La destitución de un Juez Federal en Argentina

Por Dres. Ariel Gelblung y Darío Pendzik*

Uno de los legados más importantes de Simon Wiesenthal para nuestra organización es la convicción de que nuestra tarea no puede limitarse a investigar el pasado. Nos exige ser una institución activa, comprometida con el presente y decidida a actuar para evitar que los movimientos de odio vuelvan a encontrar espacios desde los cuales avanzar y llegar al poder.

Con esa premisa y bajo esa guía trabajamos incansablemente para contribuir a la construcción de sociedades más diversas, justas y libres de discriminación.

Esta semana, en Argentina, pudimos ver una de las expresiones más concretas de ese trabajo. Y, por supuesto, nos reafirma que estamos transitando el camino correcto.

El entonces juez federal Alfredo López fue destituido de su cargo luego de un juicio político, procedimiento constitucional para remover a un magistrado, iniciado a raíz de la difusión de contenido antisemita a través de sus redes sociales.

El juez federal de Mar del Plata, Alfredo López, fue destituido por mal desempeño.

Desde su cuenta, identificada como @JuezLopezMDP, el magistrado había difundido expresiones como: “¿A quién son leales los judíos que residen en nuestra patria?”

“El juez López @JuezLopezMDP es la voz de los que no tienen voz. Por tal motivo es el objetivo de la judiada, interna y externa. Debemos unirnos como pueblo en esta cruzada patriótica y poder así reconquistar el mando de nuestra nación, ya sin injerencia extranjera”.

“Otro J victimizando, ya se les gastó de tanto usar, lo siento”.

“En una Patria Católica, los que representan los intereses de un estado extranjero, no tienen derecho a interpelar a un Juez de la Nación”.

“Sí, raza de víboras”.

Hoy podemos afirmar que en Argentina ser un juez antisemita no es gratuito. Pero esta resolución no sucedió de la nada. Es también el resultado de años de desarrollo para dotar a las instituciones del país de herramientas capaces de identificar, comprender y combatir el antisemitismo.

Desde la Oficina Latinoamericana del Centro Simon Wiesenthal trabajamos incesantemente para que la mayor cantidad posible de organismos estatales y privados de la región adopte la Definición de Antisemitismo de la IHRA.

No lo hacemos solamente porque se trata de un estándar objetivo adoptado por numerosos Estados miembros de una organización internacional, sino porque constituye una herramienta particularmente clara para reconocer las distintas manifestaciones del antisemitismo contemporáneo.

La idea siempre fue clara: definir para combatir.

No es una tarea académica o teórica.

El objetivo era generar impacto concreto y lograr que las autoridades, incluidos los actores del sistema judicial, contaran con una herramienta que les permitiera identificar y abordar el antisemitismo allí donde se manifestara.

Desde su masiva adopción en Argentina, ya hemos visto decenas de procesos en los que la definición ha sido utilizada. El caso del juez López adquiere ahora una dimensión particularmente significativa, porque demuestra que estas herramientas pueden contribuir a que las instituciones hagan responsable de sus actos a quien creyó poder utilizar la autoridad de su cargo como plataforma para difundir odio.

Para llegar hasta aquí, sin embargo, no bastaba con promover la adopción de la definición. El Centro Wiesenthal desarrolló capacitaciones, participó en seminarios y se movilizó para explicar sus alcances y su aplicación práctica.

En ese marco, nuestro director para América Latina, Ariel Gelblung, escribió “Antisemitismo, Definir para Combatir”, una obra que hoy es utilizada como fuente doctrinaria en la materia y manual de fácil consulta para quien nada sabe del tema.

Ese trabajo también tuvo una expresión directa en el proceso contra el juez López. El Dr. Gelblung intervino en dos oportunidades como testigo experto. Una durante la investigación previa y la segunda ante el Jurado de Enjuiciamiento, explicando las implicancias de las expresiones del magistrado y el peligro que representan para una sociedad democrática.

También explicó las normas y estándares internacionales que permiten identificar el discurso de odio.

En ambas ocasiones, con el objeto de no coartar el derecho de defensa en juicio, el Dr. Gelblung tuvo que contestar y exponer las manifestaciones antisemitas de la defensa, que utilizaba en algunos casos argumentos más graves que el acusado.

La destitución de López no es, entonces, un punto de llegada, sino una muestra concreta de lo que puede lograrse cuando durante años se trabaja para transformar principios en herramientas y herramientas en acción institucional.

El fallo es una pieza fundamental para el futuro. Deja claro también que la libertad de expresión no puede servir de excusa para diseminar discurso de odio. Una nación que tiene una ley contra la discriminación, marca una línea que un funcionario que representa al poder judicial no puede traspasar.

Este episodio es un capítulo más de una lucha que continúa, pero también una demostración de que esta batalla puede y debe ser dada; de que las instituciones democráticas pueden responder frente al odio; y de que el esfuerzo sostenido para crear mejores condiciones legales, capacitar actores y generar consensos puede finalmente traducirse en decisiones concretas.

Este es el camino que nos legó Wiesenthal y el que con honor y responsabilidad recorremos día a día.

*Director y Director Asistente del Centro Wiesenthal para América Latina.

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