DERECHO SIN FRONTERAS: Diego H. Edber, el juez argentino que integra el Tribunal Superior de Los Ángeles

Antes de convertirse en juez en el condado más poblado de Estados Unidos, fue el hijo de un camionero de catering que salía a trabajar de madrugada y de una madre que sostenía el hogar: un departamento humilde de Los Ángeles. Llegó desde Argentina con sólo dos años y creció entre el esfuerzo, los trabajos manuales y la convicción de que la educación podía abrir cualquier puerta. Hoy es juez penal del Tribunal Superior de Los Ángeles y uno de los pocos argentinos en ocupar un cargo de esa magnitud. En diálogo con Quorum, comparte su recorrido, las influencias que marcaron su vocación y su mirada sobre la justicia en ambos países.

¿A qué edad se fue de Argentina y cómo fue su llegada a Estados Unidos?

Me fui de Argentina cuando tenía dos años. Establecimos nuestra nueva vida en un pequeño apartamento ubicado en un barrio muy humilde en Los Ángeles, California. Por supuesto, fueron mis padres los que tuvieron que luchar por seguir adelante y criar dos hijos pequeños en un país extranjero.

¿Cómo fue su formación académica y qué lo llevó a elegir la carrera de Derecho?

Tengo entendido que en Argentina, cuando uno se gradúa de la secundaria, sigue viviendo con su familia mientras estudia en la universidad o comienza a trabajar. En Estados Unidos, es muy común que uno se gradúe de la secundaria y vaya a estudiar a la universidad lejos de sus padres según la carrera que uno quiere seguir. Cuando me gradué de la escuela secundaria, estudié los cuatro años básicos de la universidad a 90 minutos de distancia de la casa de mis padres. Después de graduarme, obtuve una beca para estudiar los tres años de abogacía de la Facultad de Derecho de la Universidad de Minnesota, ubicada en el centro del país (no muy lejos de Chicago). Elegí la carrera de Derecho porque siempre me gustó el desafío de corregir injusticias y garantizar una sociedad donde se lleve a cabo la justicia. Yo sabía que la práctica de Derecho era un campo desafiante, el cual requería que uno posea la habilidad de pensar rápido y sea bueno en persuadir a los demás. Yo sabía que me podría destacar en esas áreas. 

¿De qué manera la experiencia de su padre ha moldeado su perspectiva sobre la justicia y la equidad procesal, especialmente en casos que implican disparidades socioeconómicas?

Unos meses después de haber llegado al país, mi padre comenzó a conducir un camión de catering (servicio de comida). Salía a trabajar de casa a la una de la mañana de lunes a viernes y no regresaba hasta las cinco de la tarde. También trabajaba los sábados. No tenía vacaciones ni licencia por enfermedad. Lo vi trabajar durante años sin descanso alguno. Nos vivía diciendo a mi hermano y a mí que sin importar que carrera queríamos seguir, lo más importante era enfocarnos en nuestros estudios. Según él, un título universitario nos permitiría trabajar en lo que quisiéramos. Mi primer trabajo fue a los 12 años. Trabajé como referí de partidos de béisbol y básquet. Durante mi adolescencia tuve varios trabajos; desde trabajar recogiendo basura en eventos empresariales, hasta trabajar en supermercados. Hoy en día, como juez en lo penal, cuando los acusados entran en mi sala, sé lo que es un puesto de trabajo manual, lo que significa trabajar duro y apenas llegar a fin de mes. Me crié en un hogar con padres que me enseñaron a comprender y sentir compasión y empatía por la situación difícil de cada persona. 

¿Cómo compagina sus casi dos décadas como fiscal con la rigurosa imparcialidad que se exige al poder judicial?

Me gradué de la escuela de Derecho en el año 1998. Trabajé aproximadamente por tres años para un bufete de abogados privado, en lo civil. Luego trabajé para el Departamento de Justicia de California, para la Oficina del fiscal general (2001-2007) y después fui fiscal penal en Los Ángeles durante aproximadamente diez años. Como fiscal general adjunto, sólo me ocupaba de casos civiles (no penales). Mi tarea consistía en defender al estado de California en demandas presentadas por personas que reclamaban indemnizaciones por daños y perjuicios en ambos, los tribunales estatales y federales. Aunque fui fiscal y nunca abogado defensor penalista, la transición a juez, en términos de imparcialidad, no me resultó difícil. Como fiscal, no se trata de “ganar” el caso. La meta de la fiscalía es conseguir justicia y equidad. Como juez en lo penal, mi expectativa es que la fiscalía se desempeñe bajo exigencias rigurosas. No tengo ningún problema en desestimar cargos o casos en su totalidad si no se presentan las pruebas necesarias. Todo juez presta juramento para defender la Constitución de los Estados Unidos y la Constitución del Estado de California, y me tomo ese juramento muy en serio. Los fiscales están sujetos a los más altos estándares porque de hecho es muy importante no privar a alguien de su libertad.

Su experiencia inicial como asociado en Deloitte & Touche LLP es poco habitual para un juez penal. ¿Cómo aprovecha su experiencia en cumplimiento normativo y análisis corporativo a la hora de evaluar pruebas financieras o técnicas en casos penales?

En California, cuando un abogado se convierte en juez (por medio de una campaña electoral o nombrado por el gobernador), dicho juez no sabe cuál será su asignación. Puede ser asignado en casos civiles, penales, juveniles, sucesorios, familiares u otras áreas. No es poco común que se le asigne un área en la que nunca ha ejercido como abogado. Jueces también pueden solicitar cambios de un área de la ley a otra como pasar de lo penal a lo civil. Mi primera asignación fue en lo civil y luego me trasladaron a lo penal. Según tengo entendido, en Argentina los jueces deben pasar una prueba y son seleccionados en el área en la que ejercen. En mis estudios universitarios, yo me especialicé en economía y contabilidad y mi primer trabajo fue en una gran empresa de contabilidad y fiscalidad (como Deloitte and Touche). Esto me ha resultado útil cuando surgen casos con cuestiones de restitución penal o de casos de fraude grave. No les temo a los números y las matemáticas.

Desde dentro del sistema estadounidense, ¿cómo caracterizaría la relación entre jueces, fiscales y abogados defensores? ¿Las tensiones subyacentes son diferentes a las de América Latina?

Caracterizaría la relación entre jueces, fiscales y abogados defensores como evolutiva. Cuando empecé a ejercer como abogado era poco común que los jueces asistieran a eventos del Colegio de Abogados y tengan una afinidad con los abogados fuera del ámbito laboral. Ahora hay un esfuerzo concertado (y sólo me refiero al Tribunal Superior de Los Ángeles) para que esto se lleve a cabo. Hay un término nuevo ahora llamado “acceso a la justicia”. Queremos crear lazos entre aquellos que trabajan en los tribunales y la comunidad de abogados y estudiantes de abogacía. Una forma de hacerlo es al crear diálogo entre los jueces y los abogados y estudiantes de derecho. Al tener mejores relaciones con los abogados y la comunidad, la gente tendrá más confianza en el Poder Judicial del gobierno. La confianza es importante porque, a diferencia de otros poderes del Estado, nosotros no determinamos nuestro propio presupuesto ni contamos con la policía u otras fuerzas armadas para garantizar que se cumplan nuestras órdenes. Debemos asegurarnos de contar con la financiación adecuada y de que el público respete nuestras órdenes judiciales, al cumplir con la ley y al contar con esa confianza, para de esa manera, la comunidad tenga fe en nosotros.  

En Estados Unidos, los jueces suelen estar más expuestos a la supervisión comunitaria, a través de elecciones, audiencias públicas y el escrutinio de los medios de comunicación. ¿Cómo se construye la legitimidad judicial en ese entorno?

Los jueces federales son nombrados de por vida y sólo pueden ser removidos mediante un proceso de destitución. Desde la fundación de Estados Unidos, muy pocos magistrados han sido destituidos por este mecanismo. Los jueces de los tribunales estatales suelen tener mandatos limitados. En California, los jueces son nombrados por un período de seis años. Al término de ese período, cada juez debe presentarse a la reelección. La mayoría de los jueces nunca son impugnados, pero hay algunos que sí lo son. Recientemente, un juez cerca de San Francisco fue impugnado y perdió porque dictó una sentencia que muchos consideraron indulgente para un hombre acusado de violación. Este juez se enfrentó a un intenso escrutinio mediático tras dictar dicha sentencia. Por supuesto, solo puedo hablar por mí mismo. Los jueces (especialmente los que se dedican a lo penal) diariamente tomamos decisiones que esperamos que sean las correctas. No queremos ver sufrir a nadie, especialmente a alguien que ha comparecido ante nosotros. Cuando tomamos la decisión de poner en libertad a alguien o de denegar una solicitud de orden de alejamiento, no podemos dejarnos llevar por la idea de qué pasaría si nos equivocáramos. Tenemos que confiar en que estamos tomando la decisión legal correcta. En mi opinión, cuando empiezas a dudar de ti mismo o a preguntarte qué pasaría si algo saliera mal, es posible que uno sea menos propenso a cumplir la ley. Es inevitable que, si llevas suficiente tiempo en este trabajo, alguien resulte perjudicado por una decisión que hayas tomado o no hayas tomado. Lo único que puedo hacer es intentar cumplir la ley y esperar lo mejor. Soy muy consciente de que mis decisiones tienen consecuencias reales en la vida de las personas.

¿Cómo evalúa el sistema de jurado en términos de acceso a la justicia, imparcialidad y participación ciudadana?

En Estados Unidos, todos los casos penales de adultos y la mayoría de los casos civiles tienen el derecho a un juicio ante un jurado. Salvo algunas excepciones, si uno es ciudadano, uno tiene derecho a formar parte de un jurado. La lista de jurados se toma principalmente de la lista de votantes registrados y también de aquellos que tienen licencia de conducir. Se supone que el sistema de jurado es el gran igualador. Fomenta la participación ciudadana. En la actualidad, no existe el servicio militar obligatorio. El único servicio obligatorio es formar parte de un jurado. Sin embargo, un gran porcentaje de la población intenta evitar el servicio de jurado. Hay muchas razones para ello, las cuales incluyen, entre otras, el tiempo que se pierde del trabajo, la escuela, el hecho de que no se recibe una remuneración por el servicio y otras responsabilidades familiares.

En Argentina existe un debate en curso sobre la implementación del sistema federal acusatorio. Según su experiencia en un modelo acusatorio consolidado, ¿qué condiciones son esenciales para que funcione eficazmente?

Transparencia, transparencia y transparencia. Debe existir la transparencia en todas las facetas del sistema. Desde la forma en que se solicita a los jurados que se presenten para cumplir con su deber cívico como jurados, hasta la manera en que los abogados seleccionan a los jurados para los juicios y las razones por las que se eximen a los jurados de su servicio. Llevamos ejerciendo este sistema en los Estados Unidos desde hace aproximadamente doscientos años y puedo afirmar con seguridad que seguimos esforzándonos al máximo para que sea lo más justo posible.

¿Ha tenido oportunidades de colaborar o interactuar con instituciones jurídicas argentinas? Desde su perspectiva actual, ¿qué es lo que más le llama la atención, positiva o negativamente, del sistema judicial argentino?

En julio de este año viajé con un grupo de jueces a Buenos Aires. Tuvimos la oportunidad de reunirnos con jueces de Buenos Aires y con un grupo separado de juezas. Lo que más me llamó la atención, como alguien que tiene muy poco conocimiento sobre las instituciones jurídicas argentinas, es que todos con los que nos reunimos se mostraron abiertas al aprendizaje y al intercambio. No estoy insinuando que el grupo de jueces con el que viajé tenía todas las respuestas. No las tenemos ni las teníamos. Considero muy importante que los sistemas jurídicos aprendan unos de otros. Hay muchas ineficiencias en nuestros sistemas jurídicos en los Estados Unidos. Es importante identificarlas y estar abiertos a debatirlas para poder avanzar en su corrección. Los jueces con los que me reuní en Argentina me causaron muy buena impresión por su inteligencia, su experiencia y su cordialidad. Mis compañeros jueces y yo aprendimos mucho más de los jueces argentinos con los que nos reunimos que lo que ellos aprendieron de nosotros.  

¿Qué consejo le darías a los jóvenes estudiantes de derecho o abogados argentinos que están pensando en estudiar o ejercer en el extranjero?

Que lo hagan si tienen la oportunidad. Aprenderán mucho al hacerlo, pero lo más importante es que la gente del país donde estudien o ejerzan también aprenda mucho de ellos. Mi consejo es que aprovechen estas oportunidades. Enriquecerán su vida más allá de su carrera profesional. 

Y, por último, una pregunta más personal: ¿Qué es lo que todavía lo conecta con Argentina hoy en día? (un recuerdo, un hábito, un sabor, una canción, una palabra…)  

El fútbol, la comida y la gente. He viajado a Argentina muchas veces en los últimos años y nunca me canso de visitarla. También sigo la Selección Argentina cuando juega aquí en Estados Unidos. He viajado para ver partidos amistosos, partidos de la Copa América y espero verlos jugar en la Copa Mundial 2026.

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