi y hablamos de cuestiones académicas, pero jamás les toqué una causa. Eso es lo que pidió Javier Milei y es lo que corresponde. Cuando asumí, a los jueces los maltrataban. Había juicio político, se hablaba mal de la Corte, de todos. Y yo me dediqué a defenderlos, porque creo que lo merecen. Pero también me dediqué a destituir cuando correspondía. Yo firmaba, por ejemplo, lo del juez Bailaque de Rosario y fue detenido al día siguiente. El juez insano, el juez corrupto, tiene que ser segregado del sistema. En el Código Penal una de las figuras más graves que incorporé es el juez que colabora con el narcotráfico. Eso es terrible. Es un juez con formación, cultura, estudio, designado por el Estado, y la sociedad confió en él. ¿Y anda con el narcotráfico? Es un delito gravísimo.

¿Podrá avanzar la transferencia de la Justicia a la Ciudad?

Es uno de los tres temas más difíciles. Yo lo tenía en la cabeza antes de asumir. Lo habíamos hablado y le habíamos puesto un plazo de tres a cuatro años para tratarlo. Pero a partir del fallo Ferrari y Levinas se exhorta al Poder Ejecutivo y al Legislativo a resolver la cuestión. Entonces yo, inmediatamente, el 27 de diciembre, me junté con Gabino Tapia y armamos una comisión conjunta entre la Ciudad y el Ministerio. Ahí se escuchó a todas las partes: todas las cámaras, empleados, asociaciones de magistrados. Y les decíamos: “Señores, yo ya sé lo que piensan, porque todos dictaron una acordada. Agréguese al expediente. Ahora dennos una solución. ¿Qué proponen?”. Se recabó toda esa información. En diciembre quedó terminado el expediente. Y ese expediente tiene que ir al Congreso. El Poder Ejecutivo no puede solucionarlo: lo tiene que resolver el Congreso. Entonces tiene que pasar al Congreso y resolverse para un lado o para el otro, según la postura que se adopte. Vos podés considerar la postura de los jueces o podés considerar la postura de la Corte. Yo creo que ese es un paso importante que se tiene que dar. Y lo dejé en mano: dejé todo el expediente. Yo lo terminé en febrero y dije: “A vos te corresponde la remisión al Congreso”. Y el Congreso tiene que tomar cartas en el asunto y cumplir.

¿Y dónde está la resistencia? ¿Es un tema de poder?

Es un tema de jerarquía, de honor. Los jueces de la Ciudad consideran que brindan una función de carácter federal. Juraron con un compromiso federal y no aceptan ceder ese espacio. Te doy un ejemplo, por vía del absurdo: si hay un divorcio de dos señores todos los días, ¿por qué eso es federal? Si hay un conflicto laboral con un señor en un bar, ¿por qué es federal? Hay cosas que claramente corresponden a la Ciudad. Y habrá otras -seguridad social, sindicatos, etcétera- que pueden corresponder a la órbita federal. Esa va a ser la tarea grande del Congreso: resolverlo. Y además, la verdad, es que en la Justicia hay fueros de un nivel altísimo. La penal y la comercial son justicias fantásticas, con jerarquía y un nivel buenísimo. La Cámara Comercial trabaja con muy pocos jueces y tiene un gran nivel: se las arreglan. La Cámara Penal es fantástica.

¿Qué considera que queda como deuda?

Déjame ver la agenda… tengo todo anotado. Me quedó pendiente no haber sacado la ley de juicio por jurados. Me produjo dolor el tema de las vacantes de jueces. Y también, a veces, la falta de coordinación interna del ministerio. Esas tres cosas me las llevo como errores. Tal vez yo tendría que haber sido más político, más chupamedias, más allegado, y no lo fui. Yo me dediqué mucho a mi trabajo, de manera independiente, siguiendo lo de Javier. Entonces, si vos mirás, yo tengo “papelones”. Juicio por jurados: no me salió la ley. No estaba dado el contexto.

¿Lo vive como una derrota?

Sí. Es una derrota. La presentamos, la impulsamos y no salió. Le gané 72 a 0 con una abstención en Diputados, pero no llegó al recinto. Y lo de los jueces, las vacantes, también me quedó pendiente. Diría que básicamente pasa por ahí. Mirá cómo lo tengo anotado.

Más allá de lo que no salió, ¿hubo algo que le doliera personalmente? 

Sí. A veces me dolían cosas que leía en los diarios que eran mentiras. Agresiones o juzgamientos basados en mentiras. Por ejemplo: “fue abogado de tal” y no lo conozco. “Estuvo en tal lugar” y nunca estuve. Esas cosas me duelen. Yo tutelo mucho mi honor. ¿Por qué? Porque tengo hijos, sobrinos, hermanos, familia, apellido. Mi honor vale mucho para mí. Yo vine a tratar de mantener mi honor. Ni siquiera incrementarlo: mantenerlo. Conservar el crédito que tenía. La gente me quería. Entonces cuando veía infamias en la prensa o cosas absolutamente falsas, me dolía. O cuando me estaban por echar todo el tiempo, también me dolía. 

¿Y cuando decían que Amerio manejaba el ministerio?

Eso me dolió mucho. Porque yo hice un esfuerzo sobrehumano. Y todo lo que salió, lo hice yo. Sebastián tenía otras tareas muy importantes, pero ajenas a la función propia del ministerio. Entonces yo leía que “alguien le sellaba” todo y pensaba: “esto está mal”. No es cierto. Yo no fui un sello de goma. No fui un viejo tonto que firmaba cosas. Yo hice un despliegue impresionante. Y la gente lo sabe. Los jueces lo saben. Vos, que seguiste todo el proceso, lo sabés. La gente sabe lo que yo hice. Entonces leía: “este no maneja nada”, y decía: “esto es una pavada”. Eso también me produjo dolor. 

¿Cómo le gustaría que se recuerde su paso por el Ministerio de Justicia?

Lo único que yo quisiera es que se me recuerde como una persona que dejó la vida estos años por la Justicia de la Argentina y por Javier Milei. Yo vine a sumar. No me llevo causas de corrupción, no me llevo escándalos. Hice todo lo posible. Hay cosas que salieron bien, hay cosas que están en camino. No hay una que yo diga: “salió mal, horrible”. Me gustaría que se me recuerde como una persona de bien. Nada más.

Lo único que podría señalar como algo que salió mal fue el tema de los nombramientos en la Corte.

Sí, pero no fue tema mío. No es algo en lo que yo haya incidido. Yo hice el procedimiento legal. Puedo tener relación o amistad con el doctor Ariel Lijo, pero no es algo que yo haya seleccionado. Ahí no me siento culpable. Creo que, a la luz de los resultados, no se hizo bien, pero creo que ahora sí se va a hacer bien. En estos cargos, además, casi nadie llega con experiencia. Salvo Patricia o Petri, que tenían recorrido, o Guillermo Francos, que estaba preparado. El resto nos fuimos formando y adaptando. Yo creo que vienen grandes tiempos para el gobierno de la Argentina. Fijate Caputo: tuvo su experiencia en un gobierno anterior y hoy puede desarrollar su trabajo con éxito por lo aprendido. Había muchos que no teníamos experiencia. Puede haber habido omisiones o errores, sin ninguna intención de perjudicar a nadie, pero el desarrollo general fue muy positivo. Sandra Pettovello empezó y hoy es una genia. Mario Lugones, un campeón. Sturzenegger fue creciendo y evolucionando. Todos aprendimos mucho. En ese marco puede haber habido algún desacierto, pero no voluntario. Y fueron muchísimos más los aciertos, los logros. Yo no creo que haya habido un gobierno en los 50 años de democracia con el empuje, las ganas y la energía de cambiar el país como este. Cada uno desde su ámbito. Vos salís de una reunión de gabinete y sos un All Black: salís a comerte la cancha, a ver qué motiva, qué crea. Yo les deseo lo mejor a estos muchachos. Los voy a acompañar en lo que necesiten. Faltan pasos por dar y ellos tienen la energía para lograrlos.

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