Ricardo Gil Lavedra habló con Lucía Salinas en el ciclo «Extraoficial» de Quorum. El ex juez repasó los momentos más trascendentes del histórico juicio, cuestionó la integración incompleta de la Corte Suprema, defendió la independencia judicial y reivindicó el papel del Estado y la educación pública como motores de igualdad.
Ricardo Gil Lavedra abrió las puertas de su historia personal, política y judicial en una entrevista con la periodista Lucía Salinas para “Extraoficial”, el ciclo de entrevistas de Quorum. Desde los pasillos del Palacio del Congreso -al que definió como “la casa del pueblo” y el ámbito donde debe prevalecer el diálogo-, el reconocido abogado y exjuez recorrió los principales hitos de su trayectoria y dejó definiciones sobre la democracia, el Juicio a las Juntas, la Corte Suprema, la independencia judicial, el Estado y la educación pública.
El peso de la historia y el Juicio a las Juntas
Al remontarse a sus años de formación, Gil Lavedra recordó que se graduó como abogado en una Argentina atravesada por las dictaduras y los regímenes corporativos. Aunque provenía de una familia con tradición militar -su padre pertenecía a las Fuerzas Armadas y él mismo cursó en un liceo militar-, aseguró que fue al asumir como juez de la Cámara Federal, con el regreso de la democracia, cuando se le «corrió el velo» frente a la magnitud del plan criminal sistemático llevado adelante por el Estado.
Consultado por Salinas sobre el histórico Juicio a las Juntas Militares, del que integró el tribunal, recordó la enorme tensión de la primera audiencia en un proceso sin antecedentes en el país y con el único precedente internacional de los juicios de Núremberg.
El impacto de los testimonios de los sobrevivientes fue, según relató, profundamente conmovedor.
Hubo testimonios terribles… durante mucho tiempo seguí soñando con alguno de estos testimonios.
El ex magistrado recordó que los jueces también vivieron ese proceso con una fuerte carga emocional.
Como jueces también sentimos indignación y lloramos frente a los relatos.
Para Gil Lavedra, el juicio tuvo un protagonista excluyente.
Sin Alfonsín no hay nada, sin Alfonsín no hay juicio a las Juntas.
A su criterio, el entonces presidente asumió el enorme riesgo de impulsar el proceso para fundar la nueva democracia sobre el respeto a la ley y el rechazo a la impunidad.
Respecto de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, reconoció que con el paso del tiempo comprendió que respondieron a una “necesidad política del momento”, dadas las enormes dificultades que enfrentaba el gobierno radical. Muy distinta fue, según recordó, su reacción frente a los indultos dispuestos por Carlos Menem.
Cuando indultó al juicio de los comandantes yo quedé de cama.
La Corte Suprema y la independencia judicial
Al analizar la actualidad institucional, Gil Lavedra advirtió sobre una “profunda desconfianza de la gente en el funcionamiento de la justicia”. Según explicó, esa situación responde tanto a los reiterados intentos de los poderes políticos de avanzar sobre el Poder Judicial como a la necesidad de que la propia Justicia fortalezca su legitimidad a través de sus conductas.
También se refirió a la integración de la Corte Suprema y consideró imprescindible que el máximo tribunal vuelva a funcionar con todos sus integrantes.
Además, cuestionó las recientes postulaciones que excluyen a mujeres del tribunal.
No hay tribunal superior en el mundo occidental que no tenga mujeres… la última propuesta que hizo el gobierno ahora de integrarla con dos hombres me parece que era una regresión institucional enorme.
Durante la entrevista también criticó los ataques discursivos dirigidos contra la Justicia desde distintos sectores políticos y advirtió que el desconocimiento o la descalificación de las decisiones judiciales termina debilitando la confianza ciudadana en las instituciones, especialmente cuando esos cuestionamientos provienen de quienes ejercen funciones de gobierno.
El Estado, la educación pública y un mensaje para el futuro
En otro tramo de la conversación, Gil Lavedra tomó distancia de los discursos que cuestionan el rol del Estado.
Nosotros no nacemos libres e iguales, nosotros nacemos en contextos de desigualdad.
A partir de esa premisa, sostuvo que quienes nacen en condiciones de pobreza estructural no cuentan con las mismas oportunidades que el resto de la sociedad.
Por eso defendió el papel de las instituciones públicas como herramientas para equilibrar esas diferencias.
El único igualador de oportunidades es el Estado, por eso es importantísimo que el Estado pueda garantizar el acceso a la educación en primer lugar… no es cierto esto de que el Estado es el enemigo, por supuesto que el Estado no puede ser el enemigo de la educación jamás, por eso he marchado y seguiré marchando por la UBA y por la educación.
También dejó una reflexión sobre el tono que domina el debate público.
La política requiere debate, pero el agravio no es discusión, es un insulto… el insulto no es un argumento.
El expediente extraoficial
Como es tradición en el ciclo Extraoficial, la entrevista concluyó con la entrega del “expediente extraoficial”. En esta oportunidad, la sorpresa fue una antigua fotografía de su nieta mayor, Antígona.
Al ser consultado sobre el país que imagina para ella y para las nuevas generaciones, Gil Lavedra expresó su deseo de una Argentina que no abandone los ideales de la juventud y que pueda construir una sociedad “inclusiva”, donde se garantice la libertad, pero, sobre todo, se asegure la igualdad.
