Jorge Liotti, secretario de Redacción del diario La Nación, visitó Quorum para desmenuzar el complejo mapa político argentino de 2026.
En este diálogo, el periodista exploró las tesis de su libro “La última encrucijada” aplicadas a la realidad actual: la erosión del capital simbólico libertario, las tensiones internas en el gabinete y el papel estratégico del Ministerio de Justicia.
En “La última encrucijada”, hablás de que estamos en un punto de inflexión o de no retorno. Este libro se publicó en 2023. ¿Qué ves ahora? ¿Estamos en un punto de inflexión todavía o de no retorno? ¿Qué percepción te da?
El libro salió poco antes de la elección. De algún modo, es un diagnóstico de cómo había llegado la Argentina en ese momento. Y tengo la sensación de que la encrucijada no se resolvió todavía; que estamos en ese proceso, y que depende fuertemente de cómo termine decantando este gobierno, que es difícil de leer, porque por momentos da la sensación de que va a avanzar en sus objetivos y que va a marcar un cambio de época. Y por momentos se empantana en problemas de distinto tipo, y uno empieza a presumir que quizás sea un gobierno de transición. Entonces, en el sentido más profundo que planteaba la idea de esa última oportunidad para la Argentina, de volver de algún modo a ese recorrido que en algún momento transitó; todos tenemos un poco en el imaginario de pensar que esto es un desvío: que la Argentina hoy está en crisis, que en realidad esto no es la condición natural, porque en realidad hay otra que la perdimos. Bueno, esa posibilidad de volver, yo creo que se nos va alejando en la medida que pasa el tiempo. Y en ese aspecto, yo creo que el gobierno todavía no termina de resolver. Es natural: la encrucijada marca un cambio de época que probablemente abarque buena parte del periodo democrático, pero tampoco está claro que pueda ser airoso de ese dilema en el cual está enfrente.
¿Cómo ves la relación de este gobierno con las redes sociales?
A ver, en parte es natural, clima de época: no me parece mal que un gobierno le preste atención a las redes o que comunique a través de las redes. El problema es pensar que en las redes empieza y termina todo, y un problema más profundo aún es pensar que se puede gobernar a través de las redes. Entonces, ahí yo creo que hay una limitación que, incluso en este momento (valga un poco el juego de palabras), tiene enredado al gobierno, precisamente por esa dependencia excesiva de las redes y por pensar que se puede gestionar de esa manera. Esto un poco venía ocurriendo. Yo tengo algún recuerdo al principio de Macri con Marcos Peña, en la jefatura de gabinete. Ya implantó un poco la idea de que los medios tradicionales perdían relevancia y había que enfocarse en el mundo digital (incluyendo las redes, las plataformas y demás). Ahora ese universo creció y se multiplicó. Entonces, yo creo que Milei en parte es una derivada de las redes, porque en gran medida logra una penetración social en un momento muy difícil de la Argentina, muy apalancado por una estructura de redes. Tiene un ejército de actores en las redes que le han dado vigor, pero también le han dado una pátina novedosa; ha conectado con los sectores más jóvenes. Entonces, yo creo que hay una parte virtuosa de eso. Me parece que el problema es confundir eso con la gestión de gobierno, que requiere de otras aptitudes, que requiere de otros mecanismos y otros circuitos. Entonces, tanto las internas por las redes; la idea de que, por ejemplo, el presidente solo lea las redes y no consuma contenidos completos en los medios; en fin, todas esas son desviaciones de algo que en origen a mí me parece positivo, pero que se ha exacerbado a un punto tal de que se transforma en un déficit.
¿Qué estás viendo del voto sub 30? ¿Milei sigue llegando? ¿Y si no, por qué?
Bueno, Milei fue muy convocante para ese universo en las elecciones de 2023 porque los jóvenes no solamente lo votaron mayoritariamente, sino que al mismo tiempo fueron vectores de transmisión hacia sus padres, hacia sus abuelos, tíos y demás, de un personaje que estaba un poco marginal para el mainstream político. Y era un momento en que un sector de la sociedad muy importante se había desconectado de la política, estaba muy desilusionada y desencantada, y a través de los jóvenes y ese circuito digital logró perforar esa muralla de indiferencia de sectores sociales que estaban desconectados. Entonces, esa nota buscó un poco revisar en qué situación estaban hoy, y la resultante es que el gobierno ha perdido una parte de ese electorado que está desilusionado, pero aún así sigue siendo el que concentra la mayor cantidad, individualmente, el que concentra la mayor cantidad de adhesiones dentro de los sub 30. Quiere decir que es un voto o un apoyo, diría, porque por ahora lo que se manifiesta es un apoyo, que se ha angostado, pero sigue siendo el más importante. El tema que a mí me parece complementario de eso es que los que se van desencantando de Milei van yendo a un espacio incierto que no tiene representación hoy. Hoy ni el peronismo, ni el macrismo, ni otras fuerzas políticas tienen un mensaje de representación a ese universo de jóvenes desencantados, y eso naturalmente alimenta el riesgo de que ese desencanto derive también en desencanto democrático, que es algo que yo un poco mencionaba allí, basado especialmente en los datos de concurrencia a la elección entre el 2023 y el 2025. El año pasado, el segmento que más cayó en cantidad de votantes proporcionalmente es el segmento de los sub 30. En comparación con otros, los de 40, 50, 60, se mantuvieron bastante estables. A pesar de que era una legislativa, la del 2023 era una presidencial. Pero en el grupo de sub 30 cayó bruscamente. Entonces, de alguna manera están expresando una desilusión que quizás se había canalizado a través de Milei y que hay un sector que ya no se siente representado por eso.
¿Y en esos sub 30 hay diferencia entre mujeres y hombres o es indistinto?
No, siempre ha sido un voto mayoritariamente masculino. Esa diferencia se mantiene desde el principio y, muy especialmente, allí en la segmentación de adolescentes. En el grupo de adolescentes, o sea, te diría de 20 para abajo, hay un mensaje colateral que está, digamos, hoy menos enunciado ya desde que está en la presidencia Milei, pero que desde el mundo libertario se ha expresado, que yo creo que es una especie de reacción de los varones adolescentes contra todo un movimiento, digamos, de reivindicación de la mujer, el feminismo y demás. Que de algún modo se sintieron arriesgados y representados por un discurso que era claramente machista o, en algunos casos, hasta misógino. Y entonces ese discurso caló muy fuerte en los adolescentes que claramente les había afectado ese mensaje muy masivo, muy apoyado popularmente, y encontraron en el ecosistema libertario un conducto para poder expresar su reacción. Y en parte eso explica un sector del voto a Milei, sobre todo adolescente, varón. Las mujeres en general han sido más reticentes a apoyar a Milei, pero desde el principio.
¿Y esta desilusión que vos ves con los votantes de Milei, es solo en los jóvenes o en general? ¿El desencanto de la gente que se empieza a alejar es por una cuestión del día a día o que al final es “más de lo mismo”?
Yo creo que convergen, porque fíjate que tiene que ver con los dos mandatos centrales sociales que recibió Milei: uno es el ordenamiento de la economía, vencer la inflación, recuperar poder adquisitivo, o sea, ordenar la economía; y el otro era la lucha contra la casta, contra los privilegios, contra todo lo que eso significara. En la primera parte del gobierno de Milei, había logrado dar respuestas satisfactorias a la parte económica, con la baja de la inflación, con el ordenamiento macroeconómico, y después había tenido un discurso muy agresivo contra la casta, donde él se seguía manteniendo como un outsider, como un gladiador justiciero que representaba el enojo del sector social. Bueno, esos dos activos en los últimos meses han decaído, porque: Primero, porque la inflación se reacomodó de vuelta subiendo, bajó el mes pasado, habrá que ver cómo sigue, pero sobre todo porque hay una percepción de que el poder adquisitivo se redujo. Eso genera impacto en consumo, genera impacto en empleo. Hay una percepción de una economía que no termina de arrancar, y eso obviamente lesiona una parte de ese mandato social que recibió Milei. Y el otro, que tiene que ver con la diferenciación con la casta, episodios como los de Adorni y el año pasado tuvimos el tema de Espert, el tema de ANDIS, el tema de Libra, erosionan claramente ese segundo mandato. Y el caso de Adorni en particular, porque es mucho más permeable socialmente. Es un tipo, yo te diría, de irregularidad (habrá que ver si es delito), que la gente lo entiende muy fácilmente y que genera mucha irritación. Esta idea de alguien ordinario, común, que de pronto al acceder al cargo empieza a tener un nivel de vida o de consumo, de compras de inmuebles y demás, que no ocurría antes. Eso es muy fácil de entender. Entonces, eso erosiona el capital simbólico de Milei y del proyecto libertario en este otro aspecto. Entonces, yo creo que van juntos. La pregunta siempre es: bueno, si la economía estuviera fluyendo, creciendo y la gente estuviera bien, ¿le prestarían atención a esto otro? Bueno, probablemente un poco menos o toleraría un poco más, pero claramente se retroalimentan.

¿Por qué el gobierno sostiene a Adorni? ¿Quién es? ¿Milei o es Karina Milei?
Bueno, hubo una evolución en ese proceso. Adorni es reconocido y ascendido a jefe de Gabinete por decisión de Karina y siempre fue una figura que representaba a Karina. Cuando él se sentaba en una reunión con gobernadores o con legisladores, aunque hubiera otros ministros, él era, a los ojos, repitiendo un poco la frase de Macri respecto a Marcos Peña: “mis ojos y mis oídos”. Eso era Adorni, era el veedor, el controller. Entonces, hasta ahí era de Karina. Cuando estalla el escándalo, primero por el viaje, después por las propiedades, y sobre todo en las últimas semanas, yo creo que ahí hubo una rotación, porque Milei se convenció de las explicaciones de Adorni y lo adoptó férreamente desde un punto de vista más emocional. Entonces, hoy el verdadero guardián de Adorni es Javier Milei. Karina, según la reconstrucción que yo pude hacer, está más permeable a lo que está pasando dentro del gabinete, probablemente de una mirada un poco más racional, y creo que es la que está midiendo el impacto negativo que está teniendo sobre el gobierno todo este episodio. No sé si alcanza para decir que le soltaría la mano, pero hoy me queda más claro que han mutado los roles y que es Javier Milei el principal sostén público y privado de la continuidad de Adorni.
¿Patricia Bullrich es un átomo suelto? Ella presentó incluso antes la declaración jurada que Adorni. ¿A qué está jugando?
Bueno, Patricia Bullrich es un mix entre lo que ella representa, que siempre fue un proyecto personal, tratando de crecer, de aspirar, de buscar su lugar y su momento; por eso ha tenido tantas oscilaciones en su carrera política, hoy enmarcada dentro de una fuerza que tiene un liderazgo absoluto, que es el de Javier Milei. Entonces, yo creo que Patricia Bullrich, de alguna manera, está buscando despegarse de los efectos nocivos de todo esto que estamos contando y mostrándose que ella es ligeramente distinta, que está dispuesta, por ejemplo, a presentar la declaración jurada antes o a contradecir al presidente diciendo que tiene que apurarlo a Adorni para que presente su declaración de bienes. Me parece que ella está queriendo demostrar que no es parte de lo mismo, que no está dispuesta a acompañar ciegamente a Adorni y al gobierno hasta las últimas circunstancias. En todo caso, explorará siempre su camino, lo ha hecho siempre, y yo creo que ahora es una figura apoyada en indicadores favorables de la sociedad: tiene indicadores de imagen positiva bastante altos, siente que tiene espalda como para poder marcar que ella no es exactamente lo mismo o que no está dispuesta a pagar el costo político de sostener a Adorni, por ejemplo.
En el libro mencionás que hay un consenso de distintas áreas, desde las organizaciones, empresarios, políticos, hasta la justicia, en que hay un estancamiento social, político y económico de la Argentina. Eso lo escribías en 2023. ¿Hoy crees que sigue ese consenso de estancamiento?
Bueno, en realidad la idea del libro en ese aspecto era que la Argentina había logrado, porque coincidió también con los 40 años de democracia, había logrado subir un escalón desde el punto de vista institucional y la democracia se había consolidado con sus déficits y sus variantes, pero básicamente el sistema funciona, hay elecciones regularmente, hay alternancia del poder, el sistema básicamente funciona. Y que la Argentina no había logrado dar ese escalón. Y respecto a esto, hay un consenso absoluto. Hay como una lógica de la restitución democrática que es compartida por todos los actores. Hoy nadie podría atreverse o pagaría un costo muy alto de hacerlo de ir en contra de ese consenso básico que se fue gestando a partir de los 80. No ocurrió lo mismo en el plano económico, y ese creo que es el déficit que arrastra, que es decir, cuál es la matriz productiva, cuál es el modelo que corresponde a la Argentina, que puede sacar a la Argentina adelante, que sea estable en el tiempo y que sea inclusiva socialmente. Es decir, que pueda abarcar toda la heterogeneidad de la sociedad argentina. Y en ese aspecto yo veo que todavía no está del todo resuelto, pero sí me da la impresión de que Milei ha sido exitoso en instalar algunos ejes que yo creo que lo pueden prorrogar incluso sin el propio Milei. Por ejemplo, esta idea del equilibrio fiscal, fíjate que hoy todos los actores, incluso el peronismo, dicen que hay que tener equilibrio fiscal. Me parece que ahí hay una lección aprendida o daría la sensación. El tema del equilibrio macroeconómico, es decir, no adulterar la economía con anabólicos de distinto tipo, sino transparentarlo, creo que en eso hay algún consenso. Después, en el resto, todavía hay muchas diferencias. Hay actores que dicen, que el Estado debería tener algún rol mayor, otros no. Me parece importante ir angostando el nivel de disidencia, que es lo que ocurre en los países más estables y desarrollados. Los gobiernos tienen un margen de acción más acotado. Hay una traza general que la comparten, incluso en el plano económico. Entonces, vos podés graduar un poco más de liberalismo o de estatismo, pero en dosis mínimas. Esa es la discusión: un programa sí o no, un proyecto de un gobierno, pero hay una línea económica macro que se sigue. Y eso es lo que ha carecido la Argentina durante todo este tiempo y lo que demandan los actores que juegan un papel importante, inversores, Fondo Monetario Internacional, todo el tiempo quieren saber qué viene después. Pasaba con Macri también. ¿Y después qué viene? ¿Y quiénes son los posibles? Y hoy ocurre lo mismo. Dicen, bueno, Milei es esto, con lo bueno y lo malo sabemos lo que es. Si Milei no gana el año que viene, ¿cuál es la alternativa? ¿Mantendría parte de esto o no? Esa incertidumbre, si se pudiera reducir porque hubiera un cierto consenso de que hay algunos aspectos básicos que se van a respetar, sería tremendamente positivo para la Argentina porque mantendría un horizonte de previsibilidad que es lo que demandan inversiones grandes, actores, jugadores globales que están mirando la Argentina con atractivo, pero que todavía le pesa la luz amarilla del pasado. Dicen, bueno, pero “ojo que la Argentina cada vuelta electoral cambia de rumbo, ¿no?” Entonces, están calculando eso también en esto que mencionás.

¿El gobierno está esperando a que llegue el Mundial para que perdamos de vista un poco lo que están haciendo y concentrarnos en eso?
El Mundial es un anestésico natural para una sociedad como la argentina que te permite salir del spot permanente y en ese sentido te puede generar un alivio, pero no te resuelve los problemas. Es decir, voy a tomar un analgésico y con eso resuelvo el problema. Está claro que la sociedad va a girar la atención por un tiempo, un mes, pero la política y la economía siguen. Y si el gobierno entiende que el Mundial es un alivio y no hace nada aprovechando eso, va a perder una oportunidad. Dentro del gobierno hay actores que están planteando la idea de que el Mundial puede ser una oportunidad para hacer algún replanteo interno, para tomar algunas definiciones políticas y para, de algún modo, cuando la tensión termine del fútbol y se pase nuevamente a la coyuntura, el gobierno pueda mostrar un vigor que le ha costado en estos meses del 2026.
De lo que va del año, tuvo un verano muy exitoso, aprobó todos los proyectos en el Congreso, y ese proceso casi mágicamente terminó el primero de marzo, cuando Milei va al Congreso y un poco se mostró victorioso. A partir de ahí empezaron las penurias: empezó el recambio en Justicia, que trajo muchos problemas internos y en tribunales; empezó el caso Adorni, la economía empezó a manifestar esta sensación de estancamiento. Entonces, el gobierno, si aprovecha el Mundial para revisar estas cosas, yo creo que sería una decisión inteligente.
“La Justicia tiene un nivel bajísimo de aceptación”
Hablaste del tema Justicia y es algo importante. ¿Por qué crees que siempre en la sociedad se menciona quizás la “casta política”, la “casta de los medios”, y nunca se habla tanto de lo que pasa en el Poder Judicial?
Quizás porque es complicado. Porque es un universo que la gente en general desconoce. Los tribunales federales, el Fuero Federal de Comodoro Py, el Penal, es algo que la gente lo siente muy lejano, no son personajes que aparezcan públicamente hablando, dando entrevistas; entonces, y la gente no entiende, no tiene acceso, entonces genera sospechas, suspicacias, conspiraciones, porque permite eso, ¿no? Pero tiene la justicia un nivel bajísimo de aceptación a nivel de imagen a nivel público. La imagen es muy mala y es muy mala en términos generales cuando la pregunta tiene que ver con si usted cree que la justicia tiene un trato preferencial para los que tienen más poder. La gente te dice 80% que sí. Es decir, que el hecho de que por ahí no esté tanto en la conversación no quiere decir que no haya una construcción de idea social de que la justicia es ineficiente, es lenta, no es reparadora. Es decir, la justicia no logra tener desde la perspectiva social el rol de compensación o de reparación que siente frente al costo que le genera el establishment político o económico.
Hoy en día hay recortes en toda la todas las áreas del gobierno, menos en el Ministerio de Justicia. ¿Por qué esa diferencia?
Yo creo que el Ministerio de Justicia, desde la llegada de Juan Bautista Mahiques, se ha transformado en un ministerio absolutamente crucial porque tiene en su poder la capacidad de designar centenares de jueces, a partir de la justicia del atraso que tenían los distintos gobiernos, pero que este gobierno también quedó paralizado en los dos primeros años. Entonces, hay allí un manejo de poder que tiene que ver no solamente con la posibilidad de compensar o acercarse a ese poder que está detrás de los tribunales, sino también de poder negociar con los gobernadores, con legisladores, porque hay muchísimas vacantes en el interior del país. Por ejemplo, hay vacantes de juzgados electivos. Para un gobernador, el juez con competencia electoral es absolutamente clave. Entonces, se generó una concentración de poder muy grande en el Ministerio de Justicia y por la implicancia de algunas causas sobre el poder político, el propio presidente, su hermana, Adorni, caso Andis, caso AFA, etc. Entonces, hoy hay una posibilidad de influir sobre ese entramado. Yo te diría que no lo ha tenido ningún otro gobierno por esa gran cantidad de vacantes que hay. Entonces, yo creo que ese premio presupuestario tiene que ver también con eso, con de algún modo destacar el papel del Ministerio de Justicia. Fíjate que la otra partida que subió, subieron solo dos partidas en ese contexto de recorte, el otro es el de la Corte Suprema y el Consejo de la Magistratura, los dos órganos que conduce Horacio Rosatti. Entonces, parece que ahí hay un mensaje, más allá de que si vos hablás con ellos te van a explicar que en realidad eso es pagos atrasados, incrementos que quedaron postergados, o sea, no quiere decir que van a tener más plata, pero en un contexto en que hubo recortes como hasta del 38% en el Ministerio del Interior, bueno, el Ministerio de Justicia tuvo 16% a favor.
En una de tus columnas pusiste jueces sí, plata no. ¿Eso define todo, no?
En la negociación con los gobernadores, eso apareció muy fuertemente porque recortaron el Ministerio del Interior, que es el que tiene buena parte de la relación con los gobernadores, que en general los gobernadores lo que demandan son fondos, y ahí hubo un ajuste muy grande. Por el otro lado, aparece esta idea de la posibilidad de consensuar la designación de los jueces, y bueno, evidentemente, hay una mayor disposición a decir, acordemos el tema de los pliegos que se mandan, y con esto descomprimimos un poco la cuestión económica, aunque una cosa no tenga que ver directamente con la otra. Y un dato adicional que me parece importante, que también lo marcaba en ese texto: el ministro Luis Caputo, en una reunión de mesa política de hace dos meses, que generó bastante revuelo cuando se filtró, había planteado la idea de lograr un acuerdo con los gobernadores rápido, ahora, para dar una imagen de gobernabilidad hacia afuera y justamente reducir el riesgo “kuka”. Ese planteo no fue del todo aceptado por Karina y hubo como un contrapunto y quedó la cuestión allí. Pero él estaba a favor de un acuerdo con los gobernadores, una decena de gobernadores y rápido, no el año que viene. Ahora parece haber una incongruencia porque el principal recorte es con las provincias, a través del Ministerio del Interior, pero también a través de programas de salud y de educación. Entonces, ahí me parece que hay un desequilibrio entre la idea de acordar y la idea de recortar fondos a las provincias.
¿Y en el caso de Mahiques, sentís que hoy se siente con poder al mirar el Senado? Porque, por ejemplo, su padre Carlos Mahiques va a tener cinco años más dentro de la justicia. ¿Crees que ve algo positivo dentro de eso?
Sin ninguna duda, hizo una interpretación, quizás hizo una sobreinterpretación. De ahí salió esta idea de tratar de reflotar la negociación por la Corte, que después dijo que no, que todavía no lo habló con Milei, pero claramente él tiene esa idea. Yo creo que hay que leerlo con detenimiento a esos 58 votos. Parece que esos 58 votos para extenderle el plazo al padre como juez, como camarista, fue una construcción política con sectores políticos del peronismo que están dispuestos a acordar con el gobierno a cambio de nombramientos que también los favorezcan. Y este sector son algunos gobernadores y sus representantes en el Senado. Entonces, en esta negociación fue absolutamente exitoso, logró 10 por arriba de los dos tercios, y por eso apareció este entusiasmo por tratar de reflotar la negociación por la Corte. Y yo creo que en la medida en que Mahiques siga haciendo este juego de compensaciones, porque designa a familiares de los jueces, designa jueces que tienen relación con los gobernadores, es decir, va premiando a todos en este gran paquete que puede ofrecer, esa negociación puede seguir. En esa negociación están sentados, insisto, gobernadores, legisladores y algunos jueces que no son del bando de Mahiques, por decir de alguna manera. Pero ahí se abrió una ventana que ha perforado el bloque kirchnerista como no había ocurrido hasta ahora. Incluso el pliego de Mahiques votaron algunos actores extraños para que hayan votado en contra de los intereses del kirchnerismo. O sea, yo te diría que la oleada arrastró todas las orillas del kirchnerismo, le quedó el núcleo duro. Eso no había ocurrido hasta ahora. Vos tenías los votos de Salta, de Tucumán, de Catamarca, que son los aliados naturales, pero en la votación de Mahiques, esa ola se extendió mucho más. Entonces, demostró que hay un sector más ancho dispuesto a conversar y a negociar. Si en la distribución se ponen de acuerdo.
El año que viene son las elecciones. ¿A qué crees que le tenemos que prestar atención? ¿A la economía? ¿A algunas causas judiciales?
Yo te diría que, como concepto general, más que un tema, yo sigo transitando la idea, y en el libro yo le dediqué un apartado al tema del tercer año de los gobiernos, porque el tercer año de los gobiernos suele ser traumático por distintas razones, pero en general colisionan porque es el año en el que tienen que gobernar. No hay elecciones; en el segundo y en el cuarto año hay elecciones, entonces todo se ordena en función de las elecciones y no es el primer año donde en general están viendo cómo se posicionan, dónde está la botonera, cómo se maneja el Estado. El tercer año es el año despejado, ¿no? Donde vos tenés toda la ruta para gestionar. Y en general, tropiezan allí. Yo cuento en el libro un poco los antecedentes del 2014 de Cristina con Kicillof, que hacen la devaluación a principios del 2014 y a partir de ahí ya no pueden recuperar la iniciativa. En el 2018 es el año que Macri termina yendo a pedirle plata al Fondo Monetario, devalúa, entra en una situación irrecuperable a partir de entonces. Y en el 2022 le pasa a Alberto Fernández con la salida de Guzmán y ahí tienen una crisis, el mes ese que estaba Batakis y asume Massa, y ya de entonces empiezan a desordenar la economía de manera muy brusca y no se recupera más. No quiero decir que a Milei le vaya a pasar lo mismo, pero sí estamos viendo un tercer año, que es el de gobierno, el de la gestión, en el que vos tenés que desarrollar tu programa en todas sus dimensiones. Y además, en el caso de Milei, como le pasó a Macri, no a Alberto, ganaste la de medio término y eso te da un plus en términos políticos. Entonces, yo creo que este es el año para mirar qué es capaz de hacer Milei como gobernante o qué es capaz de ofrecer este proyecto político. Porque más allá de este tema electoral, la verdad es que falta una eternidad para las elecciones, el gobierno tiene posibilidad de tomar medidas que después se pueden revertir en términos de impacto de opinión pública; es el año para gobernar. Yo miraría cuáles son las capacidades del gobierno en términos de prestaciones, de establecerse, de mostrar un modelo de gestión articulado, sustentable, que uno diga, bueno, más allá de los vaivenes electorales, acá hay un proyecto consistente que probablemente repercuta en el 2027 en términos de posibilidades electorales. Entonces, yo miraría eso: el funcionamiento del gobierno, obviamente la recuperación de la economía, el gobierno debería llegar con indicadores mucho más positivos que lo que está mostrando hoy, cierto ordenamiento político. Si el gobierno llega en esas condiciones a fin de año, es muy probable que el año que viene pueda reelegir. Me parece clave demostrar que este es un gobierno con esas capacidades, que puede dar respuestas a esas demandas. Después entrás en el período electoral donde todo se distorsiona, empiezan los cruces y demás. Pero si la gente tiene en mente que en el año que podía gobernar sentó las bases de un proyecto mucho más consistente, bueno, yo creo que ese es el punto crucial para evaluarlo.
