La hora de las responsabilidades

Por Romina Manguel

El 2026 aparece como un punto de inflexión frente a los discursos de odio. Expresarse en esos términos tiene su costo, parece haber dicho la Justicia que está a punto de coronar dos casos públicos con sonadas decisiones. La ex diputada y actual legisladora Vanina Biasi y el todavía juez federal de Mar del Plata Alfredo López son los dos nombres que pueden sentar precedentes en este año que recién comienza.

¿Dónde se cruzan los caminos de la legisladora y el juez? Justamente en sus expresiones de odio. Aunque responden a matrices ideológicas diferentes -Biasi desde la izquierda y López desde la derecha-, en definitiva encarnan dos formas clásicas de antisemitismo que se amparan en lo que hoy sucede en Medio Oriente para justificarse. Una va camino a juicio oral. El otro enfrenta una muy probable destitución en el marco de un juicio político.

Los dos tienen la responsabilidad de ser funcionarios públicos. Tienen una mayor exposición y sus dichos tienen mayor peso también, por eso tienen mayor responsabilidad. 

Y en el caso de un juez federal tiene que resolver muchas veces sobre los bienes, sobre la libertad, sobre muchas situaciones que tienen que ver con derechos esenciales de las personas, por lo cual su pensamiento es esencial. La Constitución consagra la igualdad ante la ley y el derecho a la libertad religiosa, y tenemos a un juez federal y una legisladora que no creen en eso. Ni hay que adentrarse en tecnicismos para que sea evidente lo que esto genera.

Que tranquilidad la de cualquier ciudadano judío que tramite una causa en el juzgado de López después de haberlo leído diciendo que “los judíos son ratas”. Para él los judíos no son argentinos. Entonces ¿qué ley les aplicaría? Esto no se infiere. Es explícito. 

Organizó una encuesta para ver si eran más leales a la Argentina o a Israel.

Publicó una foto con dos marionetas bajo el rótulo “la nueva derecha”. Las marionetas proyectaban sombras: una con forma de demonio y otra con una menorá, símbolo del judaísmo.

Luego se enfrentó en redes con un tuitero que se identificaba como judío y le dijo: “Usted sobra, usted es judío, usted sobra y se tendría que ir del país”. Cuando su interlocutor le preguntó: “¿Pero hay igualdad ante la ley?”, respondió: “No, no hay igualdad ante la ley. Lea el artículo 2 de la Constitución”.

El artículo 2 establece que el Estado sostiene el culto católico apostólico romano. Lo que verdaderamente sobra, doctor, son las expresiones antisemitas.

Dará las explicaciones pertinentes ante el Consejo de la Magistratura que en más de dos décadas se enfrenta por primera vez a una denuncia de un magistrado por antisemitismo.

En el caso de Biasi -que ya fue tratado ampliamente en este medio- dará las explicaciones ante un tribunal sentada en el banquillo de los acusados tras la decisión tomada por el juez Daniel Rafecas y ratificada por la Cámara Federal y la Cámara de Casación penal. Todas las instancias. Para tratarse de una conspiración que busca perseguir políticamente, son demasiados magistrados los que están de acuerdo en sostener los argumentos para enviarla a juicio oral que realizará por sorteo el juez federal Marcelo Martinez di Giorgi.

En el caso de López, hay un detalle que no pasa inadvertido: las fuerzas políticas que se han manifestado en distintos temas en las antípodas ideológicas sumaron fuerza para llevar adelante la acusación en el Consejo de la Magistratura. Si se replica lo sucedido en la Comisión de Acusación en el Plenario, que es donde están representadas todas las fuerzas, López podría ir despidiéndose no de su antisemitismo, pero sí de su cargo.

La delgada línea entre las expresiones de odio y el derecho a expresar libremente las opiniones es un debate que de una manera u otra tanto la ex diputada como el juez intentaron poner en el centro del debate a la hora de defenderse. Bienvenido sea. 

Una de las regulaciones de la libertad de expresión es que no puede ejercerse ningún tipo de censura previa. Y claramente en ninguno de los casos existió porque de manera brutal ambos, tanto BIasi como López dijeron lo que quisieron. Si no, ni siquiera estaríamos escribiendo este artículo. Ahora eso no da inmunidad. 

Pero puede haber responsabilidades ulteriores o posteriores. ¿En qué caso? Bueno, justamente cuando se alimentan, por ejemplo, los discursos racistas, de odio, de discriminación. En Argentina tenemos una ley antidiscriminatoria. Entonces, ahí, justamente se define ese límite. ¿Es absoluto? No. En cada caso hay que valorarlo. El juez evalúa si realmente lo que se está diciendo es una opinión legítima, aunque sea polémica, o es una opinión que cruza ese límite establecido en la ley. 

Es, en cada caso, opinable. Es cierto. Pero la Argentina adoptó la definición de antisemitismo elaborada por la IHRA, un organismo internacional de cooperación del que nuestro país forma parte. Esa definición -con la que algunos acuerdan y otros no- también fue incorporada por numerosos Estados y, en el plano local, por distintos organismos, entre ellos el propio Consejo de la Magistratura. Allí se establecen, luego de una explicación conceptual sobre qué se entiende por antisemitismo, una serie de ejemplos prácticos, justamente porque se trata de una definición operativa. Y varios de esos ejemplos podrían encuadrar, sin forzarlos ni un milímetro, en los casos de Biasi y de López.

Ambos tuvieron sus instancias de defensa. Ahora las miradas están puestas en el caso de Biasi en el debate oral y en el caso de López en la responsabilidad de la Comisión de Acusación de acusar o no y después, que el Plenario ratifique. 

Defensas que radicaron principalmente en la idea de persecución ideológica alimentada por el lobby judío constituido por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y el Foro Argentino contra el Antisemitismo (FACA). Nada nuevo. Ni casual. Ambos fueron denunciantes en las causas contra López -en el caso de FACA a través de la diputada Sabrina Ajmechet- y Biasi.

López dejó, además, una perlita. En el marco de su defensa -que incluyó el acompañamiento de más de 50 personas y la negativa a cualquier gesto de arrepentimiento, aun después de que le exhibieran la innumerable cantidad de tuits cuestionados- aseguró que jamás, a lo largo de toda su carrera, había sido denunciado. Y que esta presentación era, justamente por eso, una venganza.

En ese mismo momento, el consejero Rodolfo Tailhade lo corrigió: sí había tenido una denuncia, y la había impulsado él mismo, por haberse fotografiado entregándole un premio a Alejandro Biondini y por otra imagen junto a un Falcón verde “en defensa de las dos vidas”.

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