Mariano Borinsky: “Hay que tener pasión para trabajar en Tribunales y creo tenerla”

Se trata del hombre que en el lapso de dos años logró presentar en el Congreso el primer proyecto de reforma del Código Penal de los últimos 100 años.  Autoxigente, verborrágico e incansable, el juez y presidente de la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal habló con Quórum de su vida junto a la Justicia, su pasión por el deporte y hasta dejó consejos para estudiantes de abogacía.

Mariano Borinsky nos recibió en su departamento del barrio de Belgrano desde donde se puede ver la cancha de River, el club de sus amores. El living, todo vidriado, regala imágenes a cada paso. Hay un pequeño escritorio en donde trabaja, quizás fue allí donde nacieron muchos de los artículos que hoy engrosan el nuevo Código Penal que espera su aprobación en el Congreso. O quizás donde corrige los trabajos de los alumnos a los que enseña derecho. Quizás, esos fallos que resuenan tanto en Tribunales como en los medios hayan sido firmados ahí mismo, en su departamento con vista al Monumental.

Si hay algo que queda claro a poco de conocer a Borinsky es que es un hombre entregado a su trabajo. Apenas llegamos nos muestra su biblioteca y se detiene orgulloso en los sitios en donde están los libros que él escribió. Pero en ese mismo living hay elementos que alejan al juez carismático y verborrágico del mundo legal y académico: una suerte de bicicleta fija se destaca entre sus muebles, también hay medallas y su pasión por los deportes comienza a dejarse ver.

Mariano Borinsky es un enamorado de su familia y es también un gran anfitrión, ofrece café y, aunque dijo preferir el capuccino, elige un cortado largo antes de entregarse a la charla.

¿Cómo fueron tus inicios? ¿En qué momento supiste que ibas a estudiar derecho?

Estudié en el colegio Carlos Pellegrini que tenía orientación en ciencias económicas. De hecho hice el primer año de derecho y de ciencias económicas. Mi papá era abogado, pero falleció cuando yo tenía 18 años en una situación muy fea y triste así que empecé a estudiar abogacía sin tener un referente. Mi mamá es profesional y mis hermanos estudiaban pero nadie tenía algo que ver con el derecho. 

Entré a Tribunales como meritorio, limpiando el piso, literalmente y con mucho honor. Primero trabajé en un juzgado en lo Contencioso Administrativo Federal, después en una fiscalía de Instrucción, hasta que llegué a San Martín por un lugar como ordenanza. No conocía a nadie, tenía el pelo largo, usaba arito, y logré entrar a la Cámara en lo Penal Económico de pinche. Me corté el pelo y seguí estudiando. Me empezó a gustar el derecho penal, comencé a hacer seminarios y pasé por todos los cargos dentro de la Justicia. También trabajé en la Defensoría Pública. 

Cuando estaba en la Cámara en lo Penal Económico participé y gané un concurso interno. Así fue que me nombraron Prosecretario y más tarde Secretario de Cámara. Luego fui Director General de la Unidad Fiscal de Investigación de Delitos Tributarios y Contrabando de la Procuración General de la Nación. Después hubo un concurso para Fiscal General para dos cargos que lo gané. Esteban Righi era el Procurador y Néstor Kirchner el presidente. Así fui designado como Fiscal General ante los Tribunales Orales en lo Penal Económico. 

Tuve causas importantes, seguí trabajando y concursando. Concursé 17 veces y quedé entre los cuatro seleccionados de 200 que se presentaron para el cargo de Juez de la Cámara Federal de Casación Penal. Sin conocer a nadie, de hecho no conocí a Néstor Kirchner ni a Cristina Fernández de Kirchner, me nombraron Juez de Cámara. Fui el juez más joven y el primer juez judío de la historia de la Cámara de Casación penal. Ahora estoy cumpliendo diez años en este cargo y hace tres años el presidente Mauricio Macri -a quien tampoco conocía- me nombró por decreto Presidente de la Comisión de Reforma del Código Penal. Hacía 100 años que no se modificaba así que trabajé dos años y ahí está el nuevo Código terminado. 

¿Qué fue lo que te atrapó del derecho penal? 

Primero el sentido de lo público, en todo lo que conté sobre mi carrera jamás estuve vinculado con la actividad privada. Yo creo que cuando uno está en la actividad privada es por un interés particular y un interés económico. A mí no me llama la atención ninguna de las dos cosas. Me interesa lo público, ya sea con el nuevo Código o como juez. Y dentro de lo público el derecho penal ocupa un espacio más que importante, es una de las partes más fuertes del derecho público. Y acá la vinculación con la Justicia, la cuestión de que el derecho penal toca los derechos más importantes de las personas: la vida, los femicidios, la violencia de género, el derecho de propiedad, los funcionarios y la hacienda pública; entre otros. Son todos bienes e intereses fundamentales de la sociedad y me parece que es la mejor ocasión tratar de protegerlos a través de mi función en la Magistratura, como Presidente de la Comisión de Reforma del Código Penal y antes cuando era fiscal.

¿Te parece que existe cierto abolicionismo del derecho penal?

No, me parece que esa es una teoría un poco antigua. El pragmatismo de estos días no pasa por la discusión del abolicionismo, la mano dura o el garantismo. Me parece que esa discusión es demodé, porque hoy ningún juez te puede decir que no es garantista porque por definición garantismo es cumplir con las garantías de la Constitución. Un juez que diga que es mano dura y que no es garantista no puede ser juez. 

La discusión pasa por otro lado: por el cumplimiento efectivo de la ley penal. Hay un abismo entre lo que la sociedad espera de la Justicia y lo que la Justicia le da, entre lo que dice una sentencia y lo que sucede después, una sentencia que dice 10 años pero vos lo ves caminando por la calle. Ese abismo lo que demuestra es lo importante que es el cumplimiento efectivo de la ley penal. 

LA MANO DURA PIDE 200 AÑOS PERO YO NO: YO QUIERO QUE SI UNA SENTENCIA DICE 10 AÑOS QUE SEAN 10, Y SI DICE 20 QUE SEAN 20. ESO VA A ACHICAR LA DISCRECIONALIDAD JUDICIAL, QUE SOLO SE REDUCE SI HAY PAUTAS CLARAS.

Así, con pautas claras y con el cumplimiento de la ley penal te acercas a la sociedad. Que es uno de los puntos más débiles que tenemos desde la Justicia y desde la ley penal.

¿Y por qué existe esta brecha tan amplia entre sociedad y Justicia?

Empecemos por los códigos: los tenemos que actualizar. Código Penal y Código Procesal Penal que es el que da dinamismo, agilidad, oralidad y acortamiento de plazos, todos mecanismos para aplicar la ley penal de forma eficiente. Recién con esto actualizado podemos hablar de los actores: necesitamos una Ley de Ministerio Público, un Jefe de los Fiscales que no tenemos hace varios años. Son todas cosas que están faltando. También falta presupuesto, porque en este sistema acusatorio en donde es el fiscal quien acusa, quien lleva la prueba, también se necesita un presupuesto acorde que no está. Después voy a hablar de lo edilicio y la cuestión informática, a la que nos estamos aggiornando como consecuencia del Covid. Y quizás lo que voy a decir pueda sonar a excusa, pero forma parte de las debilidad del sistema y es que hay un 20% de vacantes. De cada 1000 jueces federales tenés 200 vacantes. ¿Por qué? Jubilaciones, concursos que se demoran, jueces que se van. Entonces un mismo juez muchas veces tiene que estar en dos lugares a la vez: cubriendo su puesto y también subrogando el vacante, y eso hace que no tenga el mismo grado de eficiencia. Ahora, si logramos todo esto, ahí sí miremos a quienes aplican mal la ley o que funcionan mal. El Tribunal que integro está con normas ISO, que es una autoexigencia que yo mismo puse. O sea, si el plazo suele ser de 6 meses, por ISO se reduce a 20 días, porque los plazos son una de las grandes críticas de la sociedad.

Hablemos de la Ley Penal Juvenil. Más allá de bajar las edades, ¿no están faltando políticas educativas o mayor presencia del Estado?

Te diría que eso es lo más importante. La ley actual es de 1980, de la época de la Dictadura. En la nueva ley la baja en la edad es solo un artículo y hay muchos otros en los que se habla de una política en donde el norte es el interés superior del niño. En 1980 no existían las convenciones internacionales que protegían los derechos del niño. 

Este proyecto -que fue en paralelo al del Código Penal- establece toda una política por la cual el objetivo es ver como una persona que cometió un delito pueda volver a insertarse en la sociedad. Establece una serie de mecanismos que por supuesto tienen su presupuesto y que van desde la asistencia social, la psicológica y la deportiva. 

Algunas pautas vinculadas con la prisión preventiva: un menor desde que es detenido no puede juntarse con un mayor, hay una persona tutelar que está a cargo de ese menor y se pone en contacto inmediato con un familiar. El caso de bajar la edad a 15 años es solamente para los delitos graves, ni siquiera se baja para todos los delitos y a cualquier edad. Y es algo que va acompañado con lo que ocurre en todo el continente y se relaciona con un nivel de madurez que no sólo pasa por el derecho penal, tiene que ver con el derecho civil, con ejercer el derecho electoral, el poder manejar un auto, un montón de cosas que demuestran mayor madurez. Por eso en estos delitos, los más graves de verdad -secuestros extorsivos, delitos de violación, homicidios- es que se baja a 15 años la edad de imputabilidad, pero ello va acompañado de un conjunto de medidas que tiene que ver con lo educativo, con lo social, cosas que nunca existieron y por eso el proyecto que trabajó la Comisión me parece tan interesante.

Es muy triste pensar solamente en bajar la edad, tenemos que educarlos para que ese porcentaje de jóvenes que cometen delitos no siga creciendo.

Yo tengo acá el proyecto y la cantidad de disposiciones por el tema de la edad es solamente un aspecto y yo creo que acá juega un papel muy importante la cuestión de la comunicación. Se informó sobre la baja a 15 años y si ves el proyecto tiene un montón de artículos que hablan sobre el sistema de responsabilidad, de principios, del interés superior del adolescente, de la justicia especializada, del derecho a conocer la imputación, de la celeridad con la que hay que actuar cuando hay un menor. En este punto te das cuenta que también acá cumple un papel muy importante la comunicación, porque otra de las falencias de la Justicia tiene que ver con la falta de una adecuada publicidad de las sentencias. Son muy pocos los jueces que hablan o dan una entrevista.

Muchas veces uno prende la televisión para escuchar malas noticias, o noticias desfasadas.

Sí, y es cierto que muchas veces los medios van a lo amarillo que es lo que más se consume y creo que la única manera de mejorar eso es generarle la información al medio. Si a los medios le llega el fallo y son 20 hojas y tiene que comunicarlo en 10 minutos y bueno, hacen lo que pueden para dar la noticia. Bastante oficio y experiencia tienen los periodistas que se ocupan de la parte judicial. Si se le facilitara la tarea sería algo positivo. Con el tema del nuevo proyecto del Código Penal, lo estuve presentando en 20 provincias. Creo que debemos mejorar la impronta comunicativa si pretendemos acercarnos a la sociedad.

¿Cuán arduo fue consensuar los puntos para poder llegar al Código Penal?

Fue una experiencia muy interesante y te diría que desde mi función de casi 27 años en el Poder Judicial y en el Ministerio Público, una cosa es la tarea de juez o fiscal, porque hay una ley, analizás el caso y tenés que ver cómo aplicar esa ley. En cambio, en la función legislativa es totalmente distinto: hay que construir esa ley, que tiene que abarcar un universo de casos y si es muy chiquita no te sirve porque van a quedar muchos afuera, si es muy grande tampoco porque resulta muy abstracta. Hay que consensuar que no sea ni muy conversadora ni muy progresista y que sea aceptada socialmente. Hicimos una convocatoria muy amplia, con una gran intervención, con una plataforma digital a la que llegaron casi dos mil propuestas, viajando casi por todas las provincias, porque un Código Penal en definitiva tiene que ser el espejo de los intereses fundamentales y generales comunes de todo el país, pero también los particulares de cada lugar. 

La cuestión del aborto, no tenía la misma consideración en todas las provincias, por ejemplo, en Salta lo veían de una forma y en Buenos Aires, de otra forma, igual con los delitos ambientales y así hay que tomar los intereses de todos porque son los que van a levantar la mano en el Congreso. Las comisiones anteriores eran chicas, esta era una comisión de trece personas, en las comisiones anteriores no había mujeres, en esta sí, hay tres, y había personas de todo el país, era federal. 

Aunque se facilitó porque estaban todas las voces, cada debate llevaba seis horas, entonces yo que le había dicho a los integrantes de la comisión que íbamos a tener una reunión una vez cada quince días, después fue una vez por semana y finalmente todos los días, enero inclusive. Ya me había comprometido a entregar el trabajo en dos años. Casi 900 leyes especiales -porque el sistema penal estaba  todo disperso- fueron condensadas en esos 540 artículos del nuevo Código Penal.

¿Sentís que de algún modo hubo algún tipo de resistencia política a que salga este nuevo Código Penal?

No, el presidente es profesor de derecho penal así que conoce muy bien todos estos temas, pero entiendo que no está en la agenda, que hay otros temas, tal vez por la pandemia, por la cuestión económica. Y cuando hay temas puntuales, sea por femicidios o delitos vinculados a la inseguridad se tratan en leyes puntuales coyunturales, pero el objetivo del Código es sistematizar todo, porque si tenés distintas leyes y distintas penas después queda todo muy anacrónico. 

PASARON 100 AÑOS DESDE EL ÚLTIMO CÓDIGO, CON INTERVENCIÓN DE 17 COMISIONES, LA QUE ME TOCÓ PRESIDIR FUE LA NÚMERO 18 Y ES LA PRIMERA QUE LLEGÓ AL CONGRESO, POR ESO FUE PROYECTO, LOS ANTERIORES FUERON ANTEPROYECTOS.

Me reuní con la ministra de Justicia, Marcela Losardo, y con la ministra de Seguridad, Sabina Frederic en febrero del año pasado. También me reuní con el ministro de Justicia bonaerense, Julio Alak. Después vino la pandemia así que me parece que no es que haya una oposición, sino que el tema hoy no está en agenda. No obstante, cabe destacar que el Proyecto de Reforma del nuevo Código Penal trae soluciones innovadoras y superadoras a los problemas que estamos viviendo. Si se entendiera eso, se le daría la importancia que tiene.

¿Y a nivel personal como fue pasar de la función judicial a la función legislativa?

De 8 de la mañana a 16.30 estaba en Comodoro Py con mi función de juez, luego, a las 5 de la tarde comenzaban las reuniones de la comisión de reforma, que a veces se hacían en el Ministerio de Justicia, otras la Comisión se constituía en alguna provincia. Fue en paralelo y fue buenísimo porque interactué con un montón de colegas de otras provincias, con otras visiones y me permitió tener una mirada del derecho mucho más global. La verdad es que fue muy interesante, y agotador, todavía me pasan facturas mis hijos, la más chiquita me dice que hace tres años que no leo un cuento y que le leía el Código Penal cuando se iba a dormir (risas).

¿Y cómo te sentís la responsabilidad de que si esto se aprueba va a ser con lo que nos vamos a regir por los próximos 100 años? No es poco…

Es uno de los desafíos más importantes y transcendentes. Son las cosas que a mí más me gusta hacer. Si me decís qué cosas me gustan y disfruto te digo que cosas como esta, me encantan. Es como decís vos, que el día de mañana sea el Código que perdure y que le sirva a la sociedad es un desafío enorme.

¿Qué pensás sobre el caso de Úrsula?

Dos miradas. Una sancionadora: el Código Penal es la ley que tiene que ver con estos casos y tiene que ser inflexible. Y después la preventiva: ¿cómo ser inflexible? Primero con penas durísimas, con impedimento de obtención de libertades anticipadas para estos casos, con seguimiento socio judicial posterior a la condena, como sucede en Alemania. 

Este nuevo Código toma conceptos de países del primer mundo. He viajado a Washington, a Beijing, a La Haya para ver algunos aspectos puntuales en delitos de violación y qué hacer con la persona cuando sale del servicio penitenciario. Cómo el Estado hace para que la víctima -que ahora ocupa un lugar mucho más importante en el Código Penal- no tenga miedo de que su victimario se le pueda acercar. Hay que ser inflexible. Es más, los casos de violencia de género en el nuevo Código prevén que el juez deberá aplicar el tercio superior en delitos bajos y prisión perpetua en casos como el femicidio, y se habla de 35 años de prisión efectiva de punta a punta. 

Y tiene que haber una mirada preventiva, la violencia de género debe ser una política de Estado, que hoy en Código Penal no lo es. Si vos salís del femicidio que es lo más grave que te puede pasar tenés otros casos que pueden pasar dentro de la violencia de género: violencia física, verbal, económica, montón de casos sobre los que el Código Penal de hoy no dice nada. Recién se incorpora el femicidio a raíz del caso de Wanda Taddei, y yo fui el juez que me tocó intervenir en la condena a Vázquez a prisión perpetua. 

Como docente, ¿cómo ves la educación actual hoy?

Yo siempre seguí estudiando, desde que me recibí nunca dejé de ir a la facultad. Concursé como profesor adjunto, me especialicé, hice un doctorado en Derecho, y ahora estoy haciendo el post doctorado. Además estoy escribiendo sobre los delitos contra la administración pública por parte de funcionarios públicos, en una tesis que sería postdoctoral.

Con respecto a la educación actual, el año pasado producto de la pandemia todo fue por zoom y salió bastante bien. Pero la verdad es que no es lo mismo dar clases por zoom: a mí me gusta la docencia, me gusta explicar y lo hago por absoluta vocación, me gusta comunicar, que la gente aprenda, dar entrevistas. Doy en varias universidades en la UBA, en la Di Tella, me adapto a la clase virtual. Tuvo sus cosas buenas, pero es más enriquecedor y pedagógico dar clases presenciales.

¿Cómo ves a los alumnos de hoy, sentís que tienen más compromiso con la carrera respecto de lo que era antes?

Yo estoy muy pendiente y creo cada vez tengo porcentajes menores de alumnos muy buenos, aparte a mí me gusta visualizarlos bien porque el día de mañana entran a trabajar a Tribunales o vienen como ayudantes a la Cátedra, son el futuro semillero. A los buenos alumnos -que yo los detecto rápido-, los identificas por las preguntas que hacen. Puede ser que haya una pendiente decreciente en la educación.

Contame sobre tu último libro.

Sí, acá está: se llama “Sistema acusatorio. Lineamientos del Código Procesal Penal Federal”. Este libro es hijo del Covid que lo escribimos con una colega salteña, porque en Salta y en Jujuy se empezó a aplicar el Código Procesal Penal Federal. Son las dos primeras provincias, se está aplicando provincialmente en un plan gradual. Empezamos a escribirlo en febrero del año pasado y terminamos en octubre del año pasado. O sea que la pandemia también tuvo su costado positivo. En esos tiempos que a uno se le generan por estar no tanto en Comodoro Py y más en casa, fuimos trabajando en este libro porque creo que es importante comunicar, porque el Código Procesal es una gran novedad. El libro salió ayer pero estamos viendo de qué modo lo vamos a presentar, si lo hacemos por zoom o de modo presencial.

Fuera de tu costado profesional, ¿qué cosas te divierten y qué cosas te aburren?

Me divierte mucho ir con mi hijo a la cancha, somos de River y me encanta ir todos los domingos. La verdad que extraño poder ir. Somos todos del club Hacoaj, me gusta jugar al tenis con mis amigos. Me gusta también acompañar a mis hijos con sus evoluciones, y aunque ahora tampoco se puede, me gusta ir a esquiar en invierno. Como doy clases en la Universidad Austral de repente doy una clase en Ushuaia, me voy dos o tres días y me llevo a alguno de los chicos. También hacer alguna escapadita con mi mujer, aunque ahora producto del Covid no hacemos ninguna escapadita a ningún lado. Pero sí, me gustan los deportes, estar con los chicos, ir al club. Cosas simples, nada sofisticado. En vacaciones leo cosas que no son de derecho (novelas, biografías), por la noche veo alguna serie de Netflix con mi mujer.

Y entre las cosas que me aburren, la verdad es que yo soy muy intenso, que el tribunal, que el Código, que el libro, que lo escribo a la noche, y de repente digo “qué insoportable que soy”, y no me aguanto ni a mí mismo. Entonces es ahí cuando necesito cortar y hacer otra cosa, pero de aburrirme o no gustarme no sé… Me preocupan pocas cosas del orden de lo material, sí que mis hijos estén bien, salud para todos/as, que las sentencias estén bien, que el servicio de justicia funcione, que el Código Penal se apruebe y no perder al tenis, me preocupan pocas cosas (risas).

¿A qué le tenés miedo?

Soy tan del día a día que no pienso tanto. Tuve dos o tres épocas de terapia, cuando falleció mi papá y a veces que soy muy intenso con el trabajo, iba como para encontrar un cable a tierra. Pero miedo no, no lo siento. No estoy pensando en más allá. A ver, lo más importante es que mis chicos estén bien, que tengan salud, que sean felices y que no se angustien. Te diría que eso es lo más importante, la familia. 

¿Contame cómo es la historia de la medalla?

Desde chico siempre hice mucho deporte, me gusta el fútbol, el tenis, el paddle. El club me nombró representante para participar en las macabeadas -juegos macabeos-, y después fui representante de Argentina en las macabeadas mundiales. Es una experiencia espectacular porque estás junto con 50 países y conocés e intercambias y está lo deportivo y hacés todo un desfile como si fuera una olimpiada. Es una cosa  impresionante: estuve en Berlín, en México, en Jerusalén, en Tel Aviv, en Israel. Son eventos increíbles, y además me traje una medalla de cada una.

Pero pará… ¿las medallas las compraste?

-Risas- No, eso jamás, el orgullo y la dignidad van primero. Gané la medalla de oro en doble de tenis, fue en México en la última macabeada a la que fui, en Tel Aviv gané medalla de Bronce en dobles caballeros y en Berlín saqué medalla de plata en dobles caballero y en doble mixto. Todas las competencias de tenis en las macabeas fui representando a Argentina. También he estado en maratones, he estado en las maratones de 42 kilómetros de Chicago y de Ámsterdam, ésta última fue increíble porque en realidad me habían invitado al Tribunal Internacional de La Haya, pero yo vi que había una maratón así que cumplí, hice las dos visitas que tenía programadas y después corrí la maratón de 42 kilómetros.

Entreno bastante, todo el deporte de entrenamiento lo arranco bien temprano, lo hago tipo 7 de la mañana, porque después con todo el día laboral se me complica más. Y cuando hay alguna competencia suelo trabajar en la feria para después poder tomarme los días de la competencia y así compensar.

¿Qué mensaje le podes dejar a estos estudiantes de derecho para que no se aburran, le metan más garra y crean más en la Justicia?

Primero la perseverancia. Yo no sé si a veces no tienen el nivel de compromiso o esfuerzo que hace falta. Yo estoy acá, escribí todos esos libros, soy Juez de la Cámara de Casación y empecé sacando fotocopias cociendo expedientes. O sea, el esfuerzo, la perseverancia y la dedicación: son muchísimas horas de estudio, de trabajar, de compromiso, esas características, que tal vez por falta de necesidad no las tienen y eso solo para empezar. Una vez que está esa base de esfuerzo creo que la cosa va a mejorar mucho. Es muy fácil decir no creo en la justicia pero ¿qué estás haciendo para cambiarla? ¿Cuál es tu compromiso? Empezá por la facultad, por ir a la clase y si te mandan a hacer un trabajo práctico para la clase que viene, hacelo. 

ES NECESARIO CAMBIAR LA LÓGICA DEL ESFUERZO, DE LA CONSTANCIA Y DE LA PERSEVERANCIA. YO TENGO AHORA 50 EMPLEADOS Y NO HAY NADA QUE YO LES PIDA QUE YO NO PUEDA HACER. 

Yo voy a la mesa de entradas, atiendo al abogado, y cuando le digo a un empleado lo que tiene que hacer algo es porque yo ya lo hice. La única forma de que vos le puedas transmitir algo a alguien tiene que ver con algún ejemplo o algo que vos hiciste, bueno, lo mismo tiene que hacer el empleado. De todas maneras a mí me gusta la función judicial, me gusta el trabajo. Hay que tener cierta pasión para trabajar en Tribunales, y creo tenerla.

Texto: José Medrano

PH: Lucas Kirby

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