¿Puede la inteligencia artificial acercarnos a nuestros derechos?

Por Janine Weidemann*

La inteligencia artificial es hoy parte de nuestra vida cotidiana. Y con su expansión crece también una discusión que atraviesa a toda la sociedad: no tanto sobre si debemos utilizarla, sino bajo qué condiciones, con qué controles y, sobre todo, para beneficio de quién.

Septiembre fue un mes particularmente intenso para este debate. Referentes de algunas de las principales empresas del sector -Anthropic, OpenAI, Google DeepMind y xAI- plantearon la necesidad de desacelerar el desarrollo de los modelos más avanzados ante la preocupación por sus riesgos. Casi simultáneamente, el 4º Foro Mundial sobre la Ética de la Inteligencia Artificial de UNESCO volvió a poner en el centro una cuestión fundamental: cómo avanzar hacia una inteligencia artificial inclusiva, centrada en las personas y al servicio del bien público.

Hoy, 25 de septiembre, Día del Acceso a Justicia, este debate nos invita a formular una pregunta quizá menos tecnológica y más humana: ¿puede la inteligencia artificial acercarnos a nuestros derechos? La respuesta requiere partir de una idea central: “acceso a justicia” no significa solamente llegar a un tribunal, sino también conocer nuestros derechos, comprenderlos, saber qué hacer para ejercerlos y encontrar una respuesta adecuada cuando la necesitamos. En ese recorrido existen barreras que podemos agrupar en tres grandes categorías: no saber, no comprender y no poder acceder.

La primera es no saber que tenemos un derecho, no reconocer que una situación involucra derechos o desconocer cómo ejercerlos. La IA ofrece aquí enormes posibilidades: permite formular preguntas en lenguaje cotidiano, ordenar información y obtener una primera orientación sin conocer previamente leyes, organismos o procedimientos. Pero acceder a información no significa necesariamente saber qué hacer con ella. Una persona puede conocer sus derechos y los servicios disponibles y, aun así, no saber cuál es la alternativa más adecuada para su situación.

Desde la Dirección General de Acceso a Justicia desarrollamos la Guía de Acceso a Justicia, que reúne y organiza por temáticas organismos y servicios. La tecnología puede multiplicar enormemente su alcance; el desafío es que contribuya también a brindar una orientación confiable, actualizada y pertinente.

La segunda barrera es no comprender. El lenguaje jurídico e institucional suele resultar complejo. La IA puede traducir, resumir, explicar y permitirnos preguntar y repreguntar. Puede incluso contribuir a invertir una lógica histórica: que no sea siempre la persona quien deba aprender el lenguaje de las instituciones, sino que las instituciones puedan acercarse al lenguaje de las personas.

Sin embargo, comprender las palabras no significa necesariamente entender la situación que atravesamos ni los mejores caminos para abordarla. Esto cobra especial relevancia en situaciones de vulnerabilidad, en las que distintas circunstancias pueden afectar nuestra capacidad para procesar información, evaluar alternativas y tomar decisiones. Y allí aparece algo que la tecnología todavía no puede reemplazar: la escucha, el acompañamiento, pensar juntos, un abrazo.

Lo vemos cotidianamente en nuestros Puntos de Acceso a Derechos (PAD), donde equipos especializados brindan orientación legal y social. Muchas veces quien consulta llega con un problema, o varios. Escuchar su historia, ayudar a ordenar lo que ocurre, identificar los derechos involucrados y articular con el servicio adecuado también forman parte del acceso a justicia.

La tercera barrera es no poder acceder. Las distancias, los horarios, las dificultades de movilidad, las tareas de cuidado, la discapacidad, la complejidad de los trámites, la escasez de servicios o la complejidad institucional, pueden convertir un derecho reconocido en un derecho difícil de ejercer. La IA puede reducir algunos de esos obstáculos y generar mayor autonomía: por ejemplo, tener disponible información las 24 horas del día.

Sin embargo, la transformación digital también puede crear nuevas barreras. La tecnología amplía el acceso cuando suma puertas; puede restringirlo cuando reemplaza todas las puertas por una sola. La IA puede ser un puente HACIA una red de cuidado; no debería convertirse en LA red de cuidado.

Existe, además, otro riesgo: que nos conduzca a una puerta que, aun siendo correcta, no sea la más adecuada. En los PAD buscamos que la orientación vaya más allá de ofrecer información: se trata de ayudar a encontrar el camino más adecuado. Como sucede con un GPS, puede haber distintos recorridos para llegar a destino, pero no todos resultan igualmente convenientes. Elegir el camino requiere comprender el punto de partida y las circunstancias de quien consulta, y, cuando es necesario, acompañar la derivación hasta lograr una vinculación efectiva con el servicio adecuado.

El desafío no consiste en elegir entre inteligencia artificial sí o no, sino en decidir para qué y hasta dónde utilizarla. Se trata de aprovecharla para acercar información, facilitar la comprensión y derribar barreras, y reconocer que hay algo que ninguna tecnología debería reemplazar: la posibilidad de contar con un equipo especializado capaz de escuchar, comprender cada situación y acompañar a la persona en el ejercicio de sus derechos.

Ese equilibrio es también el que intentamos llevar a la práctica en la gestión pública. Hace apenas dos meses, el Jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Macri, presentó BAX, una herramienta digital que busca integrar servicios e información, hasta ahora dispersos. Desde la Dirección General de Acceso a Justicia estamos trabajando para que la información necesaria para conocer y ejercer derechos también esté disponible allí de manera clara, accesible y confiable. Pero acercar derechos no es solamente acercar información. Por eso, al mismo tiempo que incorporamos nuevas herramientas digitales, queremos seguir fortaleciendo la cercanía: estar disponibles para escuchar, orientar y acompañar los tiempos y los procesos que cada persona necesita para ejercer sus derechos.

Ese es, quizás, el verdadero desafío de la innovación en Acceso a Justicia: aprovechar la tecnología para abrir más puertas, sin cerrar aquella que sigue siendo indispensable: la de encontrarnos con el otro cuando necesitamos ser escuchados, comprendidos y acompañados.

* Directora general de Acceso a Justicia del Ministerio de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires

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