Hugo Alconada Mon: “Todos los gobiernos, desde Menem en adelante, pidieron mi cabeza”

El reconocido periodista Hugo Alconada Mon habló con Quorum sobre el mejor consejo que le dieron en el periodismo, la Justicia, los servicios de inteligencia, la corrupción y las amenazas que sufrió. Pero también contó sobre sus hijos, su madre -nominada al Premio Nobel de la Paz- y el costo personal que implica investigar al poder.

Hay periodistas que investigan el poder. Hugo Alconada Mon lleva años demostrando que, en la Argentina, investigar el poder muchas veces implica convertirse también en parte de la historia. Sus revelaciones sobre corrupción, espionaje, los Panamá Papers, el caso Ciccone, $LIBRA y, más recientemente, el Plan de Inteligencia Nacional, alimentaron investigaciones judiciales, incomodaron a gobiernos de distinto signo político y lo expusieron a amenazas, hackeos y campañas de hostigamiento. Pero el costo de ese trabajo no quedó sólo en él. 

También alcanzó a su entorno más cercano: desde el seguimiento a su familia hasta la incertidumbre que rodeó el pliego de una de sus cuñadas, cuya designación judicial continúa sin oficializarse por parte del Gobierno nacional. Quizás por eso, el momento más revelador de esta entrevista con Quorum no llega cuando habla de la SIDE, de la corrupción o de la Justicia, sino hacia el final, cuando confiesa que siempre intentó mantener a sus hijos, a sus padres y a los suyos lo más lejos posible de las consecuencias de su oficio. 

¿Cómo te da el tiempo para hacer todo?

Diciendo mucho que no, mucho que no. Entonces, me privo de muchas actividades que me gustaría hacer, pero no me dan los tiempos.

Hay muchas crónicas periodísticas que cuentan que el presidente Javier Milei pidió que te echen de La Nación. ¿Es así? ¿Qué gobierno pidió más tu “cabeza”?

No tengo un ranking. Lo que sí te puedo decir es que todos los gobiernos, desde Carlos Menem en adelante, pidieron mi cabeza. Durante el kirchnerismo me dejaron claro que estaban siguiendo mis movimientos, que estaban siguiendo a mi mujer y a mis hijos menores de edad. Durante el macrismo también, y con el gobierno de Milei llegaron incluso intentos de hackeo del teléfono, y de la cuenta de X.

¿Te anotaron en páginas también, no?

Sí, sí. Mis amigos lo tomaban en broma, porque parte de la técnica que usan es que te van inscribiendo y registrando en distintas páginas de internet, por ejemplo, de trading financiero, y yo no tengo nada que ver. Y lo mismo hicieron con páginas pornográficas. Mis amigos, en broma, decían: “Ahora que te inscribieron en la página pornográfica, dame la clave”. Y ahí fue cuando me asusté e hice la denuncia penal, que ahora está bajo investigación, porque si después hay alguien que, en una de esas páginas, con mi nombre, sube un video de un pedófilo y yo tengo que dar explicaciones sobre una página que no conozco, con una cuenta que no administro. Ahí dije: “Hago la denuncia”, y ahora lo está investigando la Justicia Federal.

Eso fue porque habías revelado un papel muy importante dentro de la SIDE. Vos, todos los años, hablás de los servicios de inteligencia y me llamó la atención que una vez dijiste que el mejor consejo que te dieron fue mantenerte lejos de la SIDE. ¿Sigue siendo el mejor consejo?

Sí. Y, lamentablemente, es un consejo que cada tanto termino incumpliendo. Lito Vega, secretario de redacción de La Nación, me dijo una vez: “Nene, mantenete alejado de la SIDE como si fuera la peste”. Fue uno de los mejores consejos que recibí en el periodismo. El problema es que muchas veces uno no llega buscando historias de inteligencia: se las termina encontrando. Estoy hablando con una fuente sobre energía, economía o cualquier otro tema y, de repente, aparece un dato que obliga a seguir investigando. Así nacieron varios de los casos más importantes que hice. Mi trabajo consiste, en buena medida, en reunirme todos los días con distintas fuentes y preguntar simplemente: “¿En qué andás?”. Muchas veces, las mejores historias empiezan ahí.

Con el caso Topos (el último libro publicado por el periodista) también es la inteligencia, pero de Rusia. ¿Te sentiste más cómodo investigando otro país o, al contrario?

Sí, es mucho más fácil porque, por un lado, es una historia que parece de película. Y es una historia de potencias y de espionaje internacional. Lo nuestro es de berreta, es de cuarta, es lodo, y es que el espía que intenta espiar quién es la amante de quién.

¿A qué le tenés más miedo? ¿A los espías, a la SIDE, a la policía, narcotraficantes…?

He estado sentado con narcotraficantes, policías corruptos y empresarios que lavaban dinero. Y, curiosamente, siempre fueron respetuosos conmigo porque desde el primer minuto saben por qué estoy ahí. Les digo exactamente qué información tengo y qué estoy investigando. Ellos también ponen sus condiciones: no revelar su identidad ni publicar datos que permitan identificarlos. Si esas reglas no me sirven, me levanto y me voy. Suena extraño decir que uno tomó una cerveza con un narco o con un policía corrupto.

Pero tenés que entrar a su territorio…

Es que si voy a buscar información sobre el narcotráfico, ¿qué, lo voy a ir a buscar a un convento de clausura? Soy un estúpido. Tenía que ir a donde está la información. ¿Y quién sabe? Por ejemplo, yo cuando me junto con ese narcotraficante, yo no vengo a buscar información sobre vos. Lo que quiero es que me cuentes cómo funcionan los arreglos con la policía. Entonces, la persona se junta conmigo y dice: “Regla número uno, no me quemes, no digas quién soy, no digas nada que me exponga a mí y que aunque no digas mi nombre, sepan quién soy”. Cuando publico, publico acatando, respetando esas reglas que fueron hechas de común acuerdo. Si yo no estoy de acuerdo con esas reglas, yo me tengo que levantar y me tengo que ir. Y lo mismo cuando me junto con los policías corruptos. Cuando les digo: “Yo sé que vos estás en la joda sobre esto, esto, esto, pero yo no vengo por vos. Yo lo que necesito saber es quién está dentro de la joda, dentro del Ministerio de Seguridad”. Entonces, estás todo el tiempo negociando, sí, en zonas de grises, pero son las zonas grises que te permiten avanzar.

Hablamos mucho hoy en día de la casta política, incluso se habla de la casta de los medios, pero no se habla mucho de la casta judicial. ¿Por qué crees qué pasa eso?

Es más sexy hablar de determinados nichos de corrupción que de otros. Y la sociedad está más acostumbrada a que hablemos de determinados nichos y no de otros. ¿Por qué? Porque son más fáciles de explicar, porque hay un bueno y un malo. A ver, vamos a otro ejemplo. Yo he estado en el caso Adorni y en el caso Libra. El caso Adorni es fácil de explicar y la gente, cuando vos publicás, se interesa. El caso Libra no termina de entrar porque, por lo menos, es poco sexy, es complejo. Ya para cuando explicaste qué es una criptomoneda, la mitad de las personas que te estaban leyendo te abandonaron. Entonces, es más difícil.

¿Seguís creyendo que la corrupción en Argentina es estructural?

Sí, porque el sistema está montado para la corrupción y la impunidad. El sistema está montado para que las redes no atrapen a los peces y, a su vez, para que los peces que son muy estúpidos como para que los agarren, o porque cometieran un error o porque tienen mala suerte, puedan escaparse, que puedan seguir nadando.

Hoy estamos en medio de internas, de envío de pliegos, un nuevo Ministro de Justicia. ¿Qué estás observando de la actualidad del ministerio?

Ahí lo que estás viendo es una verdadera negociación, donde Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia y Santiago Viola como viceministro hoy son la principal carta de negociación que tiene Javier Milei con las provincias. Un Presidente que te dice: “No hay plata”, que, a su vez, está cortando para sostener el superávit fiscal con el ministro de Economía, Luis Caputo, no está girando fondos a las provincias, que está pisando cuentas públicas. “Yo dinero no tengo, lo que te puedo ofrecer son cargos de jueces. ¿Te interesan”. “Por un lado, me podés reprochar que no te doy dinero, pero, ¿cuántos presidentes te ofrecen nombrar al juez que vos quieras?”. Entonces, hoy Juan Bautista Mahiques tiene esa carta fuerte desde el Gobierno nacional.

Tu compañero de La Nación Jorge Liotti en una de sus columnas puso: “Jueces sí, plata no”…

Es la parte natural, hay muchos que se horrorizan ante el concepto de la rosca. La rosca, bien entendida, es decir: “A ver, ¿qué podemos hacer que, sin ser algo ilícito, pueda darnos un beneficio, el beneficio de la nación y el beneficio de la provincia?”. Entonces, me parece bien que, por ejemplo, un diputado o un gobernador, para impulsar un proyecto de ley que le interesa al Gobierno nacional, diga: “Okey, pero yo necesito fondos para, por ejemplo, financiar la Universidad Nacional que está en mi provincia. Que, a su vez, con esos fondos de la Universidad Nacional, yo tengo 15.000 pibes que van a ir a la universidad. ¿Está mal eso? Te negocio: vos querés mis votos en el Congreso, dame el dinero para la Universidad Nacional, que va a tener a 15.000 pibes metidos ahí adentro”.

Hugo, para cerrar, vos investigas, escribís para La Nación, escribís para El País (España), escribís libros. ¿Y tu familia? ¿Alguno sigue tus pasos del periodismo? ¿Leen tus notas?

La decisión que tomé hace muchos, muchos años era: “Yo no hablo de mi trabajo en casa, salvo que me pregunten”. Porque lo que no tenía ganas era de ser el marciano que vuelve a su casa y sigue hablando de los mismos temas. ¿A qué voy a hablar de esos temas con mis hijos cuando eran chicos? Entonces, nunca les he recomendado de tal nota que escribí. Si la van a leer, la van a leer porque la encontraron o porque la quisieron leer, porque les interesó el tema. Si no, no. Entonces, claro, eso me ha llevado a que hoy mis hijos (ya son mayores de edad) y sigo sin hablar de los temas, salvo que ellos me pregunten. Entonces: “Papá, tal tema” y se los explico. Breve. Si me preguntan, lo explico y mando. Si no, no, ya está. Intento ser un papá como cualquier papá de cualquier familia. Hablamos de los intereses propios de una familia. Los sueños y deseos de los chicos, fútbol y eso.

A mí hay un detalle también de tu familia que me encanta y es tu mamá.

Que nunca hablé sobre ella mientras ella estaba activa, para protegerla.

Contanos, ¿quién es Ana Mon?

Ana Mon es una mujer que, desde el año 1985, junto con otras mujeres y hombres, pero ella lideraba ese equipo, empezó a cuidar chicos de la calle. Empezaron en un garaje prestado y terminaron cuidando a 75.000 chicos en tres continentes, y acumularon algo así como 12 candidaturas al Premio Nobel de la Paz. La Madre Teresa de Calcuta le escribía a mi mamá, hay cartas manuscritas de la Madre Teresa en casa. Pero yo siempre traté de protegerla porque lo que no quería era que, por mi trabajo, ella sufriera represalias o que la institución de ella sufriera represalias y, en definitiva, que los chicos esos que cuidaban terminaran sufriendo las consecuencias, porque me ha pasado que, por mi laburo, mis hijos, mi mujer, mis padres, mi suegro, mi cuñada y mi concuñado sufrieron consecuencias.

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