Crimen organizado y cárcel: muro de datos y hormigón inteligente

La arquitectura Penitenciaria suma diseño industrializado y gestión digital nativa para fortalecer el control operativo, reducir riesgos y elevar la capacidad de supervisión en complejos carcelarios.

Por Gabriel Iezzi

El crimen organizado ha convertido a las prisiones en centros de comando; mientras el Estado sigue apostando a muros y cerrojos, en el mundo, la seguridad penitenciaria se redefine con celdas digitales, gemelos virtuales, construcción industrializada y trazabilidad total. Nuestro país enfrenta una decisión histórica; seguir administrando estructuras ciegas o construir cárceles que el delito no pueda cooptar.

En Argentina, durante décadas, se discutió la seguridad pública como si la cárcel fuera un territorio ajeno, un espacio que sólo entra en agenda por hechos disruptivos generalmente violentos, como un motín, la fuga de uno o más internos o bien, a través de un video clandestino donde se podía apreciar de manera brutal, la miseria estructural del sistema. Sin embargo, promediando la segunda década de este siglo XXI, investigadores y especialistas en la materia, han detectado que el corazón de las estructuras criminales continúa latiendo a resguardo y cubierto en el ámbito interno de los establecimientos Carcelarios.

Investigaciones judiciales han demostrado en el pasado reciente que, desde la invisibilidad de la celda, se ordenaron homicidios, se administraron mercados ilegales, se extorsionaron a comerciantes, se ejerció la gobernanza criminal de barrios enteros y se articularon redes que perforaron las fronteras físicas de países que, de manera involuntaria terminan siendo parte de la empresa criminal. La cárcel dejó de ser un lugar donde el delito se interrumpe, convirtiéndose en el ámbito donde se reorganiza y, mientras eso ocurre, la mayoría de los Estados de la región responden con herramientas analógicas a amenazas digitales, con improvisación arquitectónica a organizaciones que planifican cada movimiento, con vigilancia visual a estructuras que operan en red. El resultado es un sistema penitenciario que no controla, no anticipa y, en muchos casos, ni siquiera comprende lo que sucede en lo profundo de sus entrañas, detrás de los muros que, se suponen controlados.

La imagen clásica de la cárcel -muros altos, solidas rejas, cerrojos de alta densidad, torres de vigilancia- ya no explica ni representa el concepto de seguridad Penitenciaria, no para este tipo de organizaciones que ha modificado las reglas del juego; el delito mutó, las organizaciones criminales se adaptaron, la circulación del poder dentro y fuera de los establecimientos penitenciarios cambió, y la violencia dejó de ser únicamente un fenómeno visible para convertirse en una trama de vínculos, favores, amenazas, micro conductas y flujos de información que el factor humano por sí solo, no puede registrar y mucho menos, en tiempo real. Persistir en una lógica estática frente a amenazas dinámicas equivale a correr siempre desde atrás al fenómeno. La seguridad penitenciaria ya no se define por el espesor del muro, sino por la capacidad del Estado en leer lo que ocurre dentro, de anticipar conflictos, de detectar anomalías, de obturar coordinaciones y de impedir que la cárcel se mantenga en el rol (producto de la resiliencia delictiva), de centro de operaciones del ambiente criminal.

En este punto, aparece un concepto que incomoda, porque obliga a repensar todo lo conocido en seguridad física, a moverse de la zona de confort y reinterpretar la seguridad penitenciaria a partir del paradigma de la celda digital. No hablamos de un espacio físico dotado únicamente de pantallas, ni de un capricho futurista; nos referimos, valga la redundancia, a un cambio de paradigma, toda vez que resulta ser la traducción operativa de la seguridad dinámica al lenguaje de la información, del diseño inteligente y de la gestión predictiva.

La celda digital es un ecosistema donde arquitectura, tecnología, trazabilidad e inteligencia operativa trabajan juntos para reducir la incertidumbre y ampliar la capacidad de prevención; si el riesgo ya no se expresa sólo en la violencia visible, sino también en vínculos, coordinaciones, cambios de conducta, circulación de objetos y continuidad delictiva extramuros, entonces la respuesta no puede seguir limitada a la vigilancia panóptica y analógica cimentada sobre la confianza en la fortaleza del muro. Hace falta un sistema capaz de ver lo que hoy, tanto para el sistema como sus operadores resulta imposible hacerlo, al menos con la anticipación necesaria para evitar que un acontecimiento con potencialidad lesiva se materialice en la práctica. La respuesta necesaria ya no se encuentra solo en el cemento y el acero, sino en la convergencia entre la construcción industrializada y de ensamble en ámbito controlado (– DfMA – Design for Manufacture and Assembly) y la creación de Gemelos Digitales (Digital Twins) del establecimiento penitenciario a construir.

Los datos al Servicio de la Custodia

La realidad nos coloca frente a una verdad incómoda, pues la arquitectura penitenciaria en nuestro país no solo es mayormente obsoleta, sino también inadecuada en cuanto a los potenciales aportes que pueda generar en materia de seguridad pública y no por falta de metros cuadrados, sino por falta de criterio. Durante décadas la discusión estuvo centrada (aun lo está) en conseguir más plazas de alojamiento de internos, entendiendo al problema como una cuestión cuantitativa, con una confusión emergente en torno a la calidad de estos alojamientos que, únicamente consideran aspectos relacionados al confort habitacional del privado de la libertad.

No está mal que estos factores hayan sido contemplados, pero, resulta evidente que el interrogante a despejar no es cuántas cárceles construir, sino cómo construirlas, sobre todo para alojar internos miembros de organizaciones criminales, cuyo encarcelamiento a la luz de la evidencia plantea la hipótesis de que la cárcel tradicional no logra neutralizar la continuidad de su actividad delictiva .

Ante esta hipótesis , emerge una metodología que está transformando el ámbito de la construcción penitenciaria, la DfMA (Design for Manufacture and Assembly), el diseño para fabricación y ensamblaje que permite fabricar módulos en entornos controlados, con precisión industrial, para luego ensamblarlos en el sitio escogido, reduciendo drásticamente los márgenes críticos (menos errores , menos improvisación) aportando índices más elevados de seguridad.

Hablar de la construcción y ensamble de módulos prearmados, es un tema que suena técnico, pero cuando se trata de una cárcel, se transforma en una cuestión política. Una cárcel mal diseñada obliga a compensar su funcionamiento con más personal, más fricción, más riesgo y más costo operativo. Un establecimiento Penitenciario pensada en la lógica DfMA, integra desde su origen visibilidad, control de accesos, robustez estructural, instalaciones seguras y menos oportunidades de manipulación física del entorno, constituyendo estas características, la diferencia entre un edificio que trabaja para la seguridad y otro que se opone a consolidarla.

Aun con todo lo expuesto, podemos afirmar que este cambio paradigmático no termina en el hormigón. La verdadera transformación ocurre cuando esa arquitectura industrializada se conecta con un cerebro que coordina y anticipa acciones; el Twin Digital (gemelo digital), una réplica virtual y dinámica del establecimiento carcelario, alimentada por sensores en tiempo real, donde cada panel, cada cerradura, cada movimiento y cada actividad humana tiene su contraparte exacta en un ecosistema de datos. Es el panóptico del siglo XXI y no porque vigile más, sino porque vigila mejor, convirtiendo la cárcel en un organismo vivo que detecta, anticipa, registra y aprende.

El Gemelo Digital permite la transición controlada de la seguridad reactiva a la seguridad predictiva; detecta anomalías de movimiento, identifica aglomeraciones inusuales, simula contingencias, audita aperturas de puertas, registra cada acción en una bitácora digital inalterable mediante sistema blockchain, eliminando cualquier vestigio de discrecionalidad operativa. Esta característica aumenta de manera considerable, los niveles de disuasión para la corrupción intramuros. En Singapur, el reconocimiento facial efectúa listados de presencia cada 15 minutos sin intervención humana y sin que los internos se enteren. En Five Wells (Reino Unido), la precisión del DfMA garantiza que los sensores funcionen sin interferencias; en ambos casos, el resultado es el mismo, menos oportunidades de corrupción, menos violencia, menos zonas grises donde el delito encuentre ventanas de oportunidad para reproducirse.

Así es un calabozo en Five Wells, la prisión de Reino Unido.

Experiencia global

El mundo ya inició este camino. Las prisiones de nueva generación en Reino Unido, Singapur, Corea del Sur, Japón, Noruega y Estados Unidos están demostrando que la tecnología no es un accesorio, sino la columna vertebral de la seguridad penitenciaria contemporánea.

En el Reino Unido la prisión de HMP Five Wells, en Northamptonshire, se ha convertido en un caso emblemático. Allí, el Ministerio de Justicia británico combinó conceptos de prisión inteligente – (Smart prison), DfMA y construcción fuera de obra (off site) para crear un establecimiento donde el 80% del diseño fue estandarizado y sólo el 20% quedó como desarrollo específico. Se fabricaron 15.183 paneles y más de 60.000 subcomponentes en fábricas, con instalaciones modulares y eléctricas (M&E) integradas en los paneles, desde origen. El resultado fue un edificio más seguro, más previsible y más fácil de mantener; sin embargo, lo más interesante no fue la obra sino el impacto en la convivencia. Pasillos más cortos, menos personas por sector, ventanas sin barrotes con sistemas para evitar drones, tablets intramuros con resguardos tecnológicos, scanners corporales y un diseño espacial que favorece la interacción positiva entre personal e internos.

Vista aérea de la cárcel británica HMP Five Wells, en Northamptonshire.

El modelo se replicó. HMP Millsike, construido con más de 16.500 componentes prefabricados en nueve fábricas, completó su estructura en 46 semanas y logró 200.000 horas de funcionamiento sin incidentes reportables. La estandarización dejó de ser sinónimo de rigidez para convertirse en garantía de control, robustez y predictibilidad. El sector constructor británico ya habla de “platform prison design and build”(diseño y construcción de plataforma penitenciaria) como un estándar de nueva generación. Mientras tanto, en nuestro país la discusión se centra en conceptos arquitectónicos que contemplan otros aspectos de seguridad, aunque muy lejos aun de los estándares analizados en la nota.

En Singapur, las celdas de la Changi Prison Complex están equipadas con sensores térmicos capaces de detectar movimiento en completa oscuridad, cámaras infrarrojas que leen la temperatura corporal y micrófonos direccionales que identifican patrones acústicos asociados a agresiones, autolesiones o intentos de manipulación de objetos, todo eso integrado en un Gemelo Digital que replica en tiempo real el comportamiento del edificio. El sistema puede detectar si un interno permanece inmóvil demasiado tiempo, si su respiración se altera, si su temperatura corporal cae abruptamente o si su ritmo cardíaco se acelera, efectuando el control sin contacto, sin dispositivos visibles y sin que el interno lo perciba.

Las celdas en Changi Prison Complex de Singapur están equipadas con sensores térmicos que detectan movimiento en la oscuridad y cámaras infrarrojas.

En Corea del Sur, los módulos penitenciarios de nueva generación incorporan sensores de radar de onda milimétrica integrados en los paneles de las celdas. Estos sensores pueden medir la frecuencia cardíaca y la respiración a través de la ropa, incluso a través de mantas o paredes delgadas. El sistema detecta patrones fisiológicos asociados a estrés extremo, compatible con actos preparatorios de carácter violento, consumo de sustancias o riesgo de suicidio. La información se envía al Gemelo Digital, que genera alertas automáticas cuando los parámetros se desvían de los valores estandarizados como normales, en las practicas actuariales.

En Japón, los centros de detención de última generación utilizan sensores LIDAR integrados en los marcos de las puertas y en los cielorrasos. Estos dispositivos crean un mapa tridimensional del movimiento dentro de la celda, permitiendo detectar micro gestos que pueden anticipar agresiones, tentativas de ocultar objetos o la confección de armas blancas con elementos introducidos de manera subrepticia al espacio de alojamiento. El Gemelo Digital interpreta esos datos y los cruza, en tiempo real, con el historial conductual del interno, generando un modelo predictivo que permite intervenir antes de que el conflicto estalle.

En Noruega, las prisiones de alta seguridad incorporan sensores acústicos de espectro amplio que pueden identificar patrones de vibración asociados a golpes, perforaciones o intentos de manipulación de estructuras. Estos sensores están integrados en paneles prefabricados producidos bajo estándares DfMA, lo que garantiza que cada módulo tenga la misma sensibilidad, la misma calibración y la misma capacidad de detección. El Digital Twin recibe esa información y la compara con registros históricos, permitiendo identificar intentos de fuga o sabotaje con horas e incluso días de anticipación.

En Estados Unidos, los nuevos módulos de los establecimientos penitenciarios de orden federal (BOP) incorporan sensores de CO₂, humedad y temperatura que permiten detectar si hay más personas dentro de una celda de las que debería haber, si se está quemando algo, si se manipulan sustancias o si se está intentando bloquear la ventilación para ocultar actividad. Estos sensores, integrados en paneles DfMA, se conectan a un Gemelo Digital que permite visualizar en línea, el estado de cada celda, cada pasillo y cada módulo.

En todos estos casos, la lógica es la misma, la cárcel deja de ser un espacio opaco y se convierte en un sistema transparente, donde cada movimiento, cada variación fisiológica, cada anomalía térmica, cada vibración y cada patrón acústico se registra, se interpreta y se convierte en información útil para la prevención de eventos con potencialidad disruptiva que afecten a la seguridad pública.

Mientras tanto en nuestro país, las nuevas construcciones tienden a ser más duras, más aisladas, más restrictivas, pero no más inteligentes.

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