Comodoro Py es pet friendly 

Entre expedientes y audiencias, en los tribunales federales de Retiro también se teje una historia silenciosa de rescate y cuidado: policías, funcionarios y empleados convierten a Comodoro Py en refugio para animales abandonados, donde la consigna es clara: ninguno vuelve a la calle. 

A lo largo de los años, perros perdidos, gatos sin dueños, hembras preñadas, cachorros hambrientos, encontraron en los tribunales federales de Retiro alimentos, vacunas, cuidados y una red de solidaridad y compasión que muchas veces terminó en adopciones gracias a los esfuerzos de policías, fiscales, secretarias, ordenanzas y jueces. 

“Los animales que llegan acá, no vuelven a la calle”. Con la misma seriedad con la que un magistrado diría que “nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho”, la sargento Chechu nos confirma que los perros y gatos que han ido apareciendo por distintas circunstancias a Comodoro Py, fueron cuidados, alimentados,protegidos y, en muchos casos, consiguieron una familia. 

En el tercer piso, Cecilia vigila con rigor las inmediaciones del juzgado de la jueza federal María Servini, pero su pasión por los animales la llevó a convertirse en ayudante veterinaria, a estudiar, a someterse a exámenes y sacarle tiempo al descanso para prepararse y auxiliar no sólo a perros y gatos. Chechu se ocupó y cuidó de caballos, tortugas y hasta lechuzas. 

Dos pisos más arriba, a punto de cumplir 33 años de servicio, la suboficial Anita controla los alrededores de las oficinas de las fiscalías federales. Pero, como su colega, siente un amor incondicional por los animales, que se traduce en colaboraciones con refugios, rescatistas, protectoras y, en su lugar de trabajo, con una siempre presente bolsita con balanceado “como para salir del paso”. 

Chechu y Anita se ríen cuando, en broma, dicen que “tienen jurisdicción” en el Correo Argentino, a una cuadra de los tribunales federales. Hasta allí llegaron durante semanas para darles de comer a unos gatitos abandonados. Pero no están solas. 

Los funcionarios tampoco se quedan atrás cuando se trata de ayudar. Una caniche -que luego se supo había llegado a Comodoro Py con su dueño, quien debía acreditar ante la Justicia que no se había ausentado- apareció desorientada en el estacionamiento. En cuestión de horas, las redes sociales se poblaron de publicaciones de empleados, secretarios y ordenanzas que difundían fotos de la perrita para dar con sus dueños. Al día siguiente, finalmente, fueron a buscarla. No se fueron sin antes recibir un tirón de orejas de quienes, con razón, recuerdan que una mascota no se olvida: es parte de la familia.

Zorrito, Negro, Toto, Panchito 

Una mañana muy calurosa a principios de enero de este año, apareció en Comodoro Py un perro flaco, desorientado, sin chapita. Fieles a la consigna de que a los animales que llegan no se los abandona, los policías del edificio fueron a su destacamento para buscar algo de comida. El perro comió, durmió y desde entonces pasó a ser “Negro”, la sombra de Sergio cuando inspecciona el edificio, cuando recorre el predio. Sólo se separa cuando el policía al que ha elegido como su dueño sube a los ascensores, les tiene terror. Pero todos vemos a “Negro” en el estacionamiento, en el hall central, junto a la cafetería, cerca del SUM. Basta verlo para saber que Sergio está cerca. 

Miles de personas van cada día a Comodoro Py. Nadie se ha quejado, ni pedido que sacaran a “Negro” de los pasillos, o del subsuelo. Nadie. Y con el cariño que le tienen, lo recomendable es ni siquiera plantear la posibilidad de matenerlo lejos, o peor aún, atado en el destacamento. “Negro” recibió enseguida un collar tricolor que le regaló la secretaria privada del Juzgado Federal 9, Ahora tiene uno “animal print”. 

Este nuevo perro le hace compañía, sin el menor conflicto, a “Zorrito”, que ya está un poco viejo, camina lentamente y no da vueltas dentro del edificio todo el día como “Negro”. Lo hacía cuando recién llegó, hace unos seis años, pero ahora descansa, se echa al sol en el pasto, recibe caricias, come y, eso sí, recorre con los policías el predio de Comodoro Py. Esa rutina no la perdió. 

Pero no sólo es conocido por quienes están en contacto con él. Hace menos de una semana, un funcionario con rango de juez sorprendió diciendo que “ojalá ‘Zorrito’ viva muchos años más”. No “el perro viejito”, no el “blanco y negro”. No, “Zorrito”, conocido por su nombre y protegido por todos en los tribunales de Retiro. 

“Pancho” también apareció en Comodoro Py sin que se supiera de dónde. Cuidado, mimado, su historia terminó con una adopción. Cuando la sargento primera Patricia Pedraza de Salva se retiró, abandonó la fuerza y las largas jornadas en Retiro, no se sintió capaz de dejar al perro atrás. No se imaginó sus mates sin “Pancho”, ahora que tendría tiempo para compartir con él, para pasear, para jugar. Y “Pancho” dejó los tribunales para cambiarlos por la casa de la policía retirada, donde es feliz y malcriado por ella. 

“Toto” sí se sabe cómo llegó. Lo hizo corriendo detrás de un patrullero en el que estaba su dueño, detenido y camino a la alcaidía. No pudo pasar y comenzó a dar vueltas. La cronista de un canal de noticias lo llevó a la sala de periodistas y allí se quedó unos días, alimentado por ella y con la colaboración de los ángeles de la guarda de las mascotas que a simple vista parecen secretarias, fiscales y ordenanzas. Aparecieron un comedero, un recipiente para el agua y una bolsa de balanceado, que disfrutó mientras estuvo en la sala. Nadie sabe con certeza qué pasó con él, pero hay quien cree recordar que se lo llevó un ordenanza a su casa del Gran Buenos Aires, donde tenía patio y otros dos perros. 

“Difundamos en las redes a ver si alguien quiere un cachorro”. Chechu y Anita siempre consiguieron que los empleados de Comodoro Py usaran sus redes sociales para conseguirle un hogar a los perros perdidos, pero también a los nacidos en el enorme predio, sobre los que alguien avisó. 

“¿Te acordás cuando iba de aquí para allá una ordenanza con una caja llena de gatitos?” le pregunta Chechu a Anita, dando por cierto que no lo ha olvidado. “Sí, claro, en dos horas estaban todos ubicados”, le contesta su colega. Los cachorros, solos, sin su madre y metidos en una caja, fueron encontrados, difundidos y adoptados en una mañana. 

Una perra preñada a punto de parir fue hallada cerca del estacionamiento trasero, a metros de donde están los contenedores que albergan toneladas de papeles de las causas que tramitan en los 12 juzgados federales. Allí, dolorida, sola, descuidada, una perra joven estaba armando una paridera. Tuvo cinco cachorros, todos sobrevivieron, ella también pese a la precariedad en la que se encontraba. Las redes sutiles de la protección, del amor por los animales, se pusieron una vez más en marcha. Uno fue a sumarse a la familia de la secretaria de una fiscalía, que muestra orgullosa las fotos del cachorro con sus hijos; la madre, también adoptada, todo gracias al boca a boca que hizo circular a toda velocidad por los pasillos que había perritos para rescatar. 

“Comodoro”, muy simpático y afectuoso y “Py”, huraño y desconfiado, eran dos gatos adultos que también habían elegido la zona de contenedores para vivir. Dos secretarias federales les llevaban comida todos los días. Varias veces trataron de atraparlos con una transportadora para darlos en adopción, pero siempre se resistieron. Un día, no estuvieron más. Sus benefactoras eligen creer que alguien logró salvarlos y sacarlos de la calle. 

Pipetas, vacunas, balanceado, correas y chapitas. A los rescatados de Comodoro Py no les falta nada. Pero, ¿quiénes se ocupan de pagar esos gastos? Quien tenga una mascota en su casa, sabe lo que cuesta solventar las consultas médicas, el alimento, los desparasitantes… El balanceado suele salir de las oficinas de una fiscalía de Casación. 

Una secretaria ya jubilada aportaba correas, comederos y, muchas veces, comida. Una jueza se hace cargo de pagar las vacunas. Cuando hay que comprar pipetas para que “Negro” y “Zorrito” no tengas pulgas ni garrapatas, se sabe a quiénes y dónde pedir. Hay una suerte de elenco estable que saca la billetera y se ocupa de que las mascotas estén bien alimentadas y protegidas de plagas. 

Cuando hay que pedir ayuda, Anita y Chechu saben que están disponibles las cuentas de los funcionarios y empleados de los tribunales federales para difundir lo que haga falta. 

Más temprano que tarde, todo se consigue porque, ya se sabe, “los perros que llegan acá, no vuelven a la calle”.

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