Tragedia del ARA San Juan: “Este juicio no es para buscar la verdad”

Juan Pablo Vigliero, abogado defensor del ex capitán de navío Claudio Javier Villamide, habla a fondo con Quorum en medio del juicio por el hundimiento del submarino, ocurrido en noviembre de 2017.

El 15 de noviembre de 2017 a las 10:55 de la mañana el ARA San Juan implosiona en el fondo del mar. La presión del agua vence a la estructura y el submarino colapsa. Pasaron más de ocho años del hundimiento del submarino que dejó un saldo de 44 tripulantes muertos y todavía nadie puede explicar qué pasó.

El 3 de marzo pasado comenzó el juicio contra cuatro altos mandos de la Armada: el contralmirante (RE) Luis Enrique López Mazzeo; el capitán de navío Claudio Villamide; el capitán de navío (RE) Héctor Aníbal Alonso y el capitán de fragata (RE) Hugo Miguel Correa. Todos están acusados como presuntos autores de incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de deberes del oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte.

“Este juicio no está para buscar la verdad”, suelta Juan Pablo Vigliero, abogado de Villamide, en una extensa entrevista con Quorum. “Entre las 8 de la mañana y las 10 y pico del 15 de noviembre de 2017 algo sucedió que nadie sabe al día de hoy qué fue lo que pasó. Pierden el control de la nave y la nave se va a pique y colapsa”, explica sobre el momento de la tragedia.

Vigliero detalla cómo fueron las horas previas. Durante la madrugada, tras reportar el ingreso de agua y un principio de incendio, el capitán del submarino aseguró tener la situación bajo control. Desde tierra, Villamide ordenó suspender la patrulla y regresar. Horas después, un parte oficial informaba que no había heridos y que la nave continuaba operativa.

Según Vigliero, la comunicación prueba que la tripulación mantenía el control del ARA San Juan hasta poco antes del desenlace. “La implosión es como una lata de gaseosa que se comprime. La presión del agua vence a la presión interna. Eso pasa cuando el submarino supera la profundidad de colapso. ¿Por qué llegó a esa profundidad? Porque se vino a pique. ¿Y por qué se vino a pique? Porque la tripulación ya no lo controlaba”, entiende.

A partir de esa secuencia, el abogado plantea que pudo haber existido un evento súbito dentro de la nave. “Evidentemente puede haber habido una acumulación de gases o alguna explosión interna que haya intoxicado o incapacitado a la tripulación. Al no tener el gobierno de la nave, el submarino se va al fondo”, sostiene.

“No estaba en malas condiciones”

Vigliero rechaza de plano la hipótesis que sostiene la acusación contra Villamide y el resto de los imputados: que el submarino estaba en malas condiciones. “Si hubiera tenido agua adentro, no implosiona, porque compensa la presión interna con la del mar. Si implosionó a más de 600 metros, eso demuestra dos cosas: primero, que no tenía agua adentro; segundo, que la estructura estaba en buen estado. No es que es inexacto, es mentira que estaba en malas condiciones”, afirma.

El submarino ARA San Juan zarpó de Ushuaia el 8 de noviembre de 2017 con 44 tripulantes. El 15 de noviembre perdió contacto con tierra.

En esa línea, defiende el accionar de su defendido y el principio de autonomía de los comandantes en alta mar. “¿Cómo desde un escritorio le vas a decir a un comandante en medio de una tormenta lo que tiene que hacer? El que mejor aprecia la situación es el que está en el mar. Si ese comandante no se declara en emergencia y te dice que tiene control de la nave, ¿por qué vas a pensar lo contrario?”, plantea.

Otro aspecto que cuestiona el abogado es el proceso interno que derivó en la salida de su defendido de la Armada. Según explica, el Consejo de Guerra que evaluó su conducta no estuvo integrado por especialistas en submarinos. “El mandato político era que alguien tiene que pagar los platos rotos”, afirma.

“La Armada debió haber hecho un consejo entre pares con submarinistas y con hombres de mar para juzgar el comportamiento de Villamide. Por diferentes motivos, largos de explicar en esta entrevista, algunos claros y otros oscuros, no se hizo. ¿Y quién termina haciendo el consejo de guerra? El Estado Mayor Conjunto y un señor como Villamide que tiene 37 años de antigüedad, 20 y pico como submarinista. ¿Saben quién lo destituye? El presidente que es un agrimensor. El agrimensor Rossi, que es primo del que era ministro en ese momento. Otro señor Paleo, que era general de cuerpo comando, que no entendía esto de la autonomía de los comandantes. Y el otro señor, de Fuerza Aérea. Es decir, un aviador, un señor que no entendía nada y un agrimensor, ningún especialista”, cuenta en la entrevista con este medio.

El capitán de navío Claudio Villamide está siendo juzgado por los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de deberes del oficio y estrago culposo agravado.

Para Vigliero, el problema no es solo lo que ocurrió en el mar, sino lo que pasó después en tierra. Entre otras cosas, dice que la investigación se construyó sobre documentación “imprecisa o desactualizada” y critica que nunca se haya realizado un peritaje técnico integral. “Cuando llegás al juicio oral y empezás a escuchar a los testigos, te das cuenta de que muchas de las cosas que se afirmaban no eran así”, señala.

“La sociedad necesita un culpable”, plantea, y describe ese fenómeno como la búsqueda de un responsable que cierre la angustia colectiva por las 44 muertes.

Mientras tanto, su defendido lleva ocho años bajo sospecha. “Tiene la vida parada”, resume el abogado, al referirse a la situación de Villamide, quien fue apartado de la Armada tras más de tres décadas de carrera. El Estado invirtió 37 años en Villamide, que compitió con otros oficiales para llegar a las máximas jerarquías posibles. Y un buen día a la casa, a cortar el pasto. Hoy vive haciendo suplencias de navegaciones en la Marina Marcante. Es ingrato el Estado y además también si el caso avanza contra Villamide es una afrenta a la memoria de los tripulantes y de su comandante porque si el submarino no estaba en buen estado, quiere decir que los tripulantes no controlaron el buen estado del submarino. Y esto no es así, esto no es verdad”, afirma.

“Algo falló, claro. Si no, no habría muertos”, reconoce. Pero enseguida traza la línea que, a su criterio, el juicio todavía no logra atravesar: determinar si ese fallo fue evitable o si se trató de un hecho imposible de prever. En esa zona incierta -entre lo que se sabe y lo que no- sigue hoy anclada la causa por el ARA San Juan.

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