Con la participación de jueces, fiscales, defensores y académicos, se presentó la obra colectiva dirigida por Mariano Borinsky y coordinada por Mariana Catalano y Natacha Annovelli, que analiza artículo por artículo el nuevo sistema acusatorio. La actividad estuvo marcada por el debate sobre su implementación y la necesidad de dotar de recursos a la Justicia para garantizar su éxito.
En el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires se llevó a cabo este viernes la presentación oficial del Código Procesal Penal Federal (CPPF) comentado, anotado y concordado, una obra colectiva dirigida por el juez de la Cámara Federal de Casación Penal Mariano Borinsky y coordinada por las juezas Mariana Catalano y Natacha Annovelli, publicada por Editorial Astrea.
El libro, dividido en dos tomos, reúne el aporte de 50 juristas de todo el país y analiza artículo por artículo el nuevo CPPF, con comentarios, anotaciones y concordancias con la normativa anterior y otras disposiciones relacionadas.
El acto reunió a jueces, fiscales, defensores, autoridades académicas y abogados. Todos celebraron la presentación de un libro que pretende ser material de consulta permanente para quienes comenzarán a implementar este nuevo sistema.
El panel de presentación estuvo integrado por Borinsky, Catalano, el ministro de Justicia de la Nación Mariano Cúneo Libarona, el juez y consejero de la Magistratura Diego Barroetaveña y el secretario General de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación Julio Piumato y el decano de la Facultad de Derecho Leandro Vergara.
El moderador del evento fue el periodista Alejandro Fantino, quien trató no sólo de desacartonar la presentación sino también de hacer preguntas sobre la obra, el sistema acusatorio y la factibilidad de su implementación. Su impronta sirvió no sólo para darle agilidad al panel sino también para dejar evidencia algunos intercambios de opiniones sobre la forma en la que el Gobierno nacional decidió llevar adelante el cambio de modelo.
Vergara destacó: “En otros países, los libros se escriben como resultado del estudio profundo de las disciplinas. En la Facultad de Derecho -y en esta, especialmente- tenemos una tradición singular: no sé cuánto escriben ni cuánto estudian nuestros profesores, porque todos trabajan; la mayoría ejerce como abogados o jueces. Y, sin embargo, producimos una doctrina extraordinaria. Es una característica argentina que rara vez se repite en el resto del mundo. Por eso, una vez más, me siento muy orgulloso”.
Por su parte, Cúneo Libarona sostuvo: “Vamos a tratar de cambiar la justicia, reconciliar a la sociedad que critica tan injustamente a la justicia y darle a jueces y fiscales una herramienta mucho mejor”.
Y añadió: “Hay que aprovechar la decisión y la confianza que me dispensa el presidente Javier Milei para dotar de las mejores herramientas a jueces, fiscales y defensores. Tenemos una magnífica Defensora pública y queremos dar un mejor servicio de justicia”.
Borinsky, en tanto, empezó por los reconocimientos: “Primero quiero agradecer. Alguna vez alguien me dijo que me junte con gente más inteligente que yo; que me rodee de personas obsesivas, que hagan las cosas con pasión, porque, en definitiva, sin un poco de locura no hay grandeza. Y eso es exactamente lo que hice. Quiero agradecer muy especialmente a cada uno de los coautores y escritores que trabajaron en esta obra colectiva, que nos permite tener hoy este hermoso libro entre las manos”.
Y agregó: “También quiero hacer un reconocimiento muy especial a las dos coordinadoras: Mariana Catalano y Natacha Annovelli. Lo que se ve en la superficie es un libro; debajo, hay sacrificio, esfuerzo, mensajes a las dos de la mañana o a las seis, coordinación constante. Empezamos este proyecto hace nueve meses y hoy lo vemos concluido. Justo lo recordábamos con Julio Piumatto, a quien agradezco profundamente por convocarme y proponerme este desafío. Julio es mucho más que un líder sindical: es un defensor incansable de los derechos laborales de los trabajadores. Por último -y no menos importante-, quiero agradecer a la editorial”.
Además, el magistrado señaló: “Entender que un código como este -400 artículos, cada uno comentado uno por uno- es un trabajo colectivo que, si bien tuvo libertad de estilo, mantuvo un hilo conductor claro: concebir al sistema de administración de justicia como un servicio a la sociedad. Y este nuevo código le da a la sociedad lo que la sociedad demanda: igualdad ante la ley, eficacia, plazos mucho más abreviados, transparencia, jueces que hablen con lenguaje claro y sencillo, y técnicas especiales de investigación para delitos de gran escala”.
A lo que añadió: “No se trata de inclinar siempre la balanza hacia un lado, sino de lograr equilibrio, y eso sólo se consigue con instrumentos adecuados y con un protagonista central: el fiscal. No es algo nuevo, pero sí gana un protagonismo que el modelo reconoce. El fiscal necesita todos los recursos -tecnológicos, humanos, de apoyo- para llevar adelante su tarea. Y el juez, en su rol de juez de garantías, debe controlar y decidir de manera oportuna, ágil y prudente. Esa justicia eficaz, eficiente e igualitaria es la que la sociedad espera de nosotros. Y debemos demostrar que una ley y un código son, en definitiva, un espejo de los valores de esa sociedad. Si esos valores son los que la sociedad quiere ver reflejados, entonces habremos cumplido con nuestro cometido”.
Después de relatar como surgió la obra y el proceso de elaboración colectivo, Piumato afirmó: “Como bien dijo el ministro, un código procesal es, ante todo, una herramienta. Y desde nuestra organización sindical entendemos la importancia de participar en su desarrollo, porque todos los que trabajamos en la Justicia -ya seamos empleados o magistrados- estamos absolutamente involucrados en el producto que entregamos. Lo que siempre decimos es que la oficina judicial es la más eficiente de todos los poderes del Estado, por el caudal de trabajo que resuelve cada persona por día”.
Y añadió: “La Justicia ha funcionado, a veces, incluso a pesar de códigos o reformas, porque no todo depende de las herramientas: hay que saber manejarlas y contar con los medios adecuados. En esto hemos tenido cruces con el ministro, no por oponernos a la implementación, sino porque faltan recursos y no se está poniendo en marcha como debería. Queremos que los cambios sean para mejor, y por eso insistimos en que se doten de los medios necesarios. La Justicia sigue siendo la ‘cenicienta’ de los poderes del Estado. Ninguna dependencia del Legislativo o del Ejecutivo presenta las carencias que encontramos en el Poder Judicial de la Nación y en los ministerios públicos”.
“Hoy celebramos este trabajo y este libro, pero ya pensamos en profundizar la capacitación, en que la obra llegue a todos, en prepararnos internamente. Porque otra de las características del Poder Judicial es la fuerte vocación de capacitación de sus agentes. Nuestro rol es advertir y reclamar para que las reformas necesarias no fracasen.
Nos faltan jueces, nos faltan fiscales, y no sólo en cantidad: no hay una planificación estratégica que defina cuántos tribunales, fiscalías y defensorías necesita el país para que este código funcione de verdad. Esa planificación es parte de un mismo objetivo: lograr una mejor justicia. Con este trabajo demostramos nuestro compromiso con el funcionamiento del sistema. No ponemos trabas por poner; queremos que las cosas salgan bien. Y creemos que esta obra será un instrumento fundamental para que la justicia funcione mejor. Pero, además de una nueva herramienta procesal, necesitamos resolver las demás cuestiones estructurales”, concluyó.
A su término, Catalano manifestó: “Quiero agradecer a todos los que se acercaron hoy. Un viernes por la tarde, la presencia vale doble. Veo muchos colegas, amigos, personas valiosas; gente de mi jurisdicción y también quienes la miran críticamente. Germán Garavano, vos fuiste el ‘padre de la criatura’ en su momento y tuviste fe cuando éramos los únicos; durante cuatro años nos acompañaste siempre. El sistema acusatorio llegó para quedarse. Nosotros fuimos la ‘zona cero’ del sistema acusatorio hace seis años y hoy ya son seis las jurisdicciones que lo aplican. El sistema mixto, en el que el juez investigaba en un procedimiento escrito, burocratizado y formal, con plazos que se contaban en años, ya no va más. El acusatorio mide en días, no en años. Es un sistema de una humanidad enorme: nos vemos todos en las audiencias, cara a cara”.
Y amplió: “Como decía el ministro, en el sistema mixto vivíamos muy felices y cómodos detrás del estrado, apoyados en la valiosa labor de las secretarías penales, pero sin escuchar a las partes de primera mano. Ahora escuchamos directamente a abogados y defensores, los justiciables conocen al juez, ya no hay intermediarios. Y eso exige que todos, además de dominar el sistema, las técnicas, las estrategias y las habilidades de litigación, sepamos realmente de derecho. Es también un ámbito de espontaneidad que genera un dinamismo enriquecedor para todos”.
Barroetaveña eligió no responder si le gustaba el nuevo Código y fiel a su estilo señaló: “Quiero hacer una comparación. Ahora mismo nos estamos arreglando con un micrófono que va pasando de mano en mano. La Facultad tiene muchísimos años y, sin embargo, la cosa está saliendo bastante bien. Eso se parece mucho a lo que está ocurriendo con la implementación del sistema acusatorio: no todo es perfecto, pero funciona. Soy un optimista racional, lo digo en sentido constructivo. Siempre existe lo ideal y lo posible. Si buscáramos el sistema acusatorio ideal, tendríamos que modificarlo todo, viajar a Mendoza y ver cómo funciona allí en el ámbito provincial, donde cuentan con edificios especialmente diseñados para este modelo y con todos los recursos necesarios. Porque, al final, el éxito del sistema acusatorio no es un logro de jueces, fiscales o defensores, sino de la gente”.
“En ese sentido -amplió- creo que estamos bien, aunque podríamos estar mejor. Se está invirtiendo. Lo digo también como consejero de la Magistratura: el Ministerio de Justicia está aportando fondos, aunque a veces el Consejo debe adelantar dinero. No hablaremos ahora de deudas, pero es así. Lo cierto es que ya se construyeron 40 salas de audiencia equipadas con tecnología en distintas jurisdicciones. En Comodoro Py, más allá de que el inicio se postergó hasta el 10 de noviembre, ya hay numerosas salas prácticamente terminadas. El Consejo de la Magistratura también está trabajando intensamente. Es cierto que tenemos un déficit de jueces y juezas en todo el país; en algunas jurisdicciones, falta cubrir más del 50% de los cargos”.
Y concluyó: “Respecto a si el sistema acusatorio tiene vuelta atrás, creo que no es la pregunta correcta. La cuestión es si seguirá avanzando en las pocas jurisdicciones que faltan, y mi respuesta es sí. Volver atrás sería retroceder al juicio de las brujas o a la Inquisición. Eso sí: si no está bien ordenado y bien instrumentado, podría ser un fracaso. El mejor sistema necesita a los mejores jueces y fiscales, y nosotros tenemos muy buenos profesionales, tanto en el ámbito público como privado. Además, hay una buena noticia: Argentina es hoy el país número uno en transparencia judicial en la región”.
La charla sobre las bondades del sistema acusatorio que impone el nuevo CPPF continuaron y Cúneo Libarona aprovechó para contestarle a Piumato: “Más allá de si nos gusta o no -y está claro que es mejor-, lo fundamental es que hay una ley que cumplir. Algunos jueces me han dicho: ‘Volví a creer en la justicia’. Y eso es importante, pero la cuestión no es de gusto: hay una ley que establece que este es el nuevo Código Procesal y hay que aplicarlo en su totalidad. Tengamos o no los recursos, con ganas, compromiso y trabajo se puede. Porque este es un país muy diverso, con realidades distintas en cada jurisdicción, y todo depende, en última instancia, de la decisión, el esfuerzo, la voluntad y el compromiso de quienes lo llevamos adelante”.
