En el nuevo ciclo audiovisual “Extraoficial” de Quorum, el fiscal federal Carlos Rívolo repasó las investigaciones más resonantes de su carrera, habló de las presiones del poder, recordó la Marcha del Silencio y mostró una faceta poco conocida: su pasión por la aviación y el orgullo por los caminos elegidos por sus hijos.
Rodeado de imponentes aeronaves y desde el interior de una de ellas, el fiscal federal Carlos Rívolo abrió una de las entrevistas más personales de su trayectoria pública. Lo hizo en “Extraoficial”, el nuevo ciclo audiovisual del universo Quorum conducido por la periodista Lucía Salinas, donde dejó por un momento los expedientes de Comodoro Py para hablar de su historia, sus pasiones y las experiencias que marcaron su vida profesional.
La escenografía no fue casual. Antes de comenzar la charla, Rívolo confesó sentirse “tensionadamente cómodo” observando los flaps de las alas de los aviones. Su fascinación por la aviación nació a partir de una de las investigaciones más complejas que tuvo a su cargo: la tragedia de LAPA, ocurrida en 1999, cuando una aeronave no logró despegar del Aeroparque Jorge Newbery y provocó la muerte de 65 personas.
Aunque cuestionó la demora judicial -la sentencia llegó una década después- destacó que aquel expediente dejó una transformación profunda. “Cambió el sistema aerocomercial argentino”, sostuvo.
La tragedia también dejó una marca personal. Rívolo reveló que cada vez que aborda un vuelo repite un ritual familiar: antes de apagar su teléfono celular envía un mensaje a sus seres queridos con una frase que resume una historia de dolor y memoria. “Vamos 3142”, escribe, en referencia a las últimas palabras transmitidas desde la torre de control al vuelo siniestrado.
Treinta años investigando al poder
Hijo de un periodista del diario La Prensa y de una traductora, Rívolo contó que llegó al Derecho casi por rebeldía. Antes había atravesado el servicio militar en la Prefectura Naval durante el conflicto de Malvinas, una experiencia que también dejó huellas en su formación personal.
Con más de tres décadas dentro del sistema judicial, repasó algunos de los casos más resonantes de la historia reciente argentina. Desde las investigaciones vinculadas a Amira Yoma y Monzer Al Kassar durante los años noventa hasta las causas de corrupción que involucraron a funcionarios de los más altos niveles del poder político.
Entre ellas sobresale la causa Ciccone, que culminó con la condena del entonces vicepresidente Amado Boudou, un hecho sin precedentes institucionales en la Argentina.
Sobre aquella investigación, Rívolo recordó una enseñanza que lo acompaña hasta hoy: “Lo que te marca es que no hay que perder tiempo. Lo más rápido que puedo hago las pruebas, te las muestro y vení a defenderte”.
También evocó el impacto político que generó el expediente y el rol desempeñado por el entonces procurador general Esteban Righi, quien decidió presentar su renuncia en medio de las presiones que enfrentaba el Ministerio Público.
“Nunca dudé que era un crimen político”
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llegó cuando la producción le acercó un “expediente extraoficial” con imágenes de la histórica Marcha del Silencio del 18 de febrero de 2015, realizada un mes después de la muerte del fiscal Alberto Nisman.
La reacción de Rívolo fue inmediata: “Nunca dudé desde el momento que me sonó el teléfono y me dijeron: ‘Está muerto Alberto Nisman’. Acá hay un tema de un crimen político”.
El fiscal recordó aquella movilización bajo una lluvia torrencial hacia Plaza de Mayo y la definió como uno de los acontecimientos más impactantes que vivió.
Según rememoró, cerca de 400.000 personas participaron de una convocatoria que no tuvo estructuras partidarias ni organizaciones detrás.
“Fue la gente”, resumió.
Para Rívolo, aquella multitudinaria manifestación envió además un mensaje contundente sobre la defensa de las instituciones y la independencia de quienes investigan al poder.
El “Negro” Rívolo fuera de Comodoro Py
Lejos de los tribunales, el fiscal mostró una faceta mucho más relajada. Explicó que la música y el deporte son herramientas fundamentales para equilibrar la intensidad de su trabajo cotidiano.
El rugby, en particular, le dejó una enseñanza que luego trasladó a los tribunales. “Hay momentos en los cuales se pierde y están los abogados defensores que son buenísimos y te ganan, y está todo bien”, señaló.
Con el mismo orgullo con el que habla de sus investigaciones, Rívolo se refirió a sus hijos y a las decisiones que tomaron para construir sus propios caminos.
Beltrán se dedica al dibujo y al estudio del idioma japonés. Morena encontró su vocación en el mundo del circo, donde realiza acrobacias y suspensión capilar. Otra de sus hijas logró convertirse en piloto comercial.
Sobre ella recordó una advertencia que le hizo antes de comenzar su formación aeronáutica. “La aviación no es Disney”, le dijo.
Una frase que sintetiza buena parte de la personalidad de Rívolo: pasión, disciplina y responsabilidad. Los mismos valores que, según dejó entrever durante toda la entrevista, guiaron su recorrido desde aquel joven que llegó al Derecho por rebeldía hasta convertirse en uno de los fiscales más reconocidos de la Argentina.
