AMIA: la trama secreta detrás del atentado, reconstruida paso a paso por la Justicia

El juez federal Daniel Rafecas produjo un extracto del procesamiento de los siete iraníes y un libanés a los que considera responsables de la voladura de la AMIA. Allí, en una cronología repleta de detalles y datos sorprendentes, describe quiénes, cómo y cuándo resolvieron que el edificio de Pasteur 633 era el blanco ideal para atacar.

Para el juez Daniel Rafecas, la voladura de la AMIA no fue un hecho aislado ni improvisado, sino el resultado de una operación clandestina que se gestó durante más de un año y que arrancó en Teherán. Todo empezó, sostiene, después del atentado contra la Embajada de Israel, el 17 de marzo de 1992. Ese ataque mostró que una operación de esa magnitud podía hacerse en el centro de Buenos Aires, lejos de Medio Oriente, en un país con el que Irán mantenía relaciones diplomáticas normales. Para quienes decidían en Teherán, la Argentina volvió a ser un lugar apto para enviar un mensaje de alcance internacional.

El resumen se detiene en un personaje de importancia singular en este entramado: el activista religioso iraní Mohsen Rabbani, quien se movía entre mezquitas, centros culturales y espacios de la colectividad chiíta, reunía información, conocía los movimientos de la comunidad judía y se manejaba con comodidad en Buenos Aires.

Su rol, dice Rafecas, con el tiempo pasó de expandir la influencia iraní a informar y preparar el terreno, cuando la teocracia resolviera definitivamente atacar Pasteur 633. A fines de marzo de 1993 llegó desde Irán Alí Asghar Hejazi, un hombre del círculo cercano al líder supremo, para inspeccionar el escenario y reunirse con Rabbani. En la trama aparece también Ahmad Asghari, integrante de la Guardia Revolucionaria que figuraba como tercer secretario de la Embajada iraní pero que, según el magistrado, usaba ese cargo como cobertura para tareas de inteligencia.

El juez federal Daniel Rafecas.

Pero los agresores no se agotaban en ellos tres. Estaba activándose la red libanesa de la Triple Frontera, con Salman Raouf Salman como pieza central, quien tenía amigos y familiares en Buenos Aires, un sitio que conocía bien. Ya en 1992 se lo ve manejando sumas importantes de dinero: su hermano Abdallah había sido detenido en Rosario por intentar cambiar divisas falsas, y Salman pagó una caución de 20.000 dólares.

La elección de la AMIA como objetivo

En junio de 1993, Rabbani y Asghari viajaron a Irán con toda la información reunida a través de sus contactos en Buenos Aires. En agosto explicaron allí cuál era el blanco elegido: el edificio de Pasteur 633, sede de la AMIA y la DAIA. No era un edificio cualquiera: estaba ubicado en un barrio comercial, vibrante, cosmopolita, populoso y encarnaba el corazón del espíritu comunitario de la comunidad judía.

El 12 de agosto, el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, quien moriría en 2024 por un bombardeo de las Fuerzas de Defensa de Israel en Beirut en 2024, se reunió con el líder supremo, Alí Khamenei. Dos días después, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional aprobó el atentado. Rabbani y Asghari no estuvieron en esa reunión: su papel sólo había sido aportar los datos.

La orden bajó por el Comité Vijeh, un órgano del entorno de Khamenei, y por la Fuerza Al Quds hasta Imad Mughniyeh, jefe de las operaciones de Hezbollah en el exterior. Como en el Líbano, Irán no actuaría a cara descubierta, el atentado sería responsabilidad de su “proxy” Hezbollah.

Con la decisión tomada, comenzó el resguardo de los responsables. En marzo de 1994, Rabbani recibió cobertura diplomática como consejero cultural. En abril salió del país la familia de Asghari. El embajador Hadi Soleimanpour anunció que se tomaría «vacaciones» desde el 2 de julio pero se fue dos días antes.

La fase final empezó, según el juez, el 1° de julio de 1994. Ese día Salman recibió en Ezeiza a un integrante del grupo operativo, que entró con documentación paraguaya a nombre de “Hassan Bailoun” y nunca fue identificado.

Después llamó a Foz de Iguazú al coordinador regional, que usaba el nombre de cobertura “André Marqués”. La línea de Marqués tuvo actividad desde la Argentina sólo entre el 1 y el 18 de julio. Salman nunca hizo llamados desde teléfonos propios ni desde un domicilio: usó locutorios y teléfonos públicos, incluido uno de la calle Pasteur, a una cuadra del objetivo.

El más significativo, para Rafecas, fue el de Corrientes 707. Desde ahí llamó Asghari a un abonado en Irán el 3 de julio, y desde ahí Salman se reportó varias veces a la Triple Frontera y al Líbano. El juez concluye que ese lugar unió las dos líneas de la operación, la iraní y la libanesa. El 8 de julio, Asghari usó otra vez ese locutorio y ese mismo día dejó el país para no volver.

Entre el 6 y el 11 de julio, Salman llamó tres veces a un hotel de Colón, Panamá. Al día siguiente del atentado a la AMIA, un pasajero suicida libanés haría estallar allí un avión comercial en el que murieron varios comerciantes judíos, algunos con sus esposas. Hezbollah reivindicó ambos hechos en conjunto, y para el juez esas llamadas sirvieron para coordinar los dos ataques.

La camioneta de Telleldín y el comprador centroamericano

El 4 de julio, una agencia de Villa Devoto entregó a Carlos Telleldín una Renault Trafic usada y siniestrada. El reducidor publicó avisos clasificados para venderla el 9 y 10 de julio. Ese domingo, según contó Telleldín tiempo después, se presentó en su casa un hombre con gorra, extranjero y de acento centroamericano, que dijo llamarse “Ramón Martínez”, pagó, firmó el boleto de compraventa y se llevó el vehículo. Nunca más lo vio.

Para Rafecas era un miembro del grupo operativo con nombre y apariencia falsos. La camioneta estaba armada con partes de distintos vehículos, y la pieza identificatoria fue el motor 2.831.467, hallado entre los escombros: pertenecía a otra Trafic, de la firma Messin S.R.L., incendiada el 7 de marzo de 1994.

Ya estaba el vehículo pero faltaba la carga. El lunes 11 de julio al mediodía, desde el locutorio de Tucumán 2901, a unas seis cuadras de la AMIA, Salman llamó al hotel de Panamá, a Colombia, a Ciudad del Este y, por último, a un comercio llamado “Super Agro”. Según el juez, ese negocio podía venderles los 300 kilos de nitrato de amonio que sirven de base al amonal. Dónde se cargó la camioneta con amonal y TNT nunca pudo determinarse.

Osvaldo Armoza (Foto: Amia).

El viernes 15 de julio, a las 18:02, la Trafic ya cargada, entró en la cochera Jet Parking, en Azcuénaga 959, a unas cuatro cuadras de la AMIA. Veinte minutos después, desde una antena cercana, el celular de Rabbani llamó a la mezquita At-Tahuid de Floresta: 26 segundos bastaron para avisar que la camioneta estaba en posición, sin novedad. Luego hubo dos llamadas desde un locutorio de Floresta a Foz de Iguazú. Rafecas cree que los responsables dejaron pasar el fin de semana para actuar el lunes por la mañana, cuando el edificio estaría lleno.

El lunes 18 de julio, a las 7:41, Salman hizo su última llamada desde Aeroparque, con alta probabilidad camino a Puerto Iguazú, y la línea de Marqués no volvió a usarse. Entre las 9:45 y las 9:50, un conductor suicida que nunca fue identificado retiró la camioneta de Jet Parking con la oblea de libre entrada y salida, recorrió cuatro cuadras y se detuvo frente a Pasteur 633. A las 9:53 detonó los 300 o 400 kilos de explosivo. Murieron 85 personas y más de 150 resultaron heridas.

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